CRÓNICA | ELOGIO DE LO SIMPLE: RCD ESPANYOL 1-2 REAL MADRID

Una crónica de: @MiedoEscenico2

 

Había ganas, muchas ganas. Por fin, el primer partido oficial de la primera temporada de la segunda etapa de José Mourinho para el Real Madrid. Había expectación por conocer cuál sería la primera alineación del portugués, y no dejó lugar a dudas: salió con lo mejor que tenía, al menos, en teoría. Courtois defendía la portería y, por delante, la línea de zagueros estaba compuesta por Dumfries, Konaté, Huijsen y Carreras. El doble pivote lo formaban Valverde y Bernardo Silva, en la línea de tres adelantada estaban Güler, Bellingham y Vinicius y, arriba del todo, Mbappé. El escenario, el estadio de Cornellá, hogar del Espanyol de Barcelona.
El partido empezó con intensidad por ambas partes, en el caso del Madrid buscando el balón y, en el del Espanyol, rascando las tibias a Vinicius. Los intentos del equipo blanco de llegar al área rival obtuvieron fruto antes de los diez minutos de juego: una falta escorada en la zona izquierda del ataque blanco fue sacada con maestría por Arda Güler y rematada con clase por Jude Bellingham, en pugna contra dos defensas, al fondo de la red de Dimitrovic. A partir de ese momento, sólo Güler y Bellingham parecieron querer seguir haciendo algo por ganar: Mbappé tuvo alguna ocasión, pero el portero españolista se mantuvo serio y firme, y no permitió que el francés marcara el segundo. Vinicius siguió recibiendo faltas y se embarcó en su propia cruzada contra el arbitraje, mientras Bernardo se iba diluyendo y Valverde se movía por todo el campo pero sin ir a ningún lado. 
Imagen: realmadrid.com
A la media hora, los pericos, que habían ido tomando la iniciativa y generando acercamientos al área blanca, consiguieron su botín: Cala remató un centro desde la línea de fondo a gol y empató el duelo. El 1-1 dejó al Madrid en una especie de limbo contemplativo durante unos minutos en que veíamos a Mou con cara de querer matar a alguien, y no a besos precisamente.
El cuadro madridista fue incrementando el dominio, aunque los blanquiazules tuvieron otra ocasión bastante clara, y llegó al descanso con mayor sensación de peligro blanco pero sin conseguir nada concreto. A la vuelta del vestuario, se mantuvo la misma tendencia, y también el mismo resultado, nada útil, más allá de una sucesión de corners, y alguna ocasión aislada.
Imagen: realmadrid.com
Mourinho dio entrada en el minuto 60 a Cucurella y Diomandé por Carreras y Güler, pero tampoco cambió gran cosa el percal. Mbappé se diluyó, Vinicius siguió intentándolo sin conseguir nada más que corners, y Diomandé tampoco hizo nada especial. Bernardo Silva, Dumfries y Bellingham dejaron su sitio en el minuto 79 a Camavinga, Trent y Espí, con Mou quemando sus naves con un once muy diferente del inicial. Mbappé siguió fallando lo mismo, Vinicius siguió fallando lo mismo y, Mourinho vio exactamente lo mismo que el madridismo ha estado viendo estos dos últimos años.
Sólo un factor inesperado podía darle los tres puntos al Madrid, y ese factor era Carlos Espí. Una jugada desde la banda derecha iniciada por Diomandé llegó a duras penas a Mbappé, que no parecía tener muy claro qué hacer con el balón. Espí pasaba por allí y, con dos toques toscos, y otro más con la derecha, simplificó la jugada hasta reducirla a un gol que valía tres puntos y un inicio de Liga positivo con la victoria por 1-2 en Cornellá. Y es que, a veces, lo simple es lo mejor.
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