OPINIÓN | La paciencia del alquimista

Un articulo de: @MiedoEscenico2

 

PRÓLOGO

Me he permitido la licencia de titular a este artículo adaptando el título de una novela de Lorenzo Silva cuya lectura recomiendo vivamente, “El alquimista impaciente”. Espero que se me perdone el atrevimiento por parte del autor, y que al menos sirva para que algunos lectores se animen a conocer una de las mejores novelas del género negro en castellano.

 

PARTE I: EL REGRESO

11 de Marzo de 2019, 8 de la mañana: Diego Torres, periodista del diario “El País”, publica un artículo titulado “Zidane no quiere saber nada” en el que afirma que el francés no quiere volver a ser el entrenador del Real Madrid y dice, textualmente, “Zidane dijo que ahora, con la temporada en curso, no aceptaría sentarse en el banquillo. Añadió que a partir de junio se plantearía si entrena, o si no, y en caso afirmativo, si lo hace en España o en otra parte.

11 de Marzo de 2019, 6 de la tarde: Rueda de prensa para la presentación de Zinedine Zidane como nuevo entrenador del Real Madrid. En ella, el técnico francés afirma algunas cosas que generan, al mismo tiempo, ilusión y, en algunos casos, expectativas erróneas:

“Vamos a cambiar cosas para el próximo año. Hablaremos con el club y con el presidente para ver lo que se puede hacer.”

“Los jugadores que están aquí han ganado mucho.”

“Quiero estar con los jugadores”

Los 11 partidos de Liga en que Zidane dirigió al equipo desde entonces, tras haber perdido las opciones para competir por un título antes de su llegada, fueron, como mínimo, extraños. Desde el primer momento, en el partido frente al Celta en el Santiago Bernabéu, hizo lo contrario a su antecesor, Santiago Solari. Recuperó a Marcelo e Isco, así como a Odriozola, y ubicó arriba a Asensio, Benzema y Bale.

No queda muy claro cuál era el objetivo concreto que tuvo esta etapa para el entrenador francés. Desde los medios y los aficionados, se dudaba si estaba llevando a cabo un casting, si estaba probando un nuevo sistema, o si estaba tratando de recuperar la confianza de algunos jugadores. Con tiempo y distancia, parece que las dos últimas opciones eran las más válidas, y que tenían su razón de ser: Zidane se encontró con una plantilla crispada, físicamente castigada y con una sensación de fracaso importante, que no podía optar ya a ganar ningún título. The Walking Dead, en versión futbolística, algo de lo que ya comenté en un artículo anterior.

En aquellos 11 partidos, que no conducían a ningún lado salvo a poner en el disparadero a varios jugadores, Zidane pone a Marcelo como titular en casi todos, al igual que a Varane. Isco juega todos, a veces como titular, a veces como suplente. El once con los jugadores más utilizados por Zidane en esa etapa sería el compuesto por Navas en portería, defensa con Carvajal, Varane, Nacho y Marcelo; un centro del campo con Casemiro y Kroos en el medio centro, una línea de tres formada por Isco, Modric y Asensio, y en punta Karim Benzema. Esos encuentros, dedicados a hacer probaturas y asegurar la presencia en la siguiente edición de la Champions League, se saldan con resultados dispares: 5 victorias, 2 empates y 4 derrotas, entre ellas algunas como la de Vallecas, o la última en casa frente al Betis, que generaron muchas dudas, tanto respecto a la plantilla como al entrenador.

 

PARTE II: EL REINICIO

La pretemporada se iniciaba, a primeros de julio, con la incorporación de diversos fichajes: Eder Militao, Ferland Mendy, Rodrygo Goes, Luka Jovic, y, por encima de todos ellos, como más destacable, Eden Hazard. Ceballos, con muy poca presencia en el final de la temporada anterior, salía cedido al Arsenal, al igual que Reguilón, que lo hizo con destino al Sevilla. Marcos Llorente era traspasado al Atlético de Madrid, también después de una presencia testimonial en los últimos partidos. Luca Zidane salía al Racing de Santander, Vallejo al Wolverhampton, y la plantilla se fue nutriendo de jugadores que iban llegando de sus vacaciones tras diversos compromisos, especialmente la Copa América.

De los 7 partidos de pretemporada que hizo el Real Madrid se puede decir poco bueno en términos de resultados. Victorias frente a equipos de poco fuste, como Fenerbahçe y Salzburgo, empates contra el Arsenal y la Roma, y derrotas contra Bayern Munich, Tottenham y, la más sangrante, frente al Atlético de Madrid por 7-3. Zidane mantenía la idea del 4-2-3-1, y en el eje situaba, en los primeros partidos, a Toni Kroos y a Luka Modric. En esos primeros cuatro partidos, el Madrid recibió 13 goles y marcó 6, con un centro del campo sin apenas capacidad para controlar el juego, y una defensa desastrosa. La reincoporación de Casemiro y Valverde al equipo en los tres partidos posteriores ofreció mejoras en la solidez defensiva, aunque seguía costando marcar goles, con los jugadores tratando de adaptarse a este nuevo sistema.

Zidane: “Tenemos un equipazo. Sólo nos falta ganar un partido. Sólo eso.”(Tras la derrota contra el Tottenham, habiendo cosechado tres derrotas y un empate)

Los malos resultados auguraban otra temporada de dificultades, si bien un análisis profundo comenzaba a dar muestras de que algunos jugadores iban entrando en una mejor dinámica progresivamente. Karim Benzema y Toni Kroos fueron los primeros en dar pistas de que estaban mejorando, les siguieron Marcelo y Casemiro, y el equipo se iba haciendo, poco a poco, más compacto. Asensio caía lesionado de gravedad en el segundo partido, frente al Arsenal, y eso obligaba a Zidane a contar con Gareth Bale, algo que inicialmente no parecía que fuera a darse. Con muchas dudas, un madridismo entre dividido y pesimista, y un entrenador en el punto de mira de periodistas y críticos, llegaba el inicio de la Liga.

Zidane: “La pretemporada ya está acabada. La semana que viene empieza la Liga. Estamos preparados para eso. Para hacer partidos importantes y meter la dinámica de la Liga” (11 de agosto, tras el último partido de pretemporada)

 

PARTE III: LA ARRANCADA

El Real Madrid de Zidane inició la Liga en Balaídos. Allí ganó 1-3, mostrándose sólido y aprovechando las oportunidades de que dispuso. El francés optó por iniciar la temporada con un esquema algo diferente del utilizado durante la pretemporada, una especie de 4-1-4-1, donde los jugadores de las alas (en aquel partido, Bale y Vinicius) se sacrificaban en defensa aunque redujera sus posibilidades de llegar arriba. Luego, empate en casa contra el Valladolid, que cerró bien los espacios y marcó en un error en cadena de la defensa blanca. En Villarreal se volvió a empatar, esta vez a dos, y fue la primera vez en la temporada en que el equipo de Zidane se vio por debajo en el marcador. Bale, en los últimos minutos, equilibró una balanza que se había puesto en contra, entre otras cosas, por errores defensivos. Keylor Navas, en busca de minutos, se iba al PSG y, en su puesto, llegaba cedido Areola por un año, en una operación de lo más extraño. Contra el Levante, una primera media hora de buen juego permitió al equipo irse al descanso ganando 3-0, pero una segunda parte mala en defensa de nuevo acabó con el partido en 3-2.

Zidane: “Tenemos que mejorar en defensa. Trabajamos para ello. Creo que vamos a encajar menos. Va a pasar.” (tras el partido contra el Levante)

En París, en el siguiente partido, en que el Madrid debutaba en Champions, se dio el primer punto de inflexión de la temporada: el equipo blanco cayó con estrépito por 3-0, frente a un PSG sin Neymar, Cavani ni Mbappé, en una actuación de las más pobres que se le han visto al equipo. Las críticas se multiplicaron, y se plantea por primera vez, desde los medios de comunicación, la posibilidad de que el francés sea cesado. Lo cierto es que, a esas alturas de la temporada, en partidos oficiales, el Real Madrid había recibido 19 remates a puerta en 5 partidos, y 9 habían sido gol. Por delante, llegaban las visitas al Sánchez Pizjuán frente al Sevilla, líder en ese momento, y al Wanda para enfrentar al Atlético que había goleado a los blancos un par de meses antes, aparte de recibir al Osasuna en casa. Por otra parte, una plaga de lesiones mantenía a la enfermería blanca con entre cinco y siete lesionados.

Este primer punto de inflexión hizo reales las palabras de Zidane que se citaban anteriormente. En los tres partidos siguientes, frente a Sevilla, Osasuna y Atlético de Madrid, el cuadro de Zidane sólo concedió un remate a puerta, detenido por Courtois, dejando la portería a cero en tres partidos consecutivos. La solidez defensiva se incrementa de forma significativa, pero topa con otro problema: el esfuerzo que supone esta disciplina defensiva reduce la frescura del equipo a la hora de atacar. En esos tres partidos, el Madrid sólo marca tres goles, dos de ellos al cuadro navarro. Ahora, como era de esperar, las críticas de los medios de comunicación y parte del madridismo se dirigen a la falta de gol.

Zidane: “Es lo que te da vida, si seguimos haciendo estos partidos, solidarios, algo ofensivamente vamos a hacer, me parece muy importante, hay que seguir en esta línea. Hay que crear más ofensivamente.” (tras el partido contra el Atlético de Madrid, tercero sin recibir goles)

 

PARTE IV: EL CRECIMIENTO

Curiosamente, un nuevo fracaso en un partido de Champions es el que supone el segundo punto de inflexión en el equipo blanco. Tras la mejora a nivel defensivo de los partidos anteriores, en el partido contra el Brujas, el Madrid recibe dos goles en contraataques en la primera parte, con una actuación bastante desafortunada de Courtois. Tras el descanso, el equipo reacciona y consigue al final empatar a dos, pero el resultado pone en peligro la clasificación para la fase eliminatoria: el equipo es colista de su grupo y vuelven las críticas y los rumores de destitución. El siguiente partido, frente al Granada, vuelve a ver una gran media hora inicial del equipo, que se va al descanso ganando 2-0. Llega a ponerse 3-0, pero un exceso de confianza de Areola, que acaba en penalti en contra, vuelve a generar dudas en el equipo a nivel defensivo, que encaja otro gol más. Finalmente, la victoria por 4-2 sigue dejando dudas en cuanto a la falta de continuidad del equipo en esas fases de juego en que presiona y se muestra superior a los rivales.

Tras el segundo parón para partidos de selecciones, el equipo visita Mallorca, con jugadores lesionados –Kroos, Modric, Bale- o cansados –Valverde- y el partido se tuerce desde el principio, con un gol en contra en el inicio. El centro del campo compuesto por Casemiro, James e Isco muestra la incapacidad de estos dos últimos para manejar el partido y, poco después de que entre Valverde al césped, Odriozola es expulsado por una entrada a destiempo, que frena la reacción del equipo. La derrota vuelve a poner a Zidane en el disparadero, y hace dudar de las posibilidades del equipo para luchar por algún título, dados sus problemas en Liga y Champions League.

Zidane: “Si queremos ganar algo este año, tenemos que tener continuidad. Las bajas no son excusa. Hay otros jugadores que son buenos también, y cuando les toca tienen que demostrar que tienen nivel para estar aquí.” (tras la derrota en Mallorca)

La derrota en Mallorca supuso el tercer, y hasta ahora, último punto de inflexión que ha vivido el Madrid en lo que va de temporada. A partir de aquí, Zidane diseña un once inicial definido (en el que influyen tanto las lesiones de Bale, Modric y James, como el estado de forma de algunos jugadores como Isco), y vuelve a la idea del 4-2-3-1, pero con una alineación concreta: Courtois en la portería; Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo en defensa: Casemiro, Kroos y Valverde en el medio, Rodrygo en banda derecha, Hazard en banda izquierda, y Benzema en la punta de ataque.

Con este once como referencia, salvo entradas puntuales de Mendy, Modric y Lucas por rotación o lesión, jugará los siguientes 5 partidos, en los que no encaja ningún gol, con algunas actuaciones estelares de Courtois, y ganará 4 de ellos, reincorporándose al tren de la Champions y alcanzando el liderato en Liga. La presencia del Pajarito Valverde en el centro del campo, y la de Rodrygo en banda derecha, coinciden con un incremento significativo de las apariciones de Hazard por el otro lado, mientras jugadores como Kroos, Casemiro o Benzema confirman que están en un gran momento de forma. Sólo un cierto atasco ofensivo frente al Betis, y la falta de acierto en Estambul impiden al equipo blanco repetir goleadas como ante el Leganés (5-0), Galatasaray en casa (6-0) y Eibar en Ipurúa (0-4).

