CRÓNICA | Rizar el rizo (Y salir trasquilado): RB Leipzig 3 – 2 Real Madrid

Una crónica de: @MiedoEscenico2

Se presentaba el Real Madrid en Leipzig con las bajas consabidas de Valverde, Modrić y Benzema, y Ancelotti decidió agregarle aún más emoción reservando a tres cuartas partes de la línea defensiva, con lo que en retaguardia aparecían Lucas Vázquez, Militao, Rudiger y Nacho. Marco Asensio era la otra novedad, aunque nos quedaba la duda de si aparecería como falso extremo derecho, como falso 9, o como media punta por el medio, en esa posición que él dice que es la suya y que le permite la conexión entre la zona de creación y la de remate. Finalmente fue extremo derecho, por llamarlo de alguna manera.

Es decir, que Ancelotti salía buscando la victoria o el empate que le diera definitivamente el primer puesto del grupo con un equipo propio de puerta grande o enfermería, repleto de rotaciones (algunas de ellas obligadas) y de outsiders con teóricas ganas de demostrar su valía. Tratando de rizar el rizo y cerrar la boca a los “expertos” que, a cada once anunciado, le dicen lo que tendría que haber puesto. Ya saben, la ignorancia es atrevida. Lo que pasa es que, en esta ocasión, la apuesta era quizá demasiado arriesgada.

Veinte minutos después del arranque del partido, comprobamos que, efectivamente, lo había sido. El marcador ya señalaba un 2-0 a favor del conjunto de las bebidas energéticas, y los nuestros solamente habían rematado un par de veces, fuera. El RB Leipzig salió a morder y, ya en el primer minuto, Courtois tuvo que sacar un balón comprometido, ante una jugada relampagueante de los alemanes. Aun así, el Madrid pareció templar gaitas y domesticar a su rival, pero sin transformar ese control y sobriedad en nada eficaz; más bien al contrario, en el minuto 14, erró en un córner, en que el marcaje displicente de Asensio permitió un cabezazo de André Silva, rechazado con un paradón impresionante de Courtois, pero cuyo rebote fue aprovechado por Gvardiol para marcar el primero de la noche ante la modorra de la defensa madridista.

Imagen: realmadrid.com

Mientras los blancos se seguían quitando legañas, el Leipzig estiró las garras un par de veces más, con Nkunku rematando al lateral tras una escapada de la defensa, y un disparo de Haidara que Courtois, cada vez más cabreado, envió a córner. Tras el saque de ese córner, en el minuto 19, el balón acabó llegando a Nkunku, solo ante Courtois, que remató duro y alto, rebotando la pelota en el larguero antes de entrar en la portería madridista. Veinte minutos y el rizo, en vez de rizarse, se había quedado completamente liso.

El Madrid, tras ese momento de estulticia, se recuperó, e intentó darle la vuelta al asunto, pero el equipo de Leipzig tenía muy claro lo que tenían que hacer para desactivar el juego madridista: presionar a Kroos para que no mirara ni hacia adelante, ni hacia los lados. Nos pareció que Camavinga se movía con libertad, pero es que no les preocupaba tanto. Nos pareció que Tchouameni no se veía especialmente exigido, pero no les preocupaba tanto. Les bastaba con ahogar a Kroos para amortiguar la mitad del peligro blanco. La otra mitad, una constante durante todo el partido, era saltar a anticipar posibles movimientos de Rodrygo entre líneas, y fueron tremendamente eficaces en eso.

Así que la primera parte transcurrió en esos parámetros, el Madrid llegando mal y toscamente, y el Leipzig esperando sus momentos, para lanzar a Nkunku en pos de balones llenos de veneno. Hasta que, en el minuto 44, se reunieron todas las condiciones que suelen desmontar a los equipos alemanes: lo imprevisible. Porque nadie pensaba que Asensio, que dice que juega mejor por dentro, hiciera de extremo derecho. Nadie pensaba que llegaría a línea de fondo por pura velocidad, ni que centraría con la derecha, él, el más zurdo del lugar. Nadie pensaría que, en el punto de penalti, estaría esperando Vinicius ni que, con un cabezazo entre casual y afortunado, enviara la pelota al fondo de la portería de Blaswick, previo toque en el poste. El partido, por tanto, se fue 2-1 al descanso, y con esa sensación tonta de que podía pasar cualquier cosa, una vez que el Madrid se había desperezado del todo.

Imagen: realmadrid.com

En todo caso, el ejercicio de impotencia de la segunda parte vino dado por un equipo visitante romo, con Rodrygo desactivado, Asensio en su versión transparente, y un Vinicius empeñado en protagonizar la mayoría de las jugadas ofensivas, y echando a perder un ataque tras otro, y unas cuantas buenas oportunidades también. Un pase en profundidad de Kroos en el que el alemán se había dejado el alma y la verticalidad; otro, en forma de taconazo de Rodrygo, que le había dejado en carrera y enfrentando el marco rival; y la última, gracias a otra penetración de Asensio, esta vez por la izquierda, que el brasileño remató fuera. Si a todo esto le añadimos 26 balones perdidos a lo largo del partido, queda claro que no fue su día, a pesar de haber marcado un gol.

El tema de Tchouameni es digno de estudio, también. Como medio centro defensivo tuvo participación, claro, y llegó a jugar la pelota en 91 ocasiones. Y es evidente que hizo un buen partido en términos defensivos, ganando tres cuartas partes de los balones divididos. Pero resulta llamativo, en un jugador que desempeña ese rol, que no cometiera absolutamente ninguna falta. Aunque me llamarán oportunista por ello, creo que, en ocasiones, hace falta un tipo de aquel perfil patibulario de Casemiro que, cuando veía al equipo desbordado o pasándolo mal, soltaba una hostia que le costaba una posible tarjeta, pero ponía un cartel en mitad del campo que decía “CUIDADITO AQUÍ”. No digo que sea necesario que Tchouameni se ponga a repartir, pero poner ese cartel a veces no viene nada mal…

Con semejante panorama, y sin conseguir que el marcador se moviese, Ancelotti optó, a falta de 20 minutos, por introducir a dos defensas titulares, Carvajal y Alaba, por dos suplentes, Lucas Vázquez y Nacho, lo cual no sonaba mal del todo. Lo que nos sorprendió a todos los que veíamos el partido fue la decisión, siete minutos después, de meter a Hazard y eliminar a Toni Kroos de la ecuación, doble o nada, all in, con lo que el Madrid perdió, de una tacada, el control del centro del campo, el timón y el sentido común. No es extraño que, apenas un par de minutos después, una buena contra conducida por Simakan, acabara con el lateral poniendo un pase de la muerte que Werner empujó a la red, con Militao haciendo algo que no acabamos de entender, y permitiendo que subiera el 3-1 al tanteo.

Imagen: realmadrid.com

De ahí al final, nuevo ejercicio de incapacidad del Madrid para cambiar algo, entradas por un lado y por otro sin conseguir nada efectivo, hasta que Rodrygo, tras un saque en corto de un córner, decidió explorar el lado derecho, internarse en el área, y recibir un penalti evidente de Nkunku, que le trabó al intentar rebasarle. El propio Rodrygo, calcetines de pólvora, transformó el penalti en gol, edulcorando el resultado, pero ya en el penúltimo minuto del descuento, que un escrupuloso Orsato cumplió prosaicamente, sin añadir los dos minutos de comprobación del VAR y protestas alemanas.

Qué quieren que les digamos, el 3-2, aparte de ser la primera derrota del equipo en lo que va de temporada, nos deja un sabor de boca agridulce, porque sabemos que el Real Madrid tiene otra opción, seguramente la más sencilla, en la última jornada frente al Celtic. Pero también sabemos que este partido lo ha perdido el Madrid más que ganarlo el rival (sin duda, un conjunto muy competente), por arriesgarse innecesariamente, teniendo las bajas de Modrić, Valverde y Benzema, a poner a la defensa suplente. Esperemos que, contra el cuadro escocés, Ancelotti no reserve nada, y que deje las rotaciones para la Liga, donde los rivales son de menor entidad. Llega el Girona el domingo, y a equipos de ese nivel sí debería ganárseles con la defensa suplente. Porque hoy, queriendo rizar el rizo, nos han dado un trasquilón.

Y sí, Carletto, hemos echado de menos en el partido de hoy a Arribas y a Dotor. Quizá tengan menos cartel que otros, pero hoy era el día de probar sus virtudes como centrocampistas, porque era donde hacía falta. Haznos caso, que te irá bien…