CRÓNICA | Aunque no leáis esto: Real Madrid 3 – 1 SD Eibar

Una crónica de: @MiedoEscenico2

¿Sabes? Me gustaría que pudieras haber visto lo que ha pasado hoy en el Alfredo Di Stefano. Que te hubieras enfadado al ver que Zidane dejaba a tu jugador favorito en el banquillo, ese banquillo tan raro que hay en estos tiempos, con futbolistas del mismo equipo separados por una barrera invisible. Que pudieras discutir por qué decidió salir contra el Eibar con Courtois, Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo, Casemiro, Kroos, Modric, Rodrygo, Benzema y Hazard, y no con otros que te gustaban más, como Valverde o Vinicius. Es más, me hubiera gustado que hubieras leído la previa de @pepo2204 en esta misma web, o la previa arbitral de @cubelas13.

Me gustaría que hubieras visto cómo empezó el partido, los dos equipos muy intensos, y cómo en la primera jugada de ataque del Madrid, hubo un pase a Benzema en la posición de extremo izquierdo. Paró el balón e intentó sacar el violín, pero le cayeron encima dos leñadores vestidos de azul y rojo, y tuvo que jugar el balón hacia atrás, donde venía Kroos con el cañón cargado. Y tendrías que haber visto cómo, según el alemán cargaba el proyectil, largaba un trallazo imponente que entraba por la escuadra de Dmitrovic, y valía la subida del 1-0 al marcador de Valdebebas, humilde y orgulloso de contar los goles del primer equipo.

Seguramente te hubiera sorprendido que luego vinieron unos cuantos minutos de control del juego del Eibar, que empezó a buscar con ahínco la portería de Courtois, aunque nuestro Madrid estuvo expeditivo atrás y el asunto no fue a más, con solo un balón parado sin dificultades por el belga en un disparo desde lejos. Por el contrario, los acercamientos del Madrid al área rival, por medio de salidas a la contra, hacían que Mendilíbar rabiara en su banquillo, e inquietaban a los azulgrana. Hazard, poco a poco, se iba desperezando, y comenzaba a generar peligro por la izquierda. Rodrygo hacía diabluras y trataba de cabalgar por la derecha también, pero la sensación general era que el equipo blanco no acababa de tomar el control, llegada la mitad del primer tiempo.

Me hubiera gustado también que contemplaras la manera en que, como si de un pulso se tratara, nuestro Madrid fue recuperando el balón, y comenzando a tejer jugadas, poco a poco, aunque la mayoría morían cerca del área del Eibar, y apenas había remates. Bueno, para qué te voy a engañar, apenas no. Ninguno, cuando llevábamos media hora de partido.

Estoy seguro de que hubieras alucinado con el contraataque que montó el Madrid justo en el minuto 30. Ramos cortó un balón y salió a la carrera, abriéndolo a la banda, donde corría Benzema. El francés, esta vez con tiempo, sacó la partitura y esperó a que el andante pasara a ser allegro, y metió el balón en profundidad al espacio que se había abierto en mitad de la defensa y le había quedado a Hazard, ya solo ante el portero. Pero el belga, en un gesto de solidaridad, decidió devolver el detalle al pionero de la jugada, y puso el balón al lugar en que entraba Sergio Ramos solo, para empujarlo plácidamente a la red, marcando el 2-0.

Seguramente te hubiera enfadado ver que, tras el gol y la parada para hidratarse, el Eibar salió otra vez con iniciativa, y el Madrid algo descentrado. Otro remate de lejos fue blocado por Courtois con seguridad, pero daba la sensación de que el Madrid ya tenía lo que quería, un Eibar abierto en canal. Y, efectivamente, en el minuto 37, una salida de Carvajal hacia arriba se acababa transformando en una demostración de Benzema de que sigue benzemando cuando quiere, y que Hazard es uno de sus cómplices favoritos. Una combinación, fuera, dentro, fuera acabó, sin saber muy bien cómo, con Hazard rematando solo, aunque escorado, ante el portero del equipo armero, que desvió hacia el otro lado del área. Allí esperaba Marcelo, con sus bolas de malabares, y paró, se colocó el balón y lo cruzó al lado contrario, con el mismo estrés que el Dalai Lama cuando se corta las uñas. Eso sí, te hubieras aburrido como yo hasta el descanso, porque en esos diez minutos apenas pasó nada, salvo una llegada muy al final, ya en el descuento, que el portero eibarrés paró a Rodrygo.