Zidane: “Lo importante es hacer los partidos a tope, hay que darlo todo. Después de Mallorca, había que trabajar más y lo hicimos. Además de creer en nuestra calidad.” (tras la victoria en Eibar)

 

PARTE V: LA PACIENCIA Y LA ALQUIMIA

Zinedine Zidane es el único entrenador que ha ganado tres Copas de Europa consecutivas. Así, como tarjeta de presentación, ya es algo. Además de eso, en la anterior etapa en que dirigió al Real Madrid ganó una Liga, dos Supercopas de Europa, dos Mundiales de Clubes y una Supercopa de España. Todo ello, en dos años y medio. Con este bagaje, sus detractores dicen de él que no sabe de táctica, que no trabaja al equipo, que no forma a los jóvenes, que vive del talento de sus jugadores, que no prepara los partidos, que no sabe hacer los cambios (ni en cuanto a elegir jugador, ni al momento) y que lo que ha conseguido ha sido gracias a la suerte (la flor) y a los jugadores que tenía. No voy a desperdiciar ni un párrafo en tratar estas afirmaciones: sólo diré que la ignorancia es tan mala como la envidia, y que lo peor de un tonto es que no sepa que lo es. A mí Zidane siempre me ha parecido un tipo inexplicable, y por eso trato de no juzgarlo a la ligera. Creo que entiende el fútbol de una manera muy poco convencional, tal y como lo jugaba, y que ve películas donde otros vemos fotografías. Lo que para otros es un dibujo, un esquema, para él es un punto de partida para el movimiento. Donde otros ven cuerpos en un campo de fútbol, él ve física cuántica. Hay decisiones que ha tomado en partidos que no he entendido (muchas han salido bien, y otras no), y me hubiera gustado entender. Pero tengo claro que él veía algo que yo no veía, o esperaba algo que yo no esperaba.

Mi sensación es que ve un equipo no como una suma de posibilidades, sino como una combinación de alternativas: ve en 3 dimensiones lo que otros vemos sobre un plano. No entiende que el 4-3-3 sea para que los defensas defiendan, los medios creen jugadas y los delanteros las rematen. Piensa que cualquiera puede atacar o defender, si todo el equipo se mueve al mismo tiempo para que lo haga, si se generan las sinergias necesarias. Es más, creo que a Zidane se la sopla bastante el 4-3-3 o cualquier otro dibujo. Le gusta el fútbol, y probablemente lo entiende de una manera ofensiva y divertida, aunque también solidaria y colectiva. Lo que me parece que no admite lugar a dudas es que Zidane tiene un plan. Y que eso es lo que le hizo volver al Real Madrid. Dejó al equipo en la cumbre de Europa, aunque maltrecho en Liga –algo que él declaró abiertamente que no le había gustado- y se retiró a un lado, permitiendo que otros hicieran algo que necesitaba el club: transformar a un equipo que venía de ganar casi todo en otro, más joven, que fuera capaz de ganar casi todo.

La clave de aquella Liga que ganó el Madrid con Zidane, y en esto hay poca discusión, fueron las rotaciones y la calidad y profundidad de la plantilla. En la Liga siguiente, es un hecho que el propio Zidane no confió en su segunda unidad porque, en las oportunidades que le dio, no respondió, especialmente en el Bernabéu (recordemos que aquel año no se ganó un solo partido de Copa del Rey en casa). Eso dificultó que la primera unidad pudiera dosificarse como hubiera sido deseable. Algo fallaba en aquella combinación de elementos, y lo cierto es que tanto Ceballos como Llorente, que tuvieron ese rol aquel año, están cedidos o traspasados a día de hoy, como Achraf, Vallejo o Mayoral, cada uno de ellos con diferente suerte.

Zidane probablemente entiende el fútbol como un sistema complejo, donde se dan combinaciones, asociaciones, sinergias, basadas en la química que hay entre los elementos (los jugadores). Cuando esa conexión viene dada, miel sobre hojuelas. Cuando no, hay que encontrarla, poco a poco, o crearla. Quizá por eso Benzema es casi insustituible para él, porque es como el color negro, combina con cualquiera: igual te desatasca el centro del campo que te marca un gol de cabeza. Su capacidad de asociación y su dominio de los espacios y del juego sin balón son cualidades básicas para el juego dinámico que propone Zidane. Quizá por eso Marcelo es tan importante para él, porque implica movimiento, lo inesperado, el caos. En su anterior etapa, una vez que consiguió amortiguar el caos defensivo que suele suponer Marcelo, explotó con intensidad el caos ofensivo que generaba y eso ganó partidos y títulos entonces. Si añadimos a esto las conexiones Bale-Modric, Carvajal-Lucas, Isco-Asensio, Casemiro-Kroos, las asociaciones que Marcelo y Benzema establecían con muchos de ellos, y la dinamita de Cristiano Ronaldo, queda un equipo indescifrable que, como decía Filipe Luis, era el mejor de Europa, porque te podía jugar de diez formas diferentes. Y me atrevería a decir que, a veces, en el mismo partido.

Cuando Zidane volvió al banquillo del Madrid, se encontró con otra cosa: un equipo donde cada uno tenía una misión, y el éxito del equipo dependía de que la cumpliera o no. Desde el portero hasta el último jugador, cada uno tenía que sobrevivir por sí mismo. Y los fallos individuales eran mucho más reconocibles, más graves, y se pagaban caro. Se habían roto las conexiones, no se valoraba igual a quienes se dedicaban a facilitar la mezcla, y aquello había dejado de funcionar. Desde esa idea, se entiende algo mejor lo que hizo en la etapa final de la temporada pasada: probar a ver lo que conectaba y lo que no, quién seguía combinando bien con lo de alrededor, y quién sacrificaba su lucimiento a cambio de jugar para todos. Y tomó decisiones. Probablemente no las que esperaban algunos (los que ven el fútbol más plano y cuadriculado), pero sí las que necesitaba él para completar la misión que le habían encomendado.

Esa transición de equipo antiguo con laureles a equipo joven con ambición se le encargó a otros, que no entendieron bien el punto de partida, o la forma de hacerla. Ni la insistencia ni la fuerza bruta pueden convencer de algo así. Si había un hombre para desmontar aquel equipo ganador, probablemente, era el propio Zidane. El debate se centra en su criterio, que puede no ser compartido, pero es innegable que lo tiene. Decidió que implantaría otro sistema que favoreciera la incorporación de ciertos jugadores y lo ha hecho, pero como sólo puede hacerlo un tipo con su visión. Todos hablamos de que en el centro del campo del Madrid hay tres (Casemiro, Kroos, Valverde), pero todos sabemos que uno de ese centro del campo (por lo general, Valverde y, a veces, Kroos) salta a acompañar a Benzema en la presión a los centrales rivales. Del 4-2-3-1 al 4-2-4. Pero es que además, una vez que el equipo rival ha sacado el balón hacia un lado, el lateral sale a apretar por ese lado, con lo que el equipo está plantado en campo rival –ojo, defendiendo- con un 3-3-4. Y además, con movimiento continuo, buscando cortar las líneas de pase y anticipar, con lo que, en el momento en que se recupera el balón, no hace falta transición, ya estamos todos aquí.

Esto no lo vimos prácticamente nunca en los tiempos de la BBC, a poco que hagamos memoria. Aquel Madrid jugaba más a dejar terreno al rival y salir a aprovechar los espacios que dejara, un intercambio de golpes, al menos hasta la lesión de Bale a finales de 2016. La entrada de Isco al once y la reubicación del equipo a ese 4-4-2 equívoco con Benzema y Cristiano arriba, tendía a ganar más posesión y generar un desequilibrio más basado en asociaciones en banda, llegada a la línea de fondo, apertura de espacios en el área y su frontal, y un dinamismo menor en un espacio más reducido, ofreciendo cierto riesgo por los posibles contraataques del rival. Pero Zidane parece ser consciente de que los jugadores de aquel equipo, a día de hoy, no pueden soportar varios partidos de ida y vuelta seguidos, y que la mejor opción es empezar presionando y recuperando arriba para recorrer menos terreno hacia atrás y adelante, tratando de poner el marcador a favor.

En los primeros partidos, la delantera ejercía esa presión arriba, pero no la hacían todos, siendo especialmente significativo Hazard; Benzema trataba de obligar al rival a sacar el balón hacia el otro lado, donde quien jugara por banda derecha (Bale, Lucas, Rodrygo), recibía la compañía de Valverde o Kroos, y la de Carvajal buscando la anticipación. El centro del campo fue acompañando esa presión cada vez más, y eso permitió algunos arranques de partido bastante buenos, como el del Levante o el Granada. Fue a la defensa a la que más le costó asumir esa presión adelantada, por los riesgos que se asumen al juntar las líneas casi en campo contrario, y por ello, la zona que más ha tardado en ajustarse, y se pagó en los primeros partidos de Liga y en París. Cuando la defensa entendió que tenían que apretar más y más arriba, y se consiguió que apenas remataran los rivales, el problema fue que la portería no acababa de estar fina, y seguía costando goles, especialmente frente al Brujas, donde llegaron los delanteros rivales por una presión demasiado adelantada contra jugadores muy rápidos. Y cuando Courtois hizo una gran actuación en Estambul y cogió confianza, se cerró el círculo: el equipo, tres meses después, había adquirido mecanismos para dominar los partidos, y sólo faltaba que fuera con continuidad, porque esos periodos de dominio apenas duraban media hora. Frente al Galatasaray y al Eibar se vieron, al fin, los primeros resultados de la alquimia de Zidane, partidos completos.

