CRÓNICA | Buen marcador, mal sabor de boca: Rayo Majadahonda 2 – 2 Real Madrid Castilla

Una crónica de: @Datemus

Varias horas después de terminado el partido, sentado ante el ordenador, permanezco aún conmovido y atónito preguntándome cómo se han podido escapar dos puntos, en uno de los campos más difíciles de la Segunda B, tras una exhibición de buen fútbol en la primera mitad. Espero que la frustración y otras emociones vayan dando paso a la razón conforme analicemos el partido desde la alineación inicial. Como adelanto, baste decir que el Castilla ha jugado un gran primer tiempo. Luego, tras el descanso, un partido roto hasta el 75’, momento en el que se lesionaba Ayoub y el equipo se hundía por completo para acabar por pedir la hora.  En resumen, un periodo para cada equipo si bien, globalmente, el Castilla tuvo más la iniciativa, practicó mejor fútbol y mereció mejor suerte.

Empecemos con el once: Raúl no es muy amigo de repetir pero en el día de hoy sacaba el mismo conjunto de la jornada anterior (frente a Las Palmas Atlético), con la excepción de Altube, que sustituía bajo palos a Belman, cuya lesión de menisco esta semana le va a mantener en el dique seco lo que resta de campaña. Esperemos una completa e indolora recuperación.

El partido dio inicio sin un juego brillante y sin apenas ocasiones. Sin embargo, para los amantes de la táctica, el despliegue sobre el césped era simplemente espectacular. El Castilla, aprovechando el buen estado del terreno de juego del Cerro del Espino y sus amplias dimensiones, tomó la iniciativa sustentado en la calidad técnica de sus jugadores y en la propia personalidad del equipo, mientras que el Rayo cedió adrede el papel de local: se fue a esperar la presión a la media, desde donde apretaba con todo el rigor y la intensidad necesarias para impedir la profundidad de su rival. Con unas ayudas perfectas de los exteriores rayistas a los laterales y una disciplina por el centro intachable, el cuadro majariego esperaba algún error o un robo para salir rápido al contrataque.  A este planteamiento respondía el Castilla no sólo con dominio, sino acabando la jugada o perdiendo la pelota muy arriba, tras lo que realizaba una presión muy adelantada que le permitía recuperar rápidamente la posesión. No había ocasiones, pero los jugadores ejecutaban cual divisiones de infantería las órdenes que desde los banquillos les daban sus respectivos mariscales de campo, mientras se libraba una batalla sorda por imponerse en la medular basada en la frescura de piernas de los soldados a esas alturas del encuentro. Bien pertrechado atrás, el Castilla fue el más valiente y el que más expuso en esta fase del partido. Anegadas las vías por las bandas en cada intento de penetración, si de algo carecieron los de Raúl fue de una circulación de la pelota más rápida de una a otra banda.

En el minuto 12’, Fran y Fidalgo intercambian sus posiciones. Ayoub cede al lateral que algo escorado y por sorpresa, dispara a puerta tratando de sorprender a Jagoba, pero el meta local detiene bien.

El Castilla iba a más, pero hasta el minuto 20 no llegó la siguiente ocasión: Baeza pelea desde el suelo un balón en una jugada enmarañada y logra que llegue a Marc Gual. Al ariete se le va un pelín largo el segundo toque permitiendo a Jagoba llegar con la mano al suelo y desbaratar la ocasión.

Dos minutos después llegaba el primer tanto del Castilla: la primera internada por banda izquierda de Fran  termina con un pase al área que el central local, Adrián Jiménez, despeja de forma poco ortodoxa, con el tacón, a la frontal del área. Allí apareció, cargada de pólvora y con la mecha encendida, nada menos que la zurda con más clase de este equipo, la de Miguel Baeza, que soltó un cañonazo de empeine seco y raso para poner la pelota en la red.  0-1.

El gol rendía honores al ejército más valiente y ponía una vez más de relieve la calidad de Baeza, lo que esperemos que le sirva para ganar en confianza, personalidad y papel en esta escuadra a pesar de su edad juvenil. Y si justo es loar la precisión napoleónica de los artilleros, sería un crimen no reconocer la labor en retaