CRÓNICA | Ganadores desganados: Real Madrid 2 – 3 Shakhtar Donetsk

Una crónica de: @Datemus

Uno se pone a teclear la crónica de lo acontecido anoche y he de reconocerles, estimados lectores, que por más tiempo que he pasado intentando analizar racionalmente lo sucedido en los primeros 45 minutos, no encuentro las razones exactas que expliquen el habernos ido 0-3 al descanso.

Antes de nada, coincidiremos todos en que hoy no ha pasado por aquí ni el Bayern de Munich, ni el PSG, ni el Liverpool. Si acaso, un prometedor conjunto ucraniano sin demasiada experiencia en Europa y con jugadores con más potencial que presente.

Se daban además varias circunstancias concurrentes: primero, nuestro debut en casa, en un estadio que lleva el nombre de D. Alfredo, inmersos en un grupo muy complicado y viniendo de una derrota llena de molicie y falta de carácter; segundo, celebraba el cumpleaños nuestro presidente de honor, D. Francisco Gento, único jugador que ha ganado seis veces esta competición; tercero, la proximidad del clásico del fin de semana que viene, que siempre genera cierto anhelo de ganar autoconfianza en las batallas de las vísperas.

Pero, ¿Cómo ha reaccionado el equipo de salida? Empecemos por intentar destilar lo puramente racional de lo emocional como si fueran la onda y la partícula en la mecánica cuántica, aunque sepamos que, en realidad, es la misma cosa. Comencemos por extraer de nuestro alambique lo puramente futbolístico y vayamos poco a poco adentrándonos en los vapores del espíritu de los protagonistas del partido.

Imagen: realmadrid.com

Comenzó Zidane por extraer once bolas del bombo de su brillante cabeza (en todos los sentidos, no se nos malinterprete), que es como pareciera que confecciona las alineaciones por la imposibilidad de acertarlas. Repitió los mismos centrales que acabaron contra el Cádiz, con Marcelo por la izquierda y un Mendy condenado a la tortura de jugar por la derecha. En la media, Casemiro, Valverde y Modric, con Asensio, Rodrygo Goes y Jovic en punta. Quedaban en el banquillo nada menos que Kroos y, especialmente, Karim Benzemá. Me enteré de que el mejor de campo de los nuestros se quedaba fuera del once mientras escuchaba un himno de la Champions desangelado por la ausencia de público, la hora y la luz del cielo de Madrid a esas alturas tan tempranas del día. Un escalofrío lleno de superstición me sacudió a modo de muy mal presagio. Pero prosigamos con lo racional.

Los primeros minutos fueron de tanteo, con un Marco Asensio muy participativo. De sus acciones de desborde resultaron un par de tiros a puerta de cierto peligro.

A partir de ahí, el Shakhtar formó un 4-5-1 de manual. La defensa, unos metros por delante de la frontal del área. La media, dejaba menos hueco entre su línea y la defensiva que el andén de la antigua estación de Lima a la salida de un partido. Los ucranianos esperaban en campo propio sin ninguna voluntad de robar cerca de la portería de Courtois. El planteamiento, de hecho, recordaba bastante al del Cádiz del pasado sábado.

¿Qué hizo el Madrid? Pues poco a poco, repetir todos los errores del pasado fin de semana. Envió toda su línea de medios a estamparse contra la del rival, reduciendo el espacio para jugar a los tres cuartos de campo que quedaban por delante y asfixiando la posibilidad de que los jugadores pudieran recibir entre líneas. La velocidad de las combinaciones volvió a ser la de una tortuga reumática por lo que el rival, muy bien colocado, no tenía ni el más mínimo problema a llegar a cualquier marca. El balón iba llegando con desesperante lentitud a cada uno de los jugadores que, a modo de mojones, esperaban a que la pelota les llegara para enviársela de unos a otros como si con su trayectoria pudieran marcar lindes con las que parcelar el terreno ucraniano, en vez de jugar al fútbol. Ni un pu…ñetero desmarque, ni un atisbo de juego sin balón ni, por supuesto, un jo…robado regate o disparo desde la frontal, dificultado todo por la desventaja con la que la pelota llegaba a cada uno de nuestros diez vértices geodésicos. Y digo diez y no once porque bajo palos volvió a aparecer, a pesar de los goles encajados, San Thibaut. Y es que cuando los nuestros se cansaron de “mojonear” entre ellos, empezaron a hacerlo con los ucranianos, ya que más que imprecisiones y pérdidas, inexplicables cuando se combina a cámara lenta, parecían pases al rival. Los ucranianos vieron una estepa tras nuestra última línea y pronto comenzaron a explorarla aprovechando que nuestros centrales eran estacas plantadas bien profundas y muy lejos de los rivales.

