CRÓNICA | PROCRASTINÁIS (CABRONES): AEK ATENAS 2-3 REAL MADRID

 

Una crónica de: @MiedoEscenico2

Miren, les digo la verdad. Empiezo a escribir esto en el descanso y mi sensación es que el Madrid va empatando a 1 y ha tenido suerte. Los griegos del AEK han salido como los 300 espartanos, y en el minuto 20 ya nos habían rematado cuatro veces, todas a puerta, y menos mal que Courtois había parado tres, algunas con dificultad. En la que no pudo parar, el senegalés Koita había liberado su pierna izquierda frente a un Cucurella exigido y, antes de que Camavinga moviera algo más que una pestaña, ya había clavado el balón en la escuadra. Era el minuto 12 de partido, y el Madrid no se encontraba. Dumfries estaba con esa cara de no enterarse de los días malos, Militao parecía un debutante, Rüdiger no conseguía parar todas las vías de agua, y Cucurella estaba ayudado por Camavinga y Vinicius, que es como pedirle a un pirómano que guarde un polvorín. El doble pivote, formado por el francés y Bernardo Silva, fue más doble que pivote, porque los dos se embarcaban en aventuras algo alegres y la posición no se mantenía mucho que digamos. Y, aun a riesgo de confundirme, yo diría que ver ahora a Yan Diomandé en la banda derecha es como haberle robado el alma.

Imagen: realmadrid.com

Arriba, Vinicius Júnior, más allá de no colaborar especialmente en tareas defensivas -nada nuevo- anduvo disperso en ataque, con voluntad, pero con poco convencimiento. Mbappé apenas hizo nada reseñable en toda la primera parte, salvo un remate que salió entre palos como si fuera el medio apertura de los gallos franceses. Sólo Bellingham trataba de poner algo de sentido común en el césped, y su figura fue creciendo más y más, tratando de hacer conectar a sus compañeros y mejorando cada jugada que pasaba por sus botas. No solamente marcó dos goles, uno de ellos anulado por fuera de juego, ambos de tacón, sino que fue el espíritu grandioso de un equipo que no parecía capaz de sacudirse a las avispas griegas. Su gol, una genialidad a centro de Cucurella, rematado en el aire al fondo de las redes de Brignoli en el minuto 32, no sólo puso el 1-1, sino que acabó de abrir un tramo de partido en que el Madrid fue empujando a los aurinegros hacia su portería sin cesar, aunque sin fruto, más por torpeza propia que por otra cosa.

Imagen: realmadrid.com

La segunda parte empezó con un intento del AEK de recuperar el tormentoso inicio del partido, pero el Madrid no tardó en voltear la situación y seguir atornillando, pacientemente, cada uno de los resortes necesarios para llevarse el encuentro. Pero, siendo sinceros, parecía que algunos tornillos estaban pasados de rosca, porque el AEK sobrevivía sin pudor, casi con descaro, a los inocentes intentos del conjunto madridista, que desaprovechó una jugada tras otra. Vinicius cavaba otro metro más de esa zanja en la que parece haberse metido, Mbappé salía a buscar champiñones en vez de recolectar níscalos en el área y Diomandé seguía preso de esa tristeza melancólica en la banda derecha. El tratamiento propuesto por Mourinho fue quitarle del campo, junto con Bernardo Silva, con cara de necesitar también un psicólogo, y meter en su lugar a Endrick y Valverde. Mientras tanto, Camavinga seguía chocándose con gente aquí y allá, aparte de perder la posición. En una de esas, Cucurella tuvo que hacer su quinta falta y vio la amarilla; y, en otra, faltando un cuarto de hora, una jugada en la que la defensa blanca fue un auténtico despropósito, Pilios marcó el 2-1, disparando la euforia en las gradas griegas. Nos estaban haciendo un griego, amigos, por nuestra propia incapacidad.

Imagen: realmadrid.com

Apenas tres minutos después, Bellingham levantó la cabeza, vio a Dumfries entrando hacia línea de fondo y le puso el balón en profundidad; el neerlandés puso un pase de la muerte de los de toda la vida, y al otro extremo del arco iris apareció Mbappé con su olla de monedas de oro para empujar la pelota al fondo de las mallas locales y devolver el equilibrio al marcador. El amor propio del inglés era de lo poquito salvable en el verde. Mourinho decidió que la broma ya había durado bastante y metió, primero, a Carreras y Brahim por un desfondado Cucurella y un mediocre Vinicius, para, a falta de cinco minutos, introducir a Carlos Espí por un Jude Bellingham físicamente reventado. El equipo blanco siguió apretando y apretando, y encadenó, en cinco minutos, cuatro remates consecutivos de Mbappé (2), Brahim y Endrick. En el minuto 92, Brahim recibió de Camavinga, algo escorado a la izquierda, y optó por poner el balón en la frontal, donde llegaba Valverde cargando su trabuco con pólvora y azufre; y el charrúa, honrando su brazalete de capitán, enganchó un derechazo formidable, que entró cerca de la escuadra izquierda de Brignoli, y que puso el 2-3 definitivo en el marcador electrónico del Allwyn Arena de Atenas. Otro día en la oficina.

Imagen: realmadrid.com

Es cierto que el AEK ateniense ha apretado mucho, ha tenido fases de mucha exigencia física, pero, al final, el Madrid ha vuelto a danzar en el filo de la navaja y ha acabado saliendo airoso de otra situación crítica. Decidnos la verdad, Kiky, Vini, Jude y los demás. Lo hacéis a propósito ¿verdad? Procrastinar es un arte, y vosotros sois unos auténticos artistas de dejarlo todo para el final… Un día nos vais a dar un disgusto. ¡Y lo sabéis (cabrones)!

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