CRÓNICA | Penando bajo la lluvia: Real Madrid 1 – 1 Chelsea

Una crónica de: @Datemus

No es que fuéramos entusiasmados a todas unas semifinales de Champions. Tampoco que nos llevaran al matadero, pero no es lo mismo asistir a este espectáculo en un ambiente estrictamente deportivo que inmersos en la ensalada de porquería generada por las reacciones a la Superliga. Unos invitados especiales se colaron inesperadamente en la fiesta, saturando el ambiente con su asfixiante fragancia, mezcla de los aromas del cinismo, la hipocresía y la ausencia de escrúpulos: los políticos del viejo continente. Al menos, Boris Johnson se ha procurado vacunas como para hacer que el conjunto de tierras al oeste de los Urales supere, por los pelos, el 25% del total mundial. Al resto, tanto este ritmo, como la permanente parálisis a la hora de activar los planes de ayuda, todavía dentro de las carpetas de burócratas y parlamentarios, les debe de parecer suficiente como para poder ocuparse de los maléficos planes de una serie de clubes para atraer más riqueza en un momento tan necesario. Sus protegidísimos medios de propaganda, que se iban a quedar a verlas venir sin los ingresos del fútbol, son más importantes que la muerte, el paro y la limitación de libertades que viven sus ciudadanos. Ellos son así de sobraos, incluyendo a los italianos, los últimos en sumarse, que se han puesto en modo Mario Puzzo con sus amenazas más propias de bandas mafiosas que de organismos que deben velar por la libertad de mercado y la prosperidad del pueblo.

Así no hay quien vaya a un partido de buen rollo, con buenos presentimientos. Por el contrario, esos nubarrones negros de evolución del ocaso en Madrid hoy no hacían presagiar nada bueno. ¿Represalias del árbitro? Lo que nos faltaba para inquietar aún más los recuerdos del partido contra el Betis: un Modric agotado, un Asensio insuficiente, un Carvajal con muy poco ritmo y un Kroos en modo incógnita de una ecuación diferencial irresoluble.  Parecía claro que saldríamos con tres centrales para proteger la espalda de nuestro lateral suplente Marcelo y, por una vez, Zidane nos permitió acertar. Su once casi se adivinaba como consecuencia de la carestía de mimbres con la que confeccionar el cesto. Eran habas contadas, que dicen en mi tierra. Courtois salió bajo palos. Guardándole el frente, Militao, Varane y Nacho, de derecha a izquierda, como terna de centrales. Los laterales, Carvajal y Marcelo. En el mediocampo, nuestra gran esperanza: la terna de jugadores que han marcado una década y que aún pueden ser mejores que los de cualquier otro grande, siempre que no lleguen en las últimas, claro. Casemiro, Modric y Kroos salían, en principio, con muchas más dudas que cuando eran nuestra gran baza frente a la Farsa y el Liverpool. Por delante, Vinicius Jr. y Karim Benzema. Enfrente, el nuevo Chelsea de Tuchel, que ha obrado el milagro de situarlo en posiciones Champions de la Premier tras un mal comienzo de temporada. Un equipo que combina lo físico y lo técnico, y que dejó muy buenas sensaciones en la eliminatoria contra el Atleti.

Con el pitido inicial, tratamos de sacudirnos todas las malas sensaciones del inicio. No pudimos, así que nos encomendamos a supersticiones, amuletos y rezos, a inadmisibles combinaciones de ritos paganos y ruegos ortodoxos, castigados desde lo alto con la severidad que corresponde: la pesadilla de ver al rival arrollarte en tu estadio. Los londinenses eran amos y señores del partido. Uno admite ser muy de Zidane, pero los devotos de los palos al técnico blanco encontrarán su espacio en el relato de la táctica de partida del equipo. Suponemos que los ingenieros del vestuario conocían que repetíamos motor en el circuito más exigente, con los testigos de presiones y temperaturas en el aceite, en los cojinetes, en las camisas y en el refrigerante mostrando que no podíamos pasar de 5.000 r.p.m. Pues hicimos lo contrario: contra unas mulas de arar en lo físico, se nos ocurrió plantar la defensa casi en la medular e irnos a presionar a la cocina del rival. Las líneas se partieron tanto cuando llegábamos a la despensa como cuando esperábamos desde la entrada. El Chelsea, con superioridad física y numérica, combinaba con la facilidad con la que lo hizo el Betis durante los 20 primeros minutos del fin de semana. A la diferencia de calidad de los jugadores, súmenle el espacio entre el centro del campo y Courtois. Imaginen a los ingleses sin un futbolista del Madrid a menos de cuatro metros, pensando cómodamente, pasando, desmarcándose, pudiendo romper líneas y atacar la espalda de los centrales. Un desastre, D. Zinedine.

