¿TODOS SOMOS CEUTA?

Un artículo de: @nandi_1998
Colocar dos interrogantes antes y después de un lema que todos deberíamos compartir y secundar no significa que uno tenga dudas. Significa, más bien, que parece que hay quienes sí las tienen. Y, curiosamente, cuando esas dudas aparecen, la lupa termina colocándose casi siempre en la misma dirección. Sí, ya sabemos cuál.
El pasado martes, en el Martínez Valero, asistimos a una escena que a muchos madridistas —a mí también— nos dejó bastante más que perplejos. Los jugadores del Elche y del Real Madrid saltaron al terreno de juego con una camiseta blanca en apoyo a Ceuta en la que podía leerse «Todos somos caballas». Todos menos tres, o al menos no de la misma manera. Mbappé, Konaté y Vinicius aparecieron con la camiseta recogida de tal forma que el mensaje quedaba oculto o cortado y, en el caso de Mbappé y Vinicius, además se la quitaron antes que el resto de sus compañeros. No fue una interpretación malévola de una cámara colocada en Cuenca ni una conspiración de las redes sociales: las imágenes estaban ahí y la secuencia fue recogida desde el propio túnel de vestuarios. Como madridista, el gesto me avergüenza. Así de sencillo. Porque una cosa es tener opiniones personales, convicciones, sensibilidades o la explicación que cada uno estime conveniente dar después, y otra bastante distinta es jugar en el Real Madrid y decidir desmarcarte públicamente de una iniciativa que tu propio club ha aceptado respaldar. El Real Madrid no había obligado a nadie a cantar un himno político ni a afiliarse a un partido. Se trataba de mostrar solidaridad con una ciudad española que lleva semanas soportando una situación extraordinariamente complicada. El propio club asumió públicamente la campaña y explicó que los jugadores de ambos equipos habían saltado al campo mostrando su apoyo a Ceuta.
Por supuesto, Mbappé ha explicado después su postura. Ha asegurado que siente solidaridad con Ceuta, pero que no quería establecer categorías entre el sufrimiento de los ceutíes y el de los inmigrantes que atraviesan situaciones dramáticas. Es su explicación y ahí queda. Pero también digo una cosa: apoyar a Ceuta no significa despreciar al inmigrante, del mismo modo que solidarizarse con quien soporta una crisis en su propia ciudad no convierte automáticamente a nadie en enemigo de quien intenta cruzar una frontera. Convertirlo todo en una especie de examen ideológico permanente es precisamente una de las enfermedades de nuestro tiempo. A veces una camiseta significa exactamente lo que pone en la camiseta. «Todos somos caballas». Punto. Y si el Real Madrid, como institución, decide participar en ese mensaje, tres de sus jugadores no pueden actuar como si el escudo que llevan debajo fuese un detalle secundario. En Ceuta existe además una enorme comunidad madridista y sé personalmente del malestar que produjo la imagen. No hace falta hacer un estudio demoscópico: basta entender que hay aficionados que llevan toda una vida sintiendo el Real Madrid como algo propio y que, en un momento especialmente delicado para su ciudad, vieron a tres de sus estrellas procurando que no se leyera precisamente el mensaje que les mostraba apoyo. Muy edificante todo.
Y hay un detalle que todavía le añade más torpeza al asunto: José Martínez Sánchez, Pirri, presidente de honor del Real Madrid y una de las grandes leyendas de la historia del club, nació en Ceuta. Quizás una pequeña clase de historia madridista tampoco vendría mal de vez en cuando entre tanto representante, patrocinador, publicación de Instagram y gabinete de comunicación. Dos días después, Pirri visitó su ciudad natal acompañado por Florentino Pérez y Emilio Butragueño, donde fueron recibidos por Juan Vivas. Conviene precisar, porque las cosas hay que contarlas como son incluso cuando no nos estropean un buen titular, que aquel viaje ya estaba previsto desde antes de la polémica del Martínez Valero. Precisamente por eso tiene incluso más valor: demuestra que la posición institucional del Real Madrid respecto a Ceuta no nació para apagar ningún incendio mediático. Existía antes de que Mbappé, Vinicius y Konaté decidieran montar, voluntariamente o no, su particular número con una camiseta enrollada. Por eso la crítica hacia ellos me parece completamente legítima. Defender al Madrid no consiste en aplaudir cualquier cosa que hagan quienes visten de blanco. Eso no es madridismo; eso es hacer de palmero. Y cuando tres futbolistas dejan al club en una posición incómoda por una decisión exclusivamente suya, hay que decirlo con todas las letras. A mí me pareció una sinvergonzonería y no tengo ninguna necesidad de buscar treinta eufemismos para escribirlo.
Ahora bien, una vez hecha la crítica a los nuestros —porque nosotros sí podemos permitirnos el lujo de mirar primero dentro de casa— llega la pregunta que da sentido al título de este artículo. ¿Todos somos Ceuta? Porque uno contempla el enorme foco mediático colocado sobre Mbappé, Vinicius y Konaté y podría pensar que el Real Madrid ha sido el único club de España en el que alguien decidió no secundar esta iniciativa. Y resulta que no. Hay un pequeño detalle, apenas una minucia sin importancia, una de esas cosas que casualmente se pierden entre una tertulia y otra: el FC Barcelona, como institución, no participó en este gesto de apoyo en sus recientes visitas al Elche y al Levante. En el partido disputado en Valencia fueron los futbolistas del Levante quienes saltaron con las camisetas de «Todos somos caballas»; los del Barcelona no. Y diferentes informaciones han señalado igualmente que el club azulgrana decidió no adherirse a la iniciativa. Joan Laporta, preguntado posteriormente por la polémica, recurrió a la libertad de expresión y defendió que cada cual hiciera lo que considerase oportuno. Perfecto. Libertad de expresión. Magnífico concepto. A mí también me encanta. Lo curioso es la extraordinaria elasticidad con la que parece funcionar dependiendo del escudo que aparezca en la fotografía.
Porque ahí está precisamente la diferencia que convendría explicar. Tres jugadores del Real Madrid esconden el mensaje y tenemos debate nacional, vídeos desde todos los ángulos, opiniones, editoriales, explicaciones, indignación, análisis sociológicos y poco menos que una comisión de investigación sobre cómo estaba doblada la camiseta de Mbappé. El Barcelona, como club, decide directamente no sumarse y parece que aquello se despacha con mucha mayor naturalidad: libertad de expresión y a otra cosa, mariposa. Y no, una cosa no borra la otra. Que el Barcelona no secundara la iniciativa no convierte en correcto lo que hicieron nuestros tres futbolistas. Ese sería el argumento infantil de siempre: «Mamá, pero él también lo hizo». No. Mbappé, Vinicius y Konaté se equivocaron a mi juicio y merecen la crítica que están recibiendo. Lo que resulta llamativo es que la vara de medir parezca recuperar milagrosamente su flexibilidad cuando llega el momento de mirar hacia otro lado.
Porque el problema no es que se critique al Real Madrid. Que se critique. Faltaría más. El Real Madrid es suficientemente grande como para soportar críticas, algunas merecidas y otras escritas con la bilis habitual. Lo que empieza a cansar es ese viejo deporte nacional consistente en convertir cualquier episodio relacionado con el Madrid en cuestión de Estado mientras determinados asuntos que afectan a otros clubes pasan por la actualidad con zapatillas de fieltro. Si tres madridistas no muestran una camiseta, hay que preguntarse qué significa, qué mensaje envían, qué valores representan y qué debería hacer el club. Pero si otro club entero decide no participar, entonces descubrimos de repente a Voltaire y la sacrosanta libertad individual. Hombre, alguna carcajada se nos tendrá que escapar.
Así que sí: desde aquí censuro sin medias tintas lo ocurrido en Elche. Mbappé, Vinicius y Konaté representan al Real Madrid cuando saltan al césped y deberían haber entendido que aquella camiseta no les pedía pronunciarse sobre política exterior ni resolver las relaciones diplomáticas entre España y Marruecos. Les pedía acompañar durante unos minutos a una población que atraviesa momentos muy difíciles y a la que pertenece, por cierto, una de las mayores leyendas de nuestro club. Fallaron y merecen saber que muchos madridistas no compartimos su gesto. Pero precisamente porque no tengo ningún problema en señalar a los míos, tampoco pienso hacerme el distraído cuando llega la segunda parte de la película.
Por eso vuelvo a la pregunta inicial: ¿Todos somos Ceuta? ¿O solamente tenemos que serlo cuando en la fotografía aparece el escudo del Real Madrid y existe la posibilidad de organizar otra semana de tertulias, aspavientos y superioridad moral? Porque si el lema vale, debería valer para todos. Y si la libertad de expresión sirve para justificar que un club no quiera participar, tendrá que entrar también en la conversación cuando tres futbolistas deciden hacer lo mismo a título personal. Lo que no puede ser es jugar con una baraja distinta dependiendo de quién vista de blanco y quién de azulgrana.
Los tres jugadores del Madrid estuvieron mal. Lo digo siendo madridista y precisamente porque soy madridista. Pero si vamos a repartir carnés de solidaridad con Ceuta, repartámoslos todos.
No vaya a ser que al final descubramos que eso de «Todos somos caballas» también tiene cláusulas, excepciones y, cómo no, colores.







