CRÓNICA | NO SÉ, XOSÉ: REAL MADRID 2-2 FIORENTINA

Una crónica de: @MiedoEscenico2

 

Había ganas, eh, pillines… Esta modalidad de ver en RMTV tramos de partidos o mitades, como ocurrió contra Alcorcón o Leganés, apenas había sofocado la sed del aficionado madridista de ver a su equipo, eran como meros partidillos interruptus. Y hoy, al fin, podíamos verlo en un partido completo, jugado en el sur de Austria, para recordar aquellas antiguas pretemporadas en que los futbolistas corrían por los bosques alpinos con una mochila a la espalda. El rival era ya una squadra de entidad, la Fiorentina, ese equipo de ropa morada y sede en la cuna del Renacimiento, que lleva años navegando en la Serie A con más pena que gloria, y que incluye en su plantilla a viejos conocidos como el portero David de Gea y jugadores formados en la cantera blanca como Álex Jiménez y el recientemente traspasado Víctor Valdepeñas.

En todo caso, aquí llega el jarro de agua fría: era un bolo de verano, con todo lo que eso implica: carácter amistoso, y más de media plantilla de vacaciones o convaleciente, con apaños en todas las líneas a base de canteranos. A una convocatoria ya justita por las circunstancias se le sumaron las bajas de Huijsen por lesión y Mastantuono por si acaso acaba viajando a Florencia… para quedarse. El once inicial que Mou decidió sacar estaba compuesto por Lunin bajo palos, con una línea defensiva formada por Trent, Joan Martínez, Mario Rivas y Carreras: un doble pivote con Valverde y Camavinga guardando las espaldas a la línea de tres compuesta por Dumfries (que debutaba), Güler y Alexis Ciria, con Endrick en la punta de ataque. En el banquillo esperaba su oportunidad Carlos Espí, con el 40 a la espalda, rodeado de jugadores de La Fábrica inéditos o con pocos minutos de vuelo con el primer equipo.

Imagen: realmadrid.com

El partido, desde su inicio, repitió las mismas sensaciones de lo que habíamos visto en los partidillos interruptus anteriores: velocidad en el movimiento del balón, poca conducción y mucha combinación, cambios de juego frecuentes y una feroz presión tras pérdida, evitando que los rivales pudieran sorprender. Aquí anotaremos que tanto Dumfries como Endrick se sumaron a la presión alta con el entusiasmo esperable en cualquier marinero que quiera ganarse un pasaje en el barco mourinhista, y se agradeció, aunque a veces lo hicieran con más tosquedad que criterio. En el minuto 12, una buena recuperación de Mario Rivas permitió a Güler buscar en profundidad a Carreras, que alcanzó la linea de fondo y puso el balón en la zona cero del área italiana. Allí apareció Endrick que, con un control, cargó y cebó su trabuco, y se sacó un zurdazo que acabó en la red de De Gea. El 1-0 no cambió nada, la Fiore apenas se acercaba a los dominios de Lunin, gracias a la presión adelantada de las líneas madridistas, y el Madrid seguía buscando los espacios por los que hacer daño al equipo de Fabio Grosso.

Un buen pase progresivo de Trent encontró a Camavinga asomado la frontal rival, cuando corría el minuto 24. Un doble movimiento de Endrick arrastrando a un defensa, y de Güler dejando pasar el balón y llevándose a otro, permitió a Alexis Ciria rematar con la pierna derecha y conseguir el 2-0 para el conjunto madridista. Tras la pausa de hidratación, la tónica general siguió siendo casi la misma, con Trent en una posición interesante, entre central derecho e interior, Camavinga y Valverde jugando en el eje fácil y sin complicarse la vida, y Güler desplazando el balón hacia las bandas siempre que aparecía un espacio. No obstante, aunque el Madrid seguía llegando, cada vez lo iba haciendo de una manera más espesa y, en torno al minuto 41, una larga jugada de la Fiorentina, que movió el balón con facilidad y paciencia, encontró a Piccoli entrando a la zona de Mario Rivas, al que superó, batiendo a Lunin con un remate raso. Tras el 2-1, volvió la tónica anterior al partido, con el Madrid llegando de forma algo torpe, y la Fiorentina, cómoda, aguantando atrás hasta que llegase el descanso. Y así llegó.

Imagen: realmadrid.com

A la vuelta del vestuario, el once blanco seguía siendo el mismo, y los comentarios de Jesús Alcaide en RMTV seguían siendo igual de cansinos, pero la Fiorentina parecía salir con ganas de quedarse el balón y hacer algo más. A ello contribuyeron decisivamente dos factores: el Madrid no parecía saber salir con el balón jugado y, además, bajó la línea de presión de manera evidente. La Fiore consiguió forzar unos cuantos saques de esquina y alguna ocasión clara, mientras que el Madrid se limitaba a realizar alguna salida al contraataque que resultó bastante torpe. El caso es que se veía que aquello tenía cada vez peor pinta y, efectivamente, en el minuto 58, el recién entrado Fagioni centró desde la banda derecha, y el recién entrado Moise Kean cabeceó de forma letal a las mallas de Lunin. 

El 2-2 fue sucedido, casi inmediatamente, por la pausa de hidratación, en la que pudimos contemplar una bronca evidente de Mourinho al equipo por cómo se había dejado ir. La reacción tardó, primero porque Mou introdujo a Cestero por Ciria, algo que no ayudó demasiado a la presencia ofensiva del Madrid, pero al menos sí le devolvió control sobre el centro del campo. Aun así, Endrick y Güler ya no podían presionar, porque estaban agotados, y Kean le buscaba continuamente problemas a Joan Martínez, recibiendo de espaldas las salidas de su equipo. Progresivamente, el equipo madridista fue ganando terreno, y esta sensación se incrementó con la incorporación de Yáñez y el debutante Espí en el lugar de Dumfries y Endrick. El problema es que ya la claridad brillaba por su ausencia, valga la paradoja, y los ataques del Madrid fueron voluntariosos pero carentes de efectividad desde ahí hasta el final del partido, que acabó con 2-2 en el marcador.

Imagen: realmadrid.com

En general, como con cualquier bolo de verano, sería precipitado sacar conclusiones relativas a jugadores, pero al menos sí que parece claro que el juego tiende a ser más fluido y que hay mayor compromiso defensivo en la presión. El empate contra la Fiorentina es solamente el inicio de lo que debería ser una evolución hacia un equipo más conjuntado y comprometido defensiva y ofensivamente. En una semana, contaremos lo que pase en el Ferencvaros Stadion, con nuevas incorporaciones y una semana más de rodaje. No sé, Xose…

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