Con la pelota, éramos absolutamente incapaces de hacer algo productivo. Desde el otro lado del televisor, nos conformábamos con no perderla. Ni una sola rutina para salir combinando, nada que no fuera un pase a un jugador marcadísimo y de espaldas a puerta. Las posiciones y movimientos de Carvajal y Marcelo, en quien uno confiaba que pudieran ayudar en esta faceta, eran como para gesticular cual vicepresidenta ante amenaza esquizofrénica. Kroos y Modric estaban desaparecidos y Casemiro era un fantasma que ni Iker Jiménez habría podido georreferenciar. Avisó el Chelsea con una contra tras robo, en la que Werner perdonó rematando al muñeco con toda la portería para él.  Los rezos se intensificaron y, allá arriba, tanta superstición previa debió molestar como para no hacer justicia en el encuentro. En el 13’, Kanté da un pase en profundidad a otro desmarque al continente existente entre Courtois y los centrales, esta vez, de Pulisic. El croata-estadounidense recogió la pelota más solo ante San Thibau que el abuelo de Heidi antes de conocer a su nieta. El belga salió ante la ausencia de compañeros y el extremo londinense se tomó un café, ojeó el periódico, regateó a nuestro meta y la metió por el espacio existente entre los jugadores locales que, incapaces de plantear cualquier alternativa, se alienaban patéticamente en línea de gol cual condenados a fusilamiento en el paredón. 0-1.

Imagen: realmadrid.com

El gol nos hundió en la miseria, pero al Chelsea le faltó la determinación para llevarnos desde allí al fondo de una fosa abisal. Con el rival muy tocado y una superioridad tan manifiesta, se confió aún más a su armonioso orden táctico y siguió el pie de la letra el guion establecido, como esos boxeadores que tras llevar al contrario a la lona, continúan la estrategia marcada en el vestuario ignorando el olor a sangre en su tambaleante contrincante. De haber tenido enfrente un depredador con instinto asesino, esos 20 primeros minutos nos habrían costado el K.O. definitivo.

El Madrid se levantó y, manteniendo la guardia como buenamente pudo, lanzó jabs más para disimular sus piernas trémulas que para cazar a los londinenses en alguna. Pero como el fútbol es así de caprichoso (o quizás no tanto), en el 28’, enseñó a los ingleses su capacidad de castigar a quien no es ambicioso. Avisó antes nuestro ariete en una contra en la que él mismo robó la pelota, combinó con Casemiro y Vinicius, y chutó desde la frontal para estrellarla en la cara exterior del palo.

Todo empezó con un córner cuyo “gilisaque” no auguraba nada de provecho. Kroos sacó en corto para Modric, el croata la envió aún más atrás para Marcelo y el brasileño, a su vez, puso el clásico centro lateral que parecía que no iría a ningún lado. Sin embargo, aquí llegó la gran contribución de nuestro capitán al choque al encontrar, con su indudable calidad y en un centro muy pasado, a Casemiro con toda la mala leche fruto de la impotencia retenida, emparejado con un inglés de menor condición física. Fue la jugada de las pelotas, y no me refiero a las de cuero vacuno, sino a las de piel humana. Su imponente salto fue seguido de una pugna de Militao para peinarla hacia atrás, con ese indómito espíritu madridista que parecía proclamar un por mí que no quede que os marquemos hoy, aunque nos estéis dando un repaso. La brega de los dos luchadores encontró su premio cuando la pelota (esta vez sí me refiero al cuero) le cayó en suerte al puto genio galo. No sé cómo se le puede ocurrir hacer algo así. Aún menos como, una vez imaginado, se puede llevar a la práctica. Pero el hecho es que Benzema controló con dificultad el balón aéreo con su frente, echándosela para atrás completamente cercado de rivales. Era imposible rematar con la diestra ese balón que se alejaba de la portería rival. Era una quimera que no se fuera a los cumulonimbos que se acercaban a Valdebebas a toda máquina: no había tiempo de dejarla caer a una altura decente antes de que los defensas llegaran a despejarla. Este tío, sin embargo, fue capaz de levantar su pierna a la altura de las achicharradas bóvedas de Notre Damme y enviar la piedra clave al ángulo exacto. ¡Madre mía, qué golazo! Este hombre es la requete… Mejor dejémoslo aquí, no vaya a venir más castigo divino. 1-1, que nos mantiene vivos merced a esta genialidad. ¡Qué sería de nosotros sin Karim Benzema!

Con el gol vinieron los mejores minutos del Madrid del primer tiempo. Por un breve periodo, se vio al mediocampo aparecer y combinar. No es que hubiera grandes ocasiones que contar, pero tuvimos la pelota y la acercamos hasta el área visitante que, visto lo visto hasta entonces, parecía un gran objetivo alcanzado. No duró mucho la alegría en casa del pobre, es decir, del no beneficiario de contratos televisivos con Sky. Las cosas se volvieron a igualar y el Chelsea restableció el equilibrio en la zona central con cierta sensación de que las jugadas podían ir a mayores. Las percusiones de Azpilicueta por los terrenos entre Marcelo y Nacho fueron defendidas grotescamente por los nuestros. Me fastidiaba que Zidane lo tuviera por asumido. Lo dicho, tal vez eran habas contadas, pero quién sabe si no había algún garbanzo en el banquillo del que sacar fruto.

