CRÓNICA | Esto marcha: Osasuna 1 – 3 Real Madrid

Una crónica de: @MiedoEscenico2

Llegaba un partido raro, así, en general, para el Madrid. La inesperada derrota del Barcelona el pasado lunes (aunque, después de ver el Nou Camp tintado de blanco y conquistado por alemanes, cualquier cosa deja de ser inesperada) había dejado un margen de puntos y una tranquilidad que no era nada habitual. Ancelotti, para seguir con la misma tónica, puso un once inicial lleno de novedades, con Courtois en la portería, Lucas Vázquez, Militao, Alaba y Nacho en defensa, un centro del campo muy novedoso con Valverde, Camavinga y Ceballos, y en línea de ataque, Marco Asensio, Rodrygo y Karim Benzema. El sueño húmedo de los haters de la clásica CMK.

La primera parte empezó, como era de esperar, a todo trapo, siendo El Sadar el escenario, y el Osasuna el rival. Cada vez que un jugador de blanco cogía el balón, se le tiraban encima un trío de pirañas vestidas de rojo y negro, haciendo difícil cualquier progresión con un mínimo de seguridad. Y, por esas cosas que tiene el arbitraje, en el minuto 4, Eduardo Camavinga veía la tarjeta amarilla, se supone que por juego peligroso. En los minutos siguientes, dos buenas ocasiones de Osasuna se perdían por poco, dando la sensación de que el conjunto madridista no estaba muy bien organizado atrás. La respuesta fue un buen remate de Rodrygo, cerca del palo, que sacó con apuros Sergio Herrera a córner.

Imagen: realmadrid.com

A los 12 minutos, llegó otro episodio extraño: una jugada ensayada. El Madrid tenía una falta lateral a favor, y la sacaba en corto, haciendo llegar la pelota a Ceballos. El sevillano ponía un centro pasado al otro lado del área, donde Benzema, rompiendo el fuera de juego, y al primer toque, ponía el balón el zona de remate, donde David Alaba, primero rematando, y luego tocando de refilón el rechace, batía al portero con una buena dosis de fortuna. El 0-1, lejos de arrugar a Osasuna, le hizo lanzarse con decisión a buscar la portería de Courtois y, apenas dos minutos después, en una jugada calcada a otra anterior, Chimy Ávila ponía un centro duro y raso, y Budimir lo mandaba a las redes del belga, con la observación privilegiada de Alaba y, especialmente, Militao, que no hizo nada por evitar el 1-1.

De ahí en adelante, el intercambio de golpes fue manteniéndose, algo más espaciado, pero con peligro por parte de los dos equipos. Se iban sucediendo llegadas, menos frecuentes de los rojillos, y más del Madrid, destacando un control magnífico de Rodrygo, que recibía un pisotón de Nacho Vidal al pasar el balón a Benzema, que no supo culminar la jugada. Un gol anulado a Osasuna por fuera de juego fue prácticamente su último aliento, porque se veía que el cuadro rojillo iba perdiendo gas, a medida que pasaban los minutos, y el Madrid iba ganando dominio, terreno y autoridad, plantándose cada vez más en campo contrario, y generando peligro, aunque la mayoría de los intentos de remate morían en rechaces de la defensa navarra. El Madrid movía el balón de un lado a otro, evitando, una tras otra, las emboscadas que los tramperos osasunistas tenían distribuidas por toda su área y parte de los alrededores.

Imagen: realmadrid.com

Camavinga y Ceballos brillaban con luz propia, uno moviendo el balón con rapidez y cambiando la orientación del juego con soltura, y el otro apareciendo aquí y allá, apoyando, conduciendo y buscando formas de debilitar la barrera humana que formaba el cuadro pamplonica delante de su portero. Y, en el último suspiro del primer tiempo, una larga jugada del Madrid, buscando espacios en la defensa navarra, acababa con un centro de Camavinga venenoso, al espacio, donde aparecía Ceballos para tirarse a rematar con la puntita de la bota, estirándose hasta el extremo. La tocó lo suficiente para forzar a Sergio Herrera a que tocara el balón dejándolo muerto frente al área pequeña, donde un oportuno Asensio aparecía, casi por primera vez en el partido, para empujarla a la portería y volver a poner en ventaja al Madrid, 1-2, instantes antes de que el árbitro decretara el descanso… y de que descubriéramos que Alaba se iba cojeando, con problemas físicos, por lo que sería sustituido por Carvajal.

La segunda parte se inició con un ritmo algo más bajo que la primera, pero con Osasuna apretando también. En el minuto 50, Rodrygo quebraba en la esquina del área, y el Chimy Ávila, cayéndose, asestaba un guantazo al balón, señalando De Burgos Bengoetxea el penalti. Benzema lo tiró, y Sergio Herrera lo detuvo, buscando el lugar donde normalmente los coloca el francés. Al Madrid le sentó relativamente mal no conseguir el gol, pero no perdió el empuje y, en el minuto 58, volvía Rodrygo a taladrar a la defensa rojilla, y volvían a hacerle penalti. Lo volvió a lanzar Benzema, y lo volvió a parar el portero, en el mismo sitio de antes. El francés tenía el violín desafinado, y se le veía en la expresión la intención de ir a alguna farmacia de Pamplona a pedir antidepresivos, mientras cada vez veíamos más claro que a Rodrygo, ese chico presuntamente frágil, le iban saliendo cuernos y un rabo rojo por debajo del número 21, porque hacía diabluras sin cesar.

Imagen: realmadrid.com

El Madrid había desplegado, durante ese cuarto de hora, un juego rápido, vertical y ofensivo, pero había echado a perder las dos oportunidades más claras que había tenido. Aun así, continuaba intentándolo, sin dejar de atacar la doble barricada que Osasuna montaba delante de su inspirado guardameta, pero le iba costando más cada vez. Benzema se había enroscado en su concha, y el equipo madridista iba perdiendo empuje. Ancelotti introdujo a Kroos por Ceballos, acalambrado, en el minuto 69, tras un buen partido del andaluz, activo y participando mucho en el juego de ataque del equipo. Y, en el minuto 73, introducía a Isco por un Camavinga que había demostrado, en un partido fantástico, madurez, aguantando con una amarilla desde el minuto 4, y mucho desparpajo y habilidad jugando el balón por cualquier parte del campo. El italiano intercambiaba movimiento por control, y la idea de cazar alguna salida.

El Madrid, a partir de ahí, se convirtió en el Ying y el Yang. A las buenas combinaciones del lado izquierdo de su ataque entre Kroos, Isco, Benzema y Rodrygo, con apariciones puntuales de Marco Asensio, que generaron peligro continuo, se oponía un agujero negro en la banda derecha, donde Lucas perdía un balón tras otro, aunque Valverde se desvivía por ayudarle. Llegaron remates de Asensio, de Isco, llegadas continuas y un tramo de ida y vuelta donde el cuadro blanco crecía a cada minuto, pero malograba las ocasiones. Un cabezazo de Isco, que Nacho no conseguía rematar en boca de gol, o una cabalgada de Rodrygo susceptible de ser el tercer penalti, en el minuto 89, no permitieron aumentar la ventaja.

Imagen: realmadrid.com

En los seis minutos que dio De Burgos de prolongación, dio tiempo a un disparo de Osasuna que dio a Nacho en su brazo, que estaba en el mismo espacio de su tronco, por lo que no se consideró penalti; otra llegada de Osasuna, que supuso un golpe de Barbero a Militao que nos hizo temer lo peor (otro central lesionado), pero no; un pase genial de Isco en contraataque, que habilitó a Vinicius para el uno contra uno, y que el brasileño, que había entrado por Rodrygo, mandó fuera junto al palo. Y, finalmente, otro contraataque, con Vinicius nuevamente corriéndolo, esta vez lanzado por Benzema, y con el pase horizontal del chaval para Lucas Vázquez, que se quitó de encima los pecados cometidos marcando el 1-3 en el último momento.

Esta victoria, más que merecida, sitúa al Real Madrid en las condiciones ideales para afrontar el doble duelo de Champions contra el Manchester City: con una ventaja de 17 puntos sobre el segundo, un Atlético que no fue capaz de marcar un gol al Granada, haciendo un solo remate a puerta en todo el partido, y de 15 sobre Barcelona y Sevilla, que jugarán mañana sus partidos de esta jornada. Y, sobre todo, con la sensación de que, ahora mismo, el equipo carbura, y que prácticamente cualquier jugador que salte al campo, está en condiciones de defender la camiseta blanca y aportar cosas positivas. Esto marcha. Lo malo es tener que esperar una semana para poder volver a ver jugar al equipo. Y ya tenemos ganas.