Choose your weapon

Un articulo de: @resurreccion_93

Corrían los años 80 y de repente a los españoles y a gran parte del mundo se nos presentó un espectáculo maravilloso del que habíamos oído hablar pero del que sólo unos cuantos privilegiados habían visto imágenes. Era la NBA, sabíamos de su existencia pero hasta que aquella estratosférica pareja apareció con su mítico duelo al sol, nadie se había interesado en ofrecernos imágenes de aquella maravillosa competición.

Fue una explosión de deporte y espectáculo perfectamente simbiotizado al que no estábamos acostumbrados y al que quedamos absolutamente enganchados gracias a aquellos apasionantes duelos entre esos dos mitos irrepetibles, tan diferentes entre sí, tan complementarios y que no hubiesen llegado a su nivel de leyenda si no hubiesen coincidido en el tiempo. Magic vs. Bird, no eran los Lakers contra los Celtics; era el desgarbado y austero blanco representante del más puro estilo de la América profunda frente al atlético, rutilante negro, representante del showtime hollywoodiense, las dos Américas enfrentadas en una cancha de baloncesto. Está claro, todo esto no hubiese sido posible si esos dos hombres no hubiesen tenido un talento jamás visto, una calidad suprema, una forma única y maravillosa de jugar al basket.

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Es cierto que los Celtics eran una leyenda de la NBA, el equipo más laureado, el que más anillos tenía con grandes figuras en su historial (Bill Russell, Bob Cousy, John Havlicek…); también es cierto que los Lakers siempre habían aspirado a arrebatar el trono a los Celtics y que en sus filas hubo jugadores descomunales (Wilt Chamberlain, Jerry West, Elgin Baylor, Abdul_Jabbar…), pero aquí la mayoría lo desconocíamos. No fue hasta la irrupción de estos dos mitos coincidiendo en espacio y tiempo, que la NBA no tomó una dimensión universal y todo el planeta, le gustase o no el baloncesto, tomaba partido por los verdes de Massachusetts o por los dorados de California. La NBA vio el filón y decidió que era el momento de globalizar el negocio y sacar pingües beneficios allende sus fronteras. Converse convirtió ese duelo deportivo en una mina de oro de la que sacó miles de millones por la venta de aquellas horterísimas botas con los colores del equipo al que cada uno representaba, el reclamo publicitario tenía un slogan brillante “Choose your Weapon” con la foto de ambos espalda contra espalda preparados para ese eterno duelo que viajaba del Boston Garden al Forum Inglewood (ambos ya desaparecidos).

A pesar de que los Pistons vinieron a romper la dicotomía de aquel duelo épico, no había estrellas lo suficientemente mediáticas para eclipsar a Bird y Magic y siguieron siendo la imagen de la NBA y de las grandes marcas deportivas hasta que una bestia que volaba sin alas les dio el relevo deportivo y mediático a estos dos iconos en declive. Se trataba de un tal Michael Jordan, pero esa es otra historia.

Nos puede parecer increíble pero el futbol hace apenas 10 años era un deporte secundario en Asia y testimonial en USA. Fue el estupendo duelo personal entre CR y Messi el que suscitó el interés por el balompié en estos territorios, es cierto que la FIFA llevaba tiempo intentando hacer de “nuestro” deporte rey un espectáculo llamativo en estos países y así ampliar su mercado de ingresos pero no había conseguido grandes resultados, más allá de los Mundiales que se celebran cada cuatro años y de las giras veraniegas de los clubes de las que la FIFA no obtiene beneficios.

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Este épico duelo entre estos dos cracks ha llamado la atención por esos lares, profanos en futbol que no saben quién es Di Stefano, ni saben cuántas copas de Europa había ganado el Madrid antes de CR. Los asiáticos y los yankis han quedado deslumbrados por los focos de estas dos estrellas mediáticas tan distintas, pero tan complementarias y la FIFA y las casas comerciales explotarán este duelo tan rentable económicamente, hasta que una nueva figura con dimensiones de mercadotecnia mayores, sea capaz de eclipsarlos (y eso aún no se ha dado), aunque con ello se caiga en el ninguneo deportivo de grandísimos jugadores que deportivamente si están en disposición de luchar la supremacía a estos dos divos y con méritos más que sobrados para tener un reconocimiento mucho mayor en la votación del Balón de Oro. Ver a Modric en el puesto 17 y a Bale en el 6 me hace sangrar los ojos. Y con esto no quiero decir que el Balón de Oro 2016 para CR no sea justo; es más creo que desde los parámetros interesados de FIFA y medios de comunicación que intentan exprimir este duelo lo máximo posible, el claro vencedor en el combate CR vs. Messi de este año es Cistiano, el luso gana por goleada, no hay discusión posible.

Pero yo creo que para aquellos que no recibimos beneficios económicos de este “affaire” multimedia es cuando menos vergonzoso ver al mejor centrocampista del mundo en el puesto 17, o que el jugador que ha llevado a una selección semi amateur a las semifinales de la Euro y que ha sido el jugador más determinante en cuanto peso en el campeón de la UCL aparezca en el 6. Para mí, aficionado al futbol desde hace 47 años, esta circunstancia es motivo suficiente para considerar este premio una milonga mediática e interesada, sin valor alguno. Tal y como dije el año pasado cuando lo ganó Messi. Intento ser coherente en la vida, seguramente no lo consigo siempre, pero es mi intención. Si con ello molesto a parte del madridismo no es mi problema.

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Un premio que Belanov arrebató a Butragueño en 1986, que Owen birló a Raul en 2000, o que Messi robó a Iniesta en 2010, es una castaña pilonga, es un pufo infumable y hoy por hoy un mero altavoz mediático para que el futbol siga difundiendo un duelo interesado entre dos grandes jugadores que tienen enorme gancho mediático en los mercados donde poco se entiende de futbol. Sin duda yo he hecho RT al tuit de Robert Lewandowski en el que se ríe de la revista que otorga el galardón.

Y que conste que celebro sobremanera que el ganador, el justo ganador de este año, en ese duelo individual CR vs. Messi, sea el jugador blanco, porque más allá de mis filias y fobias sobre jugadores está el Real Madrid y todo aquello que sirva para que mi equipo sea reconocido mundialmente siempre es bienvenido y lo que es más importante y parafraseando al Coronel Bill Kilgore: “Me encanta el olor a bilis culerda por las mañanas”.

¡HALA MADRID… Y NADA MAS!