DEGUSTACIÓN DEL VERANO DEL REAL MADRID DE BALONCESTO

Un artículo de: @MurdockTeniente

 

Estamos viviendo un verano bastante convulso en lo relacionado con el R. Madrid de Baloncesto, pero es que el pasado también lo fue. Esperemos que esto no se convierta en tradición; los mayores éxitos recientes del equipo se han cosechado en una época en la que los veranos eran bastante insulsos a nivel de rumores y fichajes y apenas variaban dos o tres jugadores de una temporada a la siguiente.

Sin embargo, aunque pueda parecer contradictorio, por lo general, al aficionado medio del R. Madrid de baloncesto (y quizás también al de cualquier otro equipo) parece que le gustan más los rumores y posibles fichajes con los que se inundan los medios de comunicación y las redes sociales durante el verano, las también llamadas “pajiplantillas”, que luego el día a día de una temporada que se alargará durante casi nueve meses. Es algo similar a cuando durante toda la semana se prepara un plan que tendrá lugar durante el sábado; al final pudiera parecer que se ha disfrutado más durante la preparación, gestión y organización de un evento o actividad, que luego durante la misma.

En ocasiones, la ilusión en la confección de una plantilla durante el verano se contrapone con el excesivo catastrofismo en el que en múltiples ocasiones el aficionado cae cuando se pierde un partido de liga regular que apenas pueda tener importancia o trascendencia al final de la temporada o cuando un jugador concreto encadena tres partidos en noviembre jugando mal. Las redes sociales son un vergel inagotable de razonamientos catastrofistas de todas las formas y colores después de cada partido, se pierda, se gane, se juegue bien, se juegue mal o todo lo contrario.

Es complicado valorar con cierta objetividad cualquier movimiento de nuestro equipo en el mercado; lo primero porque al ser “nuestro equipo” eso ya implica una emoción o un sentimiento que te aleja, en mayor o menor medida, de dicha objetividad. Por eso hay tantísimas opiniones y tan extremas sobre cualquier fichaje o cualquier baja que se produzca en el equipo. Además, al aficionado siempre le va a faltar información sobre el porqué de cualquier movimiento, sobre todo teniendo en cuenta la poca transparencia que tiene en este sentido, para bien o para mal, la sección de baloncesto del R. Madrid. No obstante, cualquier madridista debería partir de la idea de que, ya sea Juan Carlos Sánchez, Chacho o quien esté en ese momento como responsable de la sección, su objetivo final es conformar un equipo que al final de la temporada haya conseguido ganar títulos; es el principal interesado. Tema aparte es que cada uno tenga una opinión sobre si su gestión es más o menos buena o si debería haber hecho tal o cual cosa.

Lo que sí que deberíamos tener presente es que a la hora de confeccionar un equipo se ponen en juego multitud de factores, algunos de los cuales se les suelen escapar al aficionado de a pie, pero que son de gran importancia. Cualquier aficionado medio de baloncesto podría hacer un fenomenal equipo capaz de optar a la Final Four eligiendo los mejores cromos que han destacado la temporada anterior, tanto en Euroliga como en la NBA. Lo que no es tan fácil es encontrar en sus comienzos a jugadores como Deck, como Campazzo, como Llull… Estos jugadores se fichan pensando en un futuro a medio-largo plazo y suponen un mínimo riesgo económico, con mucho que ganar y poco que perder. Esperemos que Procida y Shulga puedan finalmente encajar en este grupo. A los buenos ya los conocemos todos, pero a los que lo van a petar en unos años…

Estos son algunos de los condicionantes a los que se enfrentan los encargados de confeccionar la plantilla del R. Madrid:

Los finiquitos y las cláusulas que tantos aficionados han reclamado a lo largo de la temporada pasada y al final de la misma. Es de perogrullo, pero eso cuesta dinero. Dejando a un lado si se está a favor o en contra de ello o si fue una decisión acertada, la firma en su día por tres años del entrenador Sergio Scariollo, su rescisión, al igual que la de casi todo su equipo técnico, supone un alto coste y un déficit con el que empezar a planificar la siguiente temporada. Del mismo modo, algunos de los fichajes que se estuvieron reclamando desde parte de la afición, como Pradilla o Luwawu-Cabarrot han supuesto un desembolso en forma de cláusula de rescisión o negociación con el club de origen. Todos conocemos el símil de la colcha: si empezamos la temporada recortándola, es posible que no nos llegue para taparnos los pies o la nariz al mismo tiempo.

Los líos que hubo en la sección a principios de verano (rescisión de Scariollo y casi todo su equipo técnico, dimisiones de Chacho, Pocius, y Paco Robles y la vuelta de Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros) supusieron que tuviéramos que comenzar más tarde que el resto de equipos de Euroliga a agitar el árbol del mercado, por lo que hay cromos a los que no se ha podido siquiera optar y con otros se ha empezado tarde la negociación.

Debemos ser conscientes de la elevada inflación existente en el mercado de Euroliga. La aparición en el juego de clubes como Dubai Basketball o Hapoel de Tel Aviv, sumada a los transatlánticos griegos, ha supuesto el surgimiento de demasiados jugadores muy sobrevalorados, con un coste muy superior al que luego será su rendimiento.

Hay que tener en cuenta que, la mayoría de las veces, lo que se buscan no son tanto jugadores concretos, sino perfiles. Los clubes manejan listas enormes de jugadores, llenas de pros y contras, que habrán de colocar en una balanza, como mínimo para empezar a plantearse unas negociaciones. Los múltiples nombres que en verano aparecen en medios de comunicación y redes sociales son apenas la punta del iceberg de los que realmente manejan los encargados de confeccionar la plantilla. Y de ellos, con solo unos pocos se llega a avanzar en unas negociaciones, lleguen finalmente o no a buen puerto. En muchas ocasiones, no es lo que se quiere, sino lo que se puede conseguir. Esto es lo que algunos haters en redes sociales llaman peyorativamente “terceras opciones”.

A veces, una vez elegido el cromo bueno, bonito y barato que podría encajar en nuestro equipo, surge la dificultad de que quiera incluir en su contrato una cláusula de escape a la NBA a mitad de temporada o de que a última hora aparezcan griegos, turcos, israelíes o árabes y se lo queden duplicando la oferta inicialmente acordada con el jugador.

A colación de esto último, se hace muy complicado competir contra equipos griegos, turcos o incluso serbios, en cuyos países la fiscalidad es mucho más amable con los sueldos de los jugadores, por lo que pueden llegar a cobrar un salario neto casi como el bruto que cobrarían en cualquier otro gran club europeo. En este sentido, el caso de Dubai Basketball es ya de otro nivel. Esto, unido a la laxitud de la Euroliga con el fair play financiero y su política con el techo de gasto en salarios de los clubes, supone seguramente uno de los condicionantes de mayor peso de todos los que hay que tener en cuenta.

Los cupos. La política de la ACB de tener siempre al menos cuatro jugadores de formación en cada convocatoria implica no descuidar este tipo de mercado, lo cual a veces implica pagar sobrecostes por determinados jugadores o apostar por los que cumplen estas condiciones y no por otros de cara al medio-largo plazo. Seguramente si Shulga no tuviera la condición de cupo no se hubiera apostado por él; esperemos que le disfrutemos muchos años, será buena señal.

Estos condicionantes que se han descrito no son exclusivos del R. Madrid. El resto de equipos de la Euroliga que no son los transatlánticos citados también tienen que bregar con estas situaciones de una u otra manera para condicionar la plantilla. De hecho, en España, los clubes que no son de Euroliga parten con una desventaja muy considerable respecto a Barca, R. Madrid, Baskonia y Valencia. El escalón en este sentido es mucho más pronunciado incluso que en Euroliga.

Al final, la experiencia nos dice que lo importante es que se pueda crear un buen equipo y no una suma de buenos jugadores. Un equipo que pueda competir al más alto nivel, que transmita ilusión y con el que se pueda identificar el aficionado.

Aunque seamos del Real Madrid, equipo construido a base de títulos, no hay que perder la perspectiva de que en el deporte de alto nivel ganar es complicadísimo, solo lo hará un equipo en cada competición en la que participaremos en esta temporada (lo que quiere decir que diecinueve equipos no ganarán la Euroliga y diecisiete tampoco lo harán en la liga Endesa). Lo realmente importante es llegar a construir una comunión entre equipo y afición, que haga que el aficionado se pueda encontrar ilusionado incluso en el cabreo de una derrota, que llene el pabellón incluso contra los equipos más bajos de la tabla y que nos pueda hacer vivir escenas tan agridulces como la ovación del pabellón hace unas temporadas cuando se perdió la Euroliga ante Fenerbace o la atmósfera que se creó en la remontada contra Panathinaikos en el regreso de la lesión de Llull hace también algunos años. Sin duda, estoy convencido de que esta comunión podrá reconducirnos más fácilmente hacia un camino lleno de éxitos similar al que abandonamos hace no tanto tiempo.

 

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