CRÓNICA | LA AUTOCOMPLACENCIA ES EL ENEMIGO: REAL MADRID 4-1 RAYO VALLECANO

 

Una crónica de: @MiedoEscenico2

Llegaba el Rayo con muchas bajas, como contaba @Pepo2204, al Estadio Santiago Bernabéu, para jugar en esta quinta jornada contra el Real Madrid. Un equipo blanco que había recibido críticas por la forma de ganar al Inter de Milán el pasado martes, y al que Mourinho dejó claro en la rueda de prensa del viernes que está en proceso de mejora. Este capítulo de esa mejora contó, como alineación inicial, con Courtois; Dumfries, Konaté, Rüdiger, Carreras; Valverde, Bernardo Silva; Diomandé, Bellingham, Vinicius; y Mbappé. Esta vez, los palos en las redes sociales vinieron por no contar con Güler como titular. Ya saben, siempre hay un motivo para quejarse, y en X más todavía.

Empezó el partido como el del pasado martes, mucho movimiento, ida y vuelta, aunque sin ocasiones especialmente claras. El Madrid fue poco a poco ajustándose y mejorando, y encontró una vía de agua en el minuto 13: Vinicius mandó un pase profundo para la ruptura de Carreras al espacio, y el lateral izquierdo blanco fue avispado para adelantarse a tocar el balón antes de que el tren Lejeune chocara con él. El penalti, claro e indiscutible, lo ejecutó Mbappé con la paradita tonta habitual, y el gol llegó más porque el portero se decantó antes de tiempo que por la potencia del disparo, bastante flojito.

Imagen: realmadrid.com

Poco después, en el minuto 17, una buena presión de Vinicius obligó a Lejeune a precipitarse jugando el balón, pero el centro del brasileño fue rechazado por el portero indonesio Audero; la pelota llegó a Valverde, que la jugó con Carreras, y éste, a su vez, construyó una pared con Mbappé que acabó con un remate cruzado del ferrolano a las mallas para poner el 2-0 en el marcador. El Real Madrid siguió llegando de forma incesante, especialmente por el lado izquierdo, con Vinicius muy activo e incisivo, y el resto del equipo apareciendo en el área continuamente. Dos centros al área estuvieron a punto de ser rematados por Dumfries, un especialista en cargarla, pero la defensa rayista, especialmente Cissé, evitó sus remates con apuros. Por su parte, el cuadro franjirrojo solamente llevó peligro en ese tramo a través de un disparo lejano de Pedro Díaz, el primero de la noche. Calma chicha en las gradas.

Vinicius ya estaba desencadenado y, en el minuto 35, hizo una fantástica pared con Bernardo Silva, que le proyectó hacia adelante. Llegó al lateral del área, y puso el balón con pericia en la frontal, donde apareció, majestuoso, el león de Birmingham, Sir Jude Bellingham, para enviar el balón a la red con un toque preciso con el interior de su pie derecho. El 3-0 acabó de darle alas al equipo blanco, que siguió percutiendo una y otra vez, con Vinicius rematando con peligro y el portero rayista desviando con apuros, y con Kylian Mbappé impactando con el poste en un remate desde la frontal. Antes del descanso, como si fuera un aviso, Pedro Díaz largó su segundo trallazo de la noche, y Courtois tuvo que emplearse a fondo, poniendo su mano izquierda como si fuera un pedrusco, para desviarla a la banda con muchos apuros.

Imagen: realmadrid.com

En el inicio del segundo tiempo, que nos trajo a Camavinga en lugar de Valverde, el Rayo Vallecano salió a morder y tratar de recuperar distancias, con otro tremendo remate de Pedro Díaz, el tercero, al palo, y aun otro de Pedrosa, tras el rechace, que salió pegado a la portería. Mbappé remató fuera la respuesta del conjunto local, quizá algo precipitado y egoísta. La presión del Rayo, en el minuto 51, obligó a Vinicius a una entrega precipitada atrás, que le llegó a Sergio Camello, que envió un balón no muy fuerte pero colocado, al fondo de la portería de Courtois. Poco después del 3-1, fue Lejeune el que buscó su venganza con otro disparo lejano que sacó Courtois con apuros, y eso ya hizo que José Mourinho saliera del banquillo con dragones furibundos saliéndole de las fauces, encabronado con la autocomplacencia que veía en su equipo.

Aun así, el Rayo siguió con su plan, se apropió del balón y fue, poco a poco, intentando erosionar la fe de los madridistas, buscando opciones a través de dos ocasiones casi consecutivas del georgiano Tsitaishvili, con la sensación de que Carreras estaba un poco abandonado a su suerte. La tranquilidad de la grada había tocado a su fin, y los aficionados del conjunto local empezaron a manifestar su descontento cada vez que el Madrid perdía el balón. Los silbidos se dispararon cuando Lejeune llegó al área madridista en el minuto 65 y remató otro balón fuera. Ahí el Real Madrid hizo el esfuerzo de elevar la presión, y poco después, Tchouameni relevó a Bernardo Silva en el doble pivote: hormigón en el centro del campo para intentar anular el control del juego del Rayo. Hasta ese momento, la sensación era la de que el Madrid estaba jugando en el filo de la navaja con un resultado suficiente, mientras el Rayo seguía empujando para conseguir acercarse algo en el marcador.

Imagen: realmadrid.com

La entrada de Güler por Diomandé en el minuto 72 permitió que alguien pusiera algo de pausa y, sobre todo, intención de resolver el partido, en el juego del Madrid, pero el drama se desencadenó, momentáneamente, cuando el turco, recién entrado al campo, le propinó a Tchouameni una entrada involuntaria que le dejó el tobillo como una fuente de boquerones fritos. Sendos remates de Dumfries y Rüdiger, tras dos maravillas de centros de Güler a portería, se encontraron con dos grandes respuestas por parte del guardameta Audero, y el Madrid no acababa de sentenciar. El indonesio también desviaba otro espectacular disparo de Güler, y el turco, en cada balón al área – y hubo cuatro seguidos-, mandaba un caramelo envenenado para los rayistas.

Vinicius salía del campo en el minuto 88, sustituido por Cucurella (segunda vez que Mou acaba un partido con doble lateral izquierdo) y, casi cumplido el tiempo, una gran conducción al contraataque de Camavinga le hacía llegar el balón a Güler que, a su vez, asistía a Mbappé para que marcase su segundo gol con un remate cruzado, y le echase el cierre al partido con el 4-1 final. El resultado final es el reflejo del primer tiempo que ha jugado el Madrid, pero hay que analizar muy en profundidad lo ocurrido en la segunda parte, en que el rival ha tenido media hora de dominio que, de haber contado con mejores delanteros, podría haberle costado caro al Madrid. Parece evidente que uno de los trabajos que tiene Mourinho esta temporada es hacer entender a los jugadores blancos que van a tener muchos y muy diferentes rivales, pero su peor enemigo será su propia autocomplacencia…

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