CRÓNICA | PRESUNTO CANDIDATO: ATLÉTICO DE MADRID 2-1 REAL MADRID

 

Una crónica de: @MiedoEscenico2

La mitad del madridismo temía el partido del Metropolitano tanto como la otra mitad lo deseaba. De aquí excluimos a los que estaban más interesados en que el público atlético pitara a los nuestros que en el partido en sí. Todos sabemos por qué. El caso es que José Mourinho decidió plantar un once inédito hasta ahora, pero que es previsible que acabe siendo el más utilizado por el portugués: Courtois; Dumfries, Konaté, Huijsen, Cucurella; Tchouameni, Valverde; Güler, Bellingham, Vinicius Jr.; y, en punta, Kylian Mbappé. Un equipo presuntamente sólido y compacto, y con presunta capacidad para hacer daño al contraataque con espacios. Pero el entrenador propone y los jugadores disponen, y los únicos presuntos de los que hay que fiarse es de los de pata negra.

Los diez primeros minutos fueron de tanteo. El Madrid tanteó al Atlético, el Atlético tanteó al Madrid, Baena y Güler se tantearon entre ellos, y les salvó de ver tarjeta el estilo presuntamente contemplativo del árbitro bigotudo. En cualquier otra circunstancia, ambas jugadas se habrían saldado con sendas amonestaciones y a nadie le habría extrañado. A partir de ahí, se abrió un período en el que el Real Madrid parecía mantener el dominio del juego, pero una y otra vez se estrellaba contra la organización defensiva del equipo de Simeone. En el ecuador de la primera parte, los números eran elocuentes: cero remates a portería, cero paradas de los porteros y dos remates fuera para cada equipo.

Imagen: realmadrid.com

En el minuto 31, pudimos ver la jugada más representativa del juego del Madrid hasta ese momento: Bellingham recuperaba el balón y retrocedía con él, rodeado de atléticos. A continuación, la abría floja a la banda para que Cucurella la sacara con apuros, y el balón le llegaba a Valverde que, precipitadamente, enviaba la pelota adelantada. Se equivocaba un defensor atlético al tratar de recuperarla y le cedía el balón a Vini, que iniciaba la contra, se paraba, se giraba sobre sí mismo y pasaba la pelota… a un rival. Un despropósito absoluto. Una cabalgada de Mbappé en el minuto 35 se vio interrumpida por Pubill sin intención de jugar el balón y eso permitió que el pacífico árbitro del bigote estrenara su tarjetero. Poco después, se produjo un encuentro poco amistoso entre Bellingham y el Cuti Romero, en que el inglés entraba abajo al argentino, y éste le correspondía con un pisotón brutal en la rodilla, estando en el suelo. La amarilla que inicialmente le había asignado el árbitro al medio madridista acabó siendo trasladada al central atlético, en un acto de justicia, al menos parcial, porque a todos nos pareció una roja como el sombrero de un picador.

A todo esto, esa afición presuntamente ejemplar que dicen sus voceros que es la del Atlético de Madrid llamaba, con entusiasmo, de todo menos bonito a cualquiera con la camiseta blanca, y hasta con el chándal del Madrid. Baena seguía arreando a Güler siempre que tenía la oportunidad, con lo que el partido discurría hacia el descanso sin cambiar gran cosa, incluida la actitud contemplativa del árbitro, por ejemplo, ante una entrada bastante peligrosa de Kang-In-Lee a Valverde, que presuntamente debería ser castigada con amonestación, pero ya saben lo que hay. Así, en el presunto gran derbi, una vez más, se alcanzó el intermedio sin cambios en el marcador y pocos méritos de los dos equipos para que ocurriera nada diferente, aunque es de justicia decir que los últimos minutos fueron de asedio del área local por parte del conjunto madridista.

