CRÓNICA | HALLOWEEN SE ADELANTÓ (Y CAMBIÓ DE ACERA): FC BARCELONA 1-2 REAL MADRID

 

Una crónica de: @MiedoEscenico2

La semana había ido animando un poco al personal, tanto por la derrota del Barcelona en París como por la eficiente victoria del Madrid ante el Leipzig, como contaba nuestro Pepo en su Previa. Sin embargo, el domingo había empezado con una noticia descorazonadora: Courtois estaba con gripe y no podía viajar a Barcelona. Un ratito después, la noticia era que quizá estaba mal, pero no tanto, y que quizá cogería un avión. Finalmente, el belga se quedó en casa con el termómetro y la manta, y los más derrotistas pensaron que la película de terror que pensaban que sería la visita al Nou Camp iba a acabar en una carnicería. Para superar el susto, Mourinho confió en el témpano ucraniano Andrey Lunin, al que defendía la retaguardia esperable, con Valverde, Konaté, Huijsen y Cucurella. La sorpresa venía en el doble pivote, formado por Tchouameni y Bernardo Silva. La linea de tres media puntas, conformada por Güler, Bellingham y Diomandé, con Mbappé en punta, no fue ninguna novedad, pero tampoco era demasiado tranquilizador. Sí que parecía que el Madrid no salía achicado, y que iba a disputar la posesión del balón por momentos.
El primer cuarto de hora fue una buena muestra de que íbamos a vivir preocupados por lo que pasara, y también de que el Barcelona tampoco iba a estar demasiado relajado. El Real Madrid entró concentrado al partido y se notó desde el primer minuto: Tchouameni parecía haberle pedido prestadas sus tijeras de podar a Casemiro, y aparecía aquí y allá rebañando balones, y a la línea defensiva no le temblaba el pulso al sacar la pelota jugada, aunque a nosotros se nos saliera un poco el corazón por la boca. Güler no tenía el día y elegía todo al revés, pero sus movimientos ofensivos, y el instinto de Bernardo Silva a la hora de achicar espacios, se combinaron para permitirle al Madrid generar un par de jugadas peligrosas. Valverde partía de la posición de lateral derecho y, no obstante, alcanzaba con facilidad posiciones más centradas para salir rápido y castigar la defensa adelantada del Barcelona, mientras Mbappé y Diomandé no acababan de estar demasiado finos a la hora de encontrarse y producir ofensivamente peligro.
Imagen: realmadrid.com
La posesión favorecía al Barcelona pero con llegadas poco frecuentes al área del Madrid, en la que Tchouameni y Huijsen ayudaban a Cucurella a detener a Lamine Yamal, mientras Bernardo Silva ayudaba en el otro lado a Konaté y Valverde. Un remate de Güler, rechazado por Joan García, fue el único remate blanco a portería en los primeros 25 minutos, pero ese punto de inflexión inició algo diferente: Fede Valverde se dolía de la pierna izquierda, Dumfries calentaba, Xavi Espart se dolía de la pierna derecha, Balde calentaba, y el Madrid ocupaba espacios más adelantados por momentos, valiente y decidido a no dejarse amedrentar. Finalmente, fue Balde el que entró por Espart y eso dejó emparejado a Diomandé con Joao Cancelo en la banda izquierda del ataque blanco. Un caramelo para hacer truco o trato, vaya.
Bellingham tenía cogida la matrícula a Rodri y no le dejaba pensar al jugar la pelota, al mismo tiempo que Bernardo Silva defendía con pericia cada incursión de los centrocampistas rivales, eligiendo con oficio el momento adecuado para saltar a interrumpir la fluidez del juego local. Cucurella sufría cada vez que Lamine Yamal le sacaba de sitio, y cometía faltas, a veces inevitables y otras innecesarias. En el minuto 42, llegó la primera calabaza de la noche: una salida a la contra en la que Bernardo Silva propulsó a Cucurella, que, a su vez, adelantó el balón para que llegará Diomandé al área; el marfileño puso el pase de la muerte y Gerard Martín trató de despejarlo, pero la pelota salió hacia donde entraba un Mbappé que, sin querer, se encontró con un gol inesperado.
Imagen: realmadrid.com