Imagen: realmadrid.com

En el 13’, llegó el primer aviso en un balón en profundidad en que Marlos y Solomon sacaron varios metros de ventaja a los cuatro nuestros de atrás. Marlos, solo ante puerta y con todo a favor para ceder a Solomon, que no habría tenido más que empujarla, prefirió el disparo pero falló en su último control y su disparo no fue suficientemente bueno para batir al único jugador digno de nuestro escudo en la primera mitad. Si yo hubiera sido el israelí, me hubiera comido al capitán de mi equipo por no entregármela en un gol cantado.

El “mojonismo” iba enraizándose cada vez, creciendo en mérito y hondura para desesperación de nuestro afición y, nuestro rival, fue asomándose cada vez un poquito más al área. En estas que en el 28’, el lateral Kornienko se marcó una conducción de esas que parecen que no van a llegar a nada, pero Asensio optó por marcar con la mirada mientras que Militao salió al cruce con la contundencia de un nenúfar, por lo que el defensa entró en nuestra área en uno contra uno con Varane. Marcelo, para unirse a la fiesta, llegó más tarde a la ayuda que los mangas verdes, permitiendo a Kornienko entregar a Tetê que, completamente solo, batió de disparo cruzado a Courtois. 0-1.

La reacción del Madrid fue nula en lo futbolístico e incomprensible en lo espiritual. Los jugadores, completamente desganados, ejercían una presión a la salida del balón de los defensas ucranianos pasota y almibarada, dejando una estructura de equipo desvencijada, con una distancia entre líneas gigantesca por la que el rival combinaba con tal facilidad que parecieran jugar con un cubata en la mano.

En el 29’, Marcelo se sacudió este Sahara de ganas e ideas con un gran pase de a la cabeza de Jovic en situación inmejorable para marcar. El croata, que había dado muestras de ser un miliario de lo más competente, remató extremadamente mal con el hombro y desperdició la única ocasión clara del primer tiempo.

Imagen: realmadrid.com

Un par de minutos después, el propio Marcelo, ya dentro de área propia,  concede todo el espacio del mundo para que Tetê se perfile prácticamente sin oposición para el disparo. Su parada la desvía Courtois a boca de gol donde Varane acude a impedir el remate ucraniano a bocajarro, pero con tan mala suerte que la mete en propia puerta. 32 minutos y 0-2.

Todos estábamos rezando para que llegara, siquiera de milagro, un golito a favor antes del descanso. Pero el cielo no entendió nuestras plegarias y en el 42’, castigó otro negligente descuido defensivo. Primero, de Marcelo, que rompió el fuera de juego y permitió recibir a Tetê habilitado en el área. Segundo, de Militao, que prefirió quedarse parado (no se fuera a cansar) y no seguir a Salomon, que recibió completamente solo de Tetê. No será muy justo señalar a nuestros brasileños en este primer periodo cuando todos han carecido de la vergüenza torera con la que hay que vestir nuestra camiseta, en nuestra competición y en nuestra casa, pero sí lo es indicar que tuvieron un rendimiento especialmente catastrófico. El israelí batió de disparo raso y ajustado con el interior de su diestra a Courtois, tal vez con un poco de fortuna porque la pegó algo mordida. En cualquier caso, nos dejó para las mulillas y el arrastre cuando aún quedaba otro tiempo por disputar. 0-3.

No es que el segundo tiempo arrancara con una reacción espectacular, pero pareció que algunos jugadores salieron más dispuestos para la disputa, en especial a la hora de robarle la pelota al rival cerca de su puerta. De la mano de un Valverde que empezó a parecerse a Valverde y de los últimos alientos de Modric en el campo, el Madrid empezó a quitarle balones en tres cuartos al Shakhtar y a pillar a los ucranianos desordenados. Asensio apareció por varias zonas del campo, Macelo contribuía con lo que podía, que es muy poco aún comparado con el Marcelo de hace tres años, y la presencia de Benzemá, que había entrado por un inexistente Rodrygo, hacía concebir alguna esperanza.

Las opciones de remontada se incrementaron cuando Lukita, en una extraordinaria jugada individual a quince metros de la frontal, se fue de Tetê con un regate, amagó para librarse de Marcos Bahía, que había salido en la ayuda para tapar la opción de tiro, y disparó a puerta con su portentoso empeine. El formidable chut entró por la escuadra sin que el portero pudiera hacer nada más que certificar con la mirada que la pelota se había quedado en sus redes. Minuto 53 y 1-3 en el marcador.

