Un artículo de: @MORENOAYALA1
El fútbol, ese espejo en el que un país contempla sus pasiones más hondas, se ha convertido en España en el escenario de una corrupción que trasciende lo deportivo. Lo que debería ser juego, pasión con la rivalidad que conlleva el fervor futbolístico, pero sin olvidar el honor de los deportistas. Lleva décadas envenenado por un sistema donde política, poder mediático e intereses económicos se entrelazan en una telaraña que pudre la esencia misma del deporte.
Desde los años ochenta, cuando se anunció que Barcelona acogería los Juegos Olímpicos de 1992, se comenzó a perpetrar un proyecto político que encontró en el fútbol su vehículo más eficaz. La figura de Jordi Pujol y el uso instrumental del FC Barcelona como emblema identitario se convirtieron en el eje de una estrategia que para afirmarse, necesitaba erosionar la imagen del Real Madrid, el mayor símbolo de prestigio nacional e internacional en cuanto a una entidad del fútbol y del deporte, por ello era un obstáculo para esos siniestros planes.

Imagen: FC Barcelona
Los tentáculos empezaron a extenderse en los medios de comunicación. Jaume Roures emergió como el peón indispensable de esta maquinaria, primero desde Tv3 financiando al Barça, con la malversación de fondos públicos. Después tejiendo redes en la FORTA, Canal+ y lo que derivó en Digital+, hasta poco después crear Mediapro junto a su socio Tatxo Benet, todo ello como un bastión al servicio de una narrativa concreta. La información se convirtió en herramienta de adoctrinamiento y de silencios calculados.
En paralelo, la alianza entre José Luis Núñez y el periodista José María García dio forma al oscuro concepto del “Villarato”, un pacto implícito entre poder federativo y mediático. El primero buscaba ventaja competitiva; el segundo, dominio informativo y capacidad de tener el poder sobre los clubes y profesionales del fútbol extorsionándolos. De este caldo de cultivo brotaría “La Trama Barça Negreira”, que aseguraba el control sobre el Comité Técnico de Árbitros. Mientras los sucesivos presidentes del club, especialmente Joan Laporta, no sólo mantenían el sistema sino que lo multiplicaban, cuadruplicando los pagos a Negreira.

Imagen: El Confidencial
Durante casi cuarenta años, esta corrupción se deslizó como una sombra sobre los terrenos de juego alimentándose de complicidades y omisiones. Los grandes medios deportivos optaron por callar; unos por connivencia ideológica, otros por miedo a perder acceso o privilegios. El resultado ha sido la mayor trama corrupta que haya contaminado el fútbol mundial, utilizada como palanca política desde Cataluña para moldear conciencias y domesticar pasiones.
Las portadas y los micrófonos sirvieron para amplificar victorias, enterrar preguntas y moldear la percepción de los millones de aficionados que sin saberlo fueron parte del decorado de este nauseabundo teatro, donde muchos quedaron alienados por la inmundicia de este tenebroso relato.

Imagen: X
Hoy, cuando la verdad sólo unos pocos apenas hemos sido capaz de mantenerla con un hilo de vida durante todo este tiempo, queda la pregunta más incómoda: ¿Qué queda del fútbol cuando se despoja de honradez y honor, cuando la competición se convierte en instrumento de ingeniería social y los estadios en un altar de propaganda?. Quizá sólo un silencio roto por el eco de la avaricia hizo asomar que el rodar del balón sobre los verdes terrenos de juego arrastraban los engranajes del sistema corrupto manchándolos de la peor vergüenza.
Ante la verdad del fútbol soterrada por el engaño de esta narrativa meticulosamente preparada, de igual forma tendríamos que preguntarnos: ¿Si algún día el fútbol español será capaz de mirarse al espejo y desentrañar todos esos laberintos morales sin bajar la mirada? ¿O si quedarán enterrados por nuevos personajes siniestros, como Javier Tebas que han aparecido en el fútbol en los últimos años? Que curiosamente el día que salió a la luz el escándalo de “La Trama Barça Negreira” estaba en PortAventura con un negocio que tenía con un jugador del Barça, en concreto Gerard Piqué, fue el primero que gritó: ¡PRESCRITO PRESCRITO!.


El Barça no era un equipo grande hasta que esta trama se puso en práctica. Y la grandeza que obtuvo después fue y es mentira.
El Barça no era un equipo grande hasta que no se puso en marcha esta trama y después su grandeza fue una mentira.