CRÓNICA | SOLÓ CON EL BRAZO DE LUNIN: DEPORTIVO DE LA CORUÑA 0-1 REAL MADRID

Una crónica de: @MiedoEscenico2

 

Volvía el fútbol a La 1 porque volvía el Real Madrid, el mejor club de España, al torneo con más solera del verano español, el Teresa Herrera, en su edición LXXXI. Y para esta ocasión, apareció un Real Madrid vestido de color burdeos y con un once similar al de los anteriores partidos de pretemporada. Lunin guardando la portería, con una línea defensiva formada por Dumfries, Rüdiger, Huijsen y Carreras; un doble pivote novedoso, con Camavinga y Bernardo Silva; una línea de tres medias puntas con Brahim, Güler y Vinicius, y Endrick como delantero. Como resumen, hay que decir que la primera parte del Madrid fue un truño sideral. Echarle la culpa al eclipse, al calor o a que todavia no está muy rodado el equipo puede valer como excusa, pero el juego fue lento y pastoso, lo poco que pasaba era fácilmente anticipable para el conjunto coruñés, y no se veían grandes mejoras en relación a otros partidos. De hecho, era llamativa la facilidad con la que el Depor sacaba el balón jugado, superando con pausa y oficio la presión, por llamarla de alguna manera, que trataba de ejercer el Madrid de Mourinho. 

Se vio mucha voluntad en Brahim y Endrick, y también se sufrieron algunas jugadas sinceramente evitables de Rüdiger, Carreras, Camavinga y Vinicius, pero la sensación general era que el cuadro blanquiazul jugaba como un bloque, y en el Madrid todo se apostaba a la ocurrencia individual de algún jugador. Tampoco vayan a creerse que ese orden táctico del equipo local se tradujo en peligro alguno: el único remate a puerta del Depor, en toda la primera mitad, fue un cabezazo del central Nuobi en el minuto 45, que fue al centro de la portería y que detuvo Lunin con seguridad. El guardameta ucraniano, una vez asegurado el balón, oteó el horizonte, divisó a Brahim corriendo hacia campo rival, y le mandó la pelota con el brazo a 45 metros. El hispanomarroquí controló con el pecho, y echó a correr como una liebre hacia la portería de Leo Román, consiguiendo plantarse ante el portero y mandar el balón a la red con un remate relativamente sencillo. El 0-1 fue prácticamente lo último que pasó antes de que el árbitro enviara los dos equipos a los vestuarios. 

Imagen: realmadrid.com 

Tras el descanso, salieron del césped Rüdiger, Brahim, Güler y Endrick, y dejaron paso a Trent, Mario Rivas, Valverde y Espí. Volvía Mou a probar el doble lateral en la derecha, juntaba a Camavinga y Valverde de nuevo en el eje, y el equipo fue llevando algo más de peligro en los primeros minutos del segundo tiempo, especialmente a balón parado. Espí marcaba un gol a pase de Camavinga, que se anulaba por fuera de juego, y el Madrid iba mejorando su control de los espacios y del juego, aun renunciando en algunos momentos a la posesión. A la hora de partido, fue el Depor el que cambió a medio equipo, buscando la frescura que se veía que iba perdiendo a medida que avanzaba el tiempo. En el minuto 70, la entrada de Cestero por Vinicius nos dejó a todos con sensación de que Mou pretendía mejorar el control sobre el juego renunciando a una baza ofensiva importante como el brasileño. Sin embargo, una pérdida de Camavinga, casi a continuación, nos dejó claro que lo de mejorar el control no iba a ser tan fácil. 

El tramo final del partido volvió a ser más de lo mismo: un Madrid lento y romo en ataque (la línea de tres la conformaban, en un momento dado, Dumfries, Bernardo Silva y Camavinga) que tenía un perro para cazar, pero no tenía ni escopeta ni balas. El cabreo de Mou era considerable, pero es que tampoco parecía muy claro qué tenía que hacer el equipo, que tenía la pelota pero no sabía muy bien qué hacer con ella. Alexis Ciria entró por Bernardo Silva a falta de cinco minutos, pero no dio apenas tiempo a nada, más que a un par de paradas de Lunin, en la típica empanada final de los partidos de años anteriores. Lamini Fati también entró por Carreras, a darle más solidez a la defensa para la prolongación, certificando que la idea es no perder lo conseguido y que un 0-1 valdrá 3 puntos en cualquier partido de los importantes. Así que, sin pena pero tampoco con demasiada gloria, el Real Madrid se llevó el Trofeo Teresa Herrera, con un partido del que solamente quedará el recuerdo del alcance del brazo de Lunin. Esperemos que, de aquí al inicio de las competiciones de verdad, el equipo salga a competir de una manera más dinámica y eléctrica, ese estilo que Mou implantó en su momento y que, de momento, ha aparecido con cuentagotas. 

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