Zidane entiende al equipo, probablemente, como un ente que evoluciona. Ha ido, poco a poco, pacientemente, forjando un estilo de juego diametralmente opuesto al Madrid de su etapa anterior, un estilo que busca, con una intensidad desmedida, presionar muy arriba y conseguir goles pronto, que reduzcan la necesidad de remontar, y permitan al equipo jugar más tranquilo. Además, ha ido incorporando, siempre pacientemente, a jugadores jóvenes, que puedan aportar ese plus de ambición y agresividad en la presión que necesita, además de ir dando descanso a los veteranos. Paso a paso, elemento a elemento, ha ido configurando un sistema nuevo, tan caótico como el anterior, pero complejo y cuidadosamente elaborado, donde Hazard ya presiona, Valverde ya ocupa mucho territorio, Courtois para, y todos trabajan. Como alternativa frente a equipos más poderosos, tiene un plan B solidario y esforzado, menos basado en el intercambio de golpes y más en la disciplina defensiva, donde todo el equipo se esfuerza por cerrar los caminos al gol del rival, y trata de aprovechar las oportunidades que genera, como en Sevilla o en el Wanda.

Otra característica de Zidane es que piensa a medio plazo. La derrota en Mallorca, probablemente, viene dada por su confianza en que algunos jugadores estarán al nivel requerido, por no estar físicamente castigados al no haber ido con sus selecciones. Y no alinea a jugadores preparando el partido europeo de la semana siguiente, de una trascendencia bastante mayor para el equipo. Sacrifica elementos a corto plazo para ganar mayor ventaja a medio y largo plazo, y esto no siempre se entiende, especialmente si sale mal. No suele incorporar a un jugador que vuelve de lesión inmediatamente a la titularidad, suele incluirle como suplente y darle unos minutos. Ha ido introduciendo a los jugadores jóvenes, por lo general, en momentos favorables de los partidos, sin obligarlos a entrar presionados por la situación de juego.

Va introduciendo rotaciones muy puntuales, que le permitan comprobar si cada elemento va estando en el tono necesario, y si combina bien con los demás, preparando una segunda unidad que pueda dar descanso a la primera en los partidos más accesibles. Probablemente, Zidane no va a poner a un chico de 18 años como Rodrygo a jugar todos los partidos, por muy bien que lo haga, porque su principal objetivo es que todos los jugadores de la plantilla vayan estando en condiciones de entrar al equipo con garantías de dar el mejor rendimiento posible. Esa impaciencia, fruto del deslumbramiento, no es propia de él. Es un encajador estoico en las ruedas de prensa, que mantiene un discurso mucho más coherente de lo que parece, y que esconde sus fórmulas bajo la chaqueta mientras responde con la mejor de sus sonrisas… o no. Basta con leer las declaraciones que ha ido haciendo, y que he incluido a lo largo de la primera parte del artículo, para tomar conciencia de esto. Él sabía lo que hacía.

El final de su plan es, con toda seguridad, crear un equipo más joven que el que él dejó cuando se fue, pero igual de preparado para asaltar los mayores objetivos, un nuevo Real Madrid en forma de piedra filosofal que convierta otra vez cualquier objeto en oro, como buen alquimista. Y no tiene ninguna prisa, aunque sea más consciente que ninguno de las urgencias que hay. Sabe –como todos lo sabemos- que habrá errores y traspiés; pero otra de las cosas que ha demostrado siempre Zidane es que no suele repetirlos, y que cambia lo que haga falta. Sabe que modificará lo que deje de funcionar, y encontrará otra alternativa. Y que le dará igual la opinión de los amantes del fútbol cuadriculado.

Su paciencia es la paciencia del alquimista que, poco a poco, va dando los pasos necesarios para triunfar, en la sombra, detrás de su sonrisa enigmática, combinando en una fórmula los elementos más adecuados para volver a forjar un Real Madrid campeón. Esperamos que lo consiga.

 

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