Imagen: realmadrid.com

De la mano del frío silencio de Valdevebas, la reacción pareció apagarse cuando sólo un minuto después Kornienko se fue en una contra de Mendy con la facilidad con la que yo me regateo a un alcornoque. El lateral puso un pase de la muerte preciso que Dentinho y Tetê pugnaron por rematar, estorbándose el uno al otro y aurrinando la ocasión con un disparo que se fue fuera por muy poco. 

Sin embargo, en el 58’, Zidane dio entrada a Vinicius. El brasileño, criticado a veces con buenas razones pero con saña excesiva en demasiadas ocasiones, hoy le ha puesto más coraje que muchos de sus compañeros juntos. Nada más saltar al campo, presionó la salida de balón de Marlos con todo el alma, le quitó la pelota, se internó en el área y definió con perfecto disparo ajustado para marcar el gol más rápido de un futbolista en la historia de la Champions: 15 segundos. 2-3 a falta de media hora.

El juego ofensivo del Madrid, sin embargo, seguía siendo calamitoso. En el 61’, Vinicius de nuevo, en un slalom muy trompicado, consigue disputar el balón a tres de los rivales que salieron a su encuentro y hacérsela llegar a Karim, cuyo disparo cerca del área pequeña fue despejado por el último defensa in extremis.

En el 63’, con el partido muy abierto, Varane falla en su salida a mediocampo, una constante de los centrales blancos durante todo el choque. El boquete dejado por Varane es aprovechado por Tetê para recibir en profundidad tras un desmarque que Militao solo puede seguir con la mirada. Con todo a favor, San Thibaut vuelve a aparecerse en el uno contra uno para mantener vivos a los nuestros. Uno no acierta a entender por qué el Madrid es el único equipo del mundo en el que cuando el central sale de su zona y fracasa, no hace una falta táctica y deja en franca ventaja al rival.

Imagen: realmadrid.com

De ahí al final del partido, el Madrid continuó increíblemente plano y carente de cualquier tipo de creatividad ofensiva. Por si fuera poco Zidane, con sus indicaciones desde la zona técnica, centró la posición de Vinicius cuando se trataba de que el carioca recibiera en banda y en condiciones de encarar. Marcelo, incomprensiblemente, se sumó al sabotaje en un par de ocasiones en las que pudo pasar a su compatriota en excelentes condiciones para encarar y optó por otras soluciones totalmente intrascendentes.

Y ya en el colmo del castigo divino, en el descuento, Toni Kroos, que había dado el relevo a un agotado Modric, sacó un córner raso en jugada ensayada a la frontal, donde esperaba el Pajarito para el disparo. No la pegó mal pero, por desgracia, rebotó ligeramente en un rival y se fue a meta justo por donde Vinicius pasaba. El VAR nos produjo un gol-interruptus de lo más cruel, pues ya celebrábamos el mal menor de no ver al rival más fácil del grupo con tres puntos en el casillero. Los dioses parecieron castigar la soberbia indolente del Real Madrid durante la primera mitad, en una actitud inaceptable e intolerable de toda su plantilla. Si contra el Cádiz un servidor indicó que algunos jugadores podían haber quedado señalados, hoy he de admitir mi error: es mal colectivo y sólo un cambio radical de actitud, que va a poner a prueba la capacidad de liderazgo del cuerpo técnico y del núcleo duro del vestuario, puede revertir una situación más que preocupante, aunque no irreversible aún.

Mala cosa esta de caer derrotado habiendo perdido las principales virtudes del equipo. En lo futbolístico, no hemos sido brillantes en los últimos meses, pero era muy difícil hacernos goles. Ahora hemos empeorado en todas las facetas pero, en especial, en aquellas que nos hacían competitivos. Ha desaparecido el orden, no hay concentración y se ha esfumado nuestra presión arriba, recurso imprescindible cuando para acosar al rival en estos tiempos en que la musa de la creatividad ofensiva nos es esquiva.

Uno ha escuchado a Zidane esta tarde decir que ha faltado confianza. Pero ésta sólo puede llegar de la mano de la motivación para competir y, a día de hoy, es manifiestamente deficiente. Sin ambición, sin fe y andando en lugar de corriendo, nuestra escuadra no da más que para recoger balones de la red propia. O cambia la actitud diametralmente o se nos acaba el año antes de navidades. En las manos de los nuestros está porque, en opinión de este humilde servidor, puede que no demos para pasar de octavos, pero sí para algo más que para encajar tres goles por partido y en casa.

 

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