Hubiera sido un placer escucharte o leerte, en el descanso, diciendo que estabas contento y tranquilo, viendo que el partido ya estaba 3-0 a esas alturas, e imaginando qué cambios haría Zidane para la segunda parte, compartiendo tus ganas de ver a Bale cabalgando al espacio, o a Asensio pegarle al balón, de vuelta tras su lesión, o a Vinicius disparando su turbo en mitad de un regate en dirección a la portería rival. Seguro que hubieras estado muy animado.

Seguramente, si lo hubieras podido ver, habrías disfrutado con una buena parada que hizo Courtois al poco de volver del descanso, aunque bien es cierto que fue él quien provocó esa oportunidad con un pase mal dado con el pie. Te hubieras quedado a cuadros, como todos nosotros, cuando viste que a la vuelta del descanso, entraba Mendy por Carvajal, en el lateral derecho. Supongo que habrías pensado que Zidane daba descanso a Carvajal, que no tiene sustituto, estando el partido ya encarrilado. Te hubiera encantado otro paradón que hizo Courtois, mandando el balón a córner, pero te hubiera gustado menos que el Madrid parecía que estaba bajando el ritmo, con salidas algo alocadas y aisladas, y que en ese córner, el Eibar rematara al larguero.

No te voy a engañar, estoy seguro de que te hubiera cabreado profundamente que, en el minuto 60, el Eibar marcara un gol en el rechace de un córner, de rebote, con media defensa blanca empanada, como en otros tiempos. Habrías alucinado con el triple cambio en el Madrid, con Bale, Militao y Vinicius entrando por Rodrygo, Ramos y Hazard, justo después del gol del Eibar que suponía el 3-1. El problema es que, al poco tiempo, Marcelo tuvo una especie de mareo, estuvo a punto de retirarse, aunque volvió al campo. El partido se había abierto en dos, y tan pronto llegaba el Eibar como el Madrid, aunque sin rematar a portería apenas. Valverde entraba por Modric en el minuto 84, y la sensación del tramo final del partido era de que la pelota iba de un lado al otro del campo, pero sin que pasara nada relevante.

Hubiera sido estupendo comentar contigo, al final, que el Madrid ganó tras una primera parte muy práctica y efectiva, y una segunda bastante mala. Pero que, al menos, la victoria le sirve para no perder la estela del Barcelona en la lucha por la Liga. Habrá que ver la evolución de los que se han llevado hoy golpes y contusiones, porque el jueves ya toca jugar contra el Valencia en este maratón final que vamos a presenciar. Y me hubiera encantado que leyeras esta crónica, un rato después de ver el partido, para volver a revolcarte en tu disfrute, recordando y comentando con la gente que te quiere el golazo de Kroos, la contra de Ramos en el 2-0, la conexión entre Hazard y Benzema, o el desastre que ha sido la segunda parte del partido del Madrid.

Porque esta crónica va dedicada a tí, madridista que te dejaste la vida en un hospital, en una UCI, en una residencia, en tu casa o en cualquier otro lugar, después de cómo nos ha barrido esta maldita pandemia. Y a la gente que te quiere y te añora. Y muy especialmente va dedicada a un madridista, padre de una de las personas que formamos el equipo de El Diario de Mou, que llevamos en un pedazo de nuestro corazón y tiene todo nuestro cariño. 

Aunque echaremos de menos vuestro aliento y vuestro empuje, seréis eternos, porque seguís viviendo en muchos de nosotros. Por siempre. Aunque no leáis esto.

 

RESULTADO FINAL: REAL MADRID, 3 – EIBAR, 1.

 

GOLES:

1-0: 4′ Toni Kroos (asistencia: Benzema)

2-0: 30′ Sergio Ramos (asistencia: Hazard)

3-0: 37’ Marcelo

3-1: 60′ Bigas.

 

REAL MADRID: Courtois; Carvajal (Mendy, m. 45), Varane, Ramos (Militao, m. 61), Marcelo; Casemiro, Kroos, Modric (Valverde, m. 84); Rodrygo (Bale, m. 61), Benzema y Hazard (Vinicius Jr, m. 61).

 

ÁRBITRO: Cuadra Fernández (Comité Balear). Tarjeta amarilla a Casemiro (min. 47)


Imagenes: realmadrid.com

 

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