Imagen: realmadrid.com

Llegó el descanso y pareció como si durante el mismo, los estados mayores de ambos ejércitos, más que a corregir las posiciones en el frente y a reaprovisionar sus tropas, se hubieran dedicado a pactar una tregua. El partido se reanudó con un acuerdo de no agresión. El Madrid, pareció haber reconocido su inferioridad y planteó una pugna más conservadora, con la defensa más cerca de la frontal y con los medios no tan distantes, trotando, sin desgastarse en presiones inefectivas, conscientes de la superioridad física del contrincante, limitándose a mantenerse ordenados. El Chelsea, pareció haber extraído la enseñanza de que al Madrid le había bastado un córner para nivelar la contienda. Con un buen resultado, decidieron seguir el manual by the book, como dicen por allí, y guardar la ropa a la espera de zambullirse siempre y cuando no se expusiera más de la cuenta.

Seguramente fue un tostón para el aficionado imparcial. Nosotros, seguíamos sufriendo con el conformismo de Zidane (quién sabe si no habríamos tenido más aún que lamentar sin él), con el marcador adverso y con el hecho de que en juego estaba toda una final de la Copa de Europa.

No les puedo contar nada hasta el 65’, en que vimos que nuestro entrenador no iba a variar en nada el esquema cuando dio entrada a Hazard por Vinicius. El brasileño ya estaba cansado y disfrutaba de menos espacios que en el primer tiempo, por lo que su reemplazo parecía bastante lógico. El hecho es que el dibujo y el planteamiento no cambiaban absolutamente nada, por lo que todo se confiaba al mayor acierto del belga frente a su ex equipo. El Madrid seguía incapaz de hacer participar en el juego de ataque a Modric, Kroos y Case, y el equipo se perdía alternando pases largos y estériles de los centrales con combinaciones a tumba abierta entre los laterales y los interiores, en especial por la izquierda. ¿Dónde íbamos a ir con tan poca cosa? Mientras, el árbitro, cual “cuquillo que va a lo suyillo”, cargaba de tarjetas a los locales y se las perdonaba a los británicos.

Menos aún que destacar hasta el 77’. Ahí sí que Zidane tuvo su primera buena idea en el encuentro, lástima que demasiado tardía.  Dio entrada a Asensio por un Marcelo que llevaba ya muchos minutos amonestado y defendiendo su banda cual hermana teresiana. Además, sacó a un Carvajal lejísimos aún de su estado de forma óptimo y dio entrada a Odriozola. ¿Recuerdan qué dijimos de los laterales en la crónica del Betis? Y, ¿han estado mejor hoy? Exacto. El equipo mejoró bastante en ataque, lo que no era difícil, en especial gracias a la inteligente posición de interior zurdo adoptada por Marco Asensio. Apoyó entre líneas, combinó y generó, por primera vez en el partido, superioridad en la medular. Lástima que su participación no llegara antes, porque la contribución defensiva de Marcelo no era una meta imposible de igualar.

Imagen: realmadrid.com

En el 85’, una acción meritoria de Hazard cerca de la frontal, poniéndole toda la pausa y claridad hasta encontrar el espacio para la incorporación de Odriozola, terminó con un pase peligroso del donostiarra. Primeras apariciones por sorpresa de los laterales tras combinaciones del equipo.

En el 87’, tras otra larga combinación del Madrid, Kroos recibe con metros entre él y la frontal, chuta y la pelota rebota en Chilwell para irse a córner muy cerca del palo. El saque de esquina, botado por el ingeniero germano, resultó en otra de sus magistrales trayectorias parabólicas, esta vez a la cabeza de Varane. El remate del francés fue, nuevamente, desviado por un defensor londinense y estuvo a punto de colarse en propia puerta.

Ya en el descuento, Zidane dio entrada a Rodrygo por Benzema, quién sabe si para presionar los envíos directos de los centrales británicos al área del Madrid. La cosa no dio para más. El empate pudo haber sido bastante peor visto todo lo que hicimos mal, especialmente durante el primer tiempo. Vamos en desventaja a Londres, pero con opciones de colarnos a la final sin más que marcar un gol y manteniendo nuestra puerta a cero.

¿Cómo llegaremos? Difícil saberlo. Probablemente, recuperaremos a Mendy y a Valverde pero, ¿en qué estado físico?, ¿Cuánto progresará el de Carvajal?, ¿Seguirá Militao siendo el mejor central del momento?, ¿Tendremos opciones de que Modric y Kroos estén más descansados? Miren, por mí, que no jueguen frente a Osasuna. Una final de Champions bien merece el riesgo y, seamos francos, lo necesitan. Si participan en liga no van a tener ni una opción de brillar en la vuelta, donde es imprescindible que muestren un nivel similar al que exhibieron frente al Liverpool. Podemos darle las vueltas que queramos a la manida frase de “somos el Madrid”. La plantilla no es la de hace cuatro años y el que quiera engañarse, no sabe valorar el pedazo de éxito que ha sido llegar hasta aquí en esta competición. Yo me sentiré orgulloso de ellos, especialmente si somos capaces de competirlo hasta el último segundo. Entretanto, sueño con leer algo grandioso en la crónica de @MiedoEscenico2. Hasta entonces, queridos lectores, cuidaos mucho y ¡Hala Madrid!.