El 0-1 fue como un rejón para el Barcelona, que se lanzó a la desesperada hacia la portería madridista, en la que se erigieron como colosales las figuras de Tchouameni, imperial en el corte, y Lunin, gélido y sólido como un Frankenstein gigantesco. Antes del descanso, todavía habría margen para que el conjunto madridista hiciera dos salidas más con peligro, una finalizada con un remate al palo de Mbappé, aunque invalidada por fuera de juego, y otra de Diomandé, que acabó en un remate al lateral de la red.
El inicio del segundo tiempo fue una continuación de lo visto en el primero, con el Barcelona acercándose a las inmediaciones del área visitante buscando crear peligro, y el Madrid saliendo al contraataque con rapidez. El Madrid arrancó tres veces y, por errores en el desarrollo de la jugada (a Bellingham se le acabó el oxígeno y no encontró a Mbappé), por imprecisiones o por excesos de confianza, se echaron a perder, incluyendo una salida en la que Cancelo le clavó los tacos en el gemelo a Diomandé, sin revisión del VAR, ni castigo por ello. Sin embargo, en la primera vez en que el Barcelona encontró un resquicio en la defensa blanca, Pedri filtró un balón para Raphinha, y el brasileño envió el balón de forma inapelable, entre las piernas de Bellingham, al fondo de la red de Lunin, poniendo el 1-1 y trayendo de nuevo al partido los fantasmas para el madridismo.
Imagen: realmadrid.com
A raíz del empate a uno, Mourinho retiró a un Valverde renqueante y metió en su lugar a Dumfries, al que le costó un rato enterarse de que estaba en un partido de la máxima exigencia, porque entró como un zombie. Güler emergió, ahora sí, y lanzó un torpedo que Joan García despejó con dificultades. Una mano de Balde en el área local disparó las protestas blancas, pero el árbitro dijo que no era nada, como era de esperar en un tipo con esa pinta de vampiro. Mbappé fallaba los remates y los pases, y empezaba a parecernos una bruja, mientras a Diomandé no sabemos si le empezó a costar tomar decisiones acertadas por el pisotón de su pierna, o porque le faltaba el aire.
No hemos dicho apenas nada de él, pero Jude Bellingham seguía, incansable, moviéndose desde el lado izquierdo hasta el centro del ataque, tratando de llevar peligro con más empuje que precisión. Un día malo de Bellingham es un día de trabajo incesante para él, y cuesta ser crítico con un jugador así. Otro al que apenas hemos mencionado es a Huijsen, pero hay que señalarle como un auténtico gigante en la zona defensiva, cerrando su zona e iniciando el juego.
Imagen: realmadrid.com
Para el tramo final, Mourinho incluyó a Camavinga, que entró por Bernardo Silva, en el minuto 79, y el Madrid, desde luego, no daba sensación de miedo, aunque sí de cansancio. El flanco de Dumfries era un absoluto coladero, y Gordon, otro con cara de bruja, se relamía sin parar generando ocasiones para el equipo catalán. Una entrada del de la cara de bruja a Güler supuso bronca, y el árbitro lo dejó en tarjeta amarilla, así que Flickr metió a Adeyemi para castigar del todo a Dumfries, pero le salió el tiro por la culata. Una genialidad de Bellingham habilitó a Camavinga y a Güler, que se la puso en profundidad a Don Eduardo y el francés, superando a Cubarsí, le puso un balón franco a su compatriota Mbappé para que marcase el 1-2 en el minuto 89.
En el descuento, el Barcelona tuvo el balón y el Madrid se compactó de forma automática para que el balón no circulase por el medio. Una pérdida de Diomandé hizo que volvieran a asomar los fantasmas entre la parroquia blanca, que estaba contando los segundos para recoger sus calabazas. Quizá por eso el marfileño, y también Güler, dejaron su sitio a Trent y a Espí, ya en el tiempo añadido. En su empeño porque pasaran pocas cosas, mientras el árbitro alargaba el partido, el Madrid largaba balones lo más lejos posible, y Mbappé rascaba dos tarjetas amarillas en una misma jugada. Y, con el pitido final del árbitro, el Madrid ganó el partido, recortó tres puntos, se adelantó en el average particular y traspasó todas las dudas y todas las pesadillas a la acera de enfrente. Recuérdenselo a los periodistas fantasmas y mamporreros del Barcelona, que andaban muy subiditos estos días: el Madrid siempre vuelve. Y disfrútenlo, sobre todo eso. Disfruten.
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