CRÓNICA | IGUAL NO ESTAMOS TAN MAL, OIGA: REAL MADRID 4-1 RB LEIPZIG

Una crónica de: @MiedoEscenico2
Tras la victoria frente al Sevilla, en que el equipo pareció jugar a otra cosa, y el resultado acompañó, llegaba otra jornada de Champions League, esta vez en el Bernabéu, en la que el Leipzig visitaba el coliseo blanco tras un duro castigo recibido a manos del Bayern de Múnich el fin de semana pasado. Mou avisó en la rueda de prensa de ayer, y nuestro Pepo también en su Previa, de que los alemanes no eran exactamente el espantajo al que el equipo bávaro le había pasado por encima. José Mourinho apostó para el partido por una formación inédita, con Camavinga y Bernardo Silva en el eje, al menos en teoría, con Güler, Bellingham y Vinicius por delante, y Mbappé en punta. En la linea de defensa, repetía Valverde, y le acompañaban Rüdiger, Huijsen y Carreras, todos ellos defendiendo a Thibaut Courtois como guardameta.
Hubo un momento de la primera parte en que este humilde cronista estuvo tentado de titular esto «Courtois y diez más». El belga hizo un primer tiempo sencillamente perfecto, hizo cuatro paradas, dos de ellas especialmente difíciles, y mantuvo al equipo tranquilo y sin perder el equilibrio mental. En ataque, lo más destacado de los 42 primeros minutos lo hizo Vinicius, con un par de remates duros y a puerta que comprometieron a Vandervoort, el portero visitante que, con ese apellido, quedaba claro que era flamenco, pero de Flandes, no de olé con olé.

Imagen: realmadrid.com
La sensación de esa primera mitad no era buena, no nos engañemos. Es verdad que la disposición de los jugadores no era exactamente la previsible al ver la alineación: lo más llamativo era la posición adelantada de Bernardo Silva, a veces incrustado en la línea defensiva rival, y otras buscando asociarse por dentro, pero jugando más de espaldas a la portería que de cara. De hecho, el principal momento en que se puso de cara a la portería fue cuando, en el minuto 43, remató en el área pequeña el rechace del portero ante un remate de Güler, y puso el 1-0 en el marcador. A esas horas, el Leipzig había transmitido más sensación de peligro, había llegado en algunas contras eléctricas aprovechando el desierto que aparecía en la frontal del área madridista en algunos momentos. Especialmente, Nusa torturó a Valverde, castigándole dos o tres veces la cintura, y evidenciando que el charrúa, aunque sea el mejor lateral derecho de la plantilla, no es lateral derecho, disculpen el oxímoron.
Después del descanso, más animado el Madrid por el resultado a favor, salió con decisión a aumentar la ventaja, y lo consiguió relativamente pronto. Un buen centro de Bellingham con la zurda, desde la banda izquierda, permitía a Mbappé elevarse de cabeza y dejar la pelota botando casi en la linea de gol, donde el turco Arda Güler, pleno de ambición, la empujaba al fondo de la red. El 2-0, en el minuto 52, abrió un nuevo partido, de ida y vuelta, con el Leipzig más animado a buscar un gol para equilibrar la contienda, y el Madrid saliendo al galope con cada balón recuperado. En un partido así, empezaron a sucederse ocasiones y fue creciendo la figura de Valverde, incansable martilleando la banda derecha, acompañado de un Güler magistral en cada acción. El Madrid siguió, persistente, llegando por momentos a la portería rival, aunque Mbappé no tenía el día jugando el balón, ni tampoco llamaba la atención por su actitud defensiva, entiéndase la ironía.

Imagen: realmadrid.com
En el minuto 70, entraban Cucurella y Diomandé al campo sustituyendo a Carreras y Vinicius Jr., pero no supuso un cambio radical en el desarrollo del partido. Al Madrid le interesaba que no pasaran muchas cosas y sobre todo que, si pasaban, fuera lejos de la portería de Courtois. Así que apenas rifó balones innecesarios y tocó con paciencia hasta buscar la opción de aumentar la ventaja. En el 78, fue Arda Güler el que dejó su sitio a Brahim Díaz, y el Madrid mantuvo su dibujo y la dinámica anterior, si bien Bellingham comenzaba a dar señales de estar sufriendo cortocircuitos, mientras Camavinga se iba agigantando y acababa el partido pleno de olfato para recuperar balones. Y, después de esto, sí que se desencadenó la traca final.
En el minuto 83, Mbappé recibió un balón de Diomandé en el balcón del área, algo escorado, repasó mentalmente los viejos videos de Cristiano Ronaldo que veía de niño y enchufó, como si no costara nada, un disparo colocado y duro que entró casi por la escuadra, que llevó el 3-0 al marcador y que abrió de golpe el tarro de las esencias. Mientras aún estaban en la nube los jugadores madridistas por el gol del francés, el Leipzig largó un ataque hilvanado por el medio para acabar dejando a dos tíos solos contra Rüdiger, y fue Gomis el que batió por bajo a Courtois para poner el 3-1. Prácticamente en la siguiente jugada, el Madrid recuperaba el balón, salía a la contra y un buen centro de Brahim desde la derecha era empalmado con una volea impresionante por Diomandé a la escuadra, para conseguir el cuarto de la noche para los blancos en el minuto 87. Endrick y Espí entraron a sustituir a Mbappé y Bellingham justo después, y el ariete todavía tuvo una oportunidad, pero el balón fue al lateral de la red, con lo que el resultado final se quedó en un 4-1 que permite al Madrid continuar su racha de victorias en la competición europea y mantener la condición de invicto en el Bernabéu en lo que va de temporada. Y también vale para mirar al partido del próximo domingo en Barcelona con algo más de optimismo. Que igual no estamos tan mal, oiga.