Imagen: realmadrid.com

Un disparo de Baena desde la frontal en el minuto 48 hizo emplearse a fondo a Courtois, y nos hizo pensar a unos cuantos si el Madrid no estaba volviendo a permitirse el bajón de las segundas partes de estos últimos partidos. En el minuto 50, se nos disiparon las dudas de golpe: Huijsen cometió un penalti infantil sobre Giuliano Simeone, vio la tarjeta roja, VAR mediante, y se nublaron todas las presuntas expectativas positivas que cualquier madridista tuviera sobre el partido. Grimaldo, de penalti, adelantó al Atlético y desencadenó una nube negra sobre la cabeza del equipo visitante. La reacción de Mourinho fue meter en el campo a Rüdiger y a Diomandé en el lugar de Güler, retratado en el penalti de Huijsen, y un Vinicius absolutamente inoperante.

La salida de balón del Madrid se convirtió en una ristra de lanzamientos en largo buscando algo arriba, presuntamente buscando algo que está claro que allí no había, Valverde se abrió a la banda derecha, Diomandé a la izquierda, y Tchouameni se quedó como único medio centro. Jonathan David, a centro raso de Giuliano, no tardó en rematar el desajuste del equipo madridista enviando el 2-0 al marcador del Metropolitano: Cucurella seguía tan abandonado como en el primer tiempo, y el 2 contra 1 de Kang-In-Lee y Giuliano le había superado otra vez, sin ayuda alguna por parte de Diomandé. A la hora de partido, el marcador, el juego y el futuro del equipo madridista aparecían no ya como inciertos, sino directamente pésimos.

Imagen: realmadrid.com

En el minuto 66, Courtois hacía un paradón impresionante, y a continuación, Konaté despejaba bajo palos otro remate local, salvando los muebles por los pelos, y se seguía viendo que el cuadro blanco tenía graves dificultades para superar la situación de inferioridad numérica.

La entrada de Camavinga en el lugar de un Tchouameni todavía en proceso de recuperación no parecía la mejor opción, por ser el joven francés de las rastas un jugador más dinámico, pero menos sólido posicionalmente que su compatriota, pero Mourinho decidió hacer ese cambio en el minuto 71 y a ver quién le tose. Lo cierto es que ese presunto desequilibrio defensivo no fue demasiado evidente y solo un remate de Julián Álvarez, sonoramente pitado por su parroquia al entrar, inquietó al Madrid en los minutos siguientes. Poco después, Diomandé tuvo una buena ocasión, pero optó por cañonear a Oblak de lejos, y al esloveno le bastó con poner una mano dura para desviar el remate ¿Ustedes no echan de menos aquellos goles de vaselina de Raúl de hace un par de décadas o tres, en que el delantero miraba antes de rematar…? Esas cosas ya no se ven, quien sabe si por culpa del algoritmo.

Imagen: realmadrid.com

Bernardo Silva entraba en el campo por Jude Bellingham en el minuto 82 con no se sabe muy bien qué utilidad, porque presuntamente ya no era el momento de mantener el control, sino de buscar zarpazos para intentar equilibrar el marcador, pero ya saben, nosotros no estamos aquí por saber cambiar jugadores, sino para relatar lo ocurrido, y esto se notaría después. Diomandé siguió intentándolo, con bastante poco éxito, y eso fue lo más memorable del ataque madridista en la segunda parte: Mbappé fue transparente, por no decir inútil, y el resto poco hizo para buscar la portería contraria. Simeone, cuyo equipo llegaba con facilidad a posiciones de remate, obligando a Courtois a ganarse el sueldo, no podía dejar pasar el final del partido sin hacer uno de sus típicos cambios cobardicas (Hjulmand por Kang-In-Lee) y, en el minuto 89, un centro de Bernardo Silva sirvió para que Rüdiger cabecease a las redes de Oblak el 2-1, ya saben, el karma y tal.

Se avisó de que el tiempo añadido eran seis minutos, eso que, presuntamente, siempre nos pone cachondos a los madridistas trayéndonos buenos recuerdos… Sin embargo, el equipo blanco no fue capaz de generar prácticamente ninguna jugada que sirviera para equilibrar el marcador, encasquillado en centros frontales y poca precisión en el manejo de balón en esos últimos momentos. Y con el 2-1 final, el Real Madrid se quedó sin los tres puntos, sin la segunda plaza en la clasificación y, sobre todo, sin dar la sensación de ser el presunto candidato a ganar el campeonato que pensábamos que era. Demasiada presunción, quizá ¿no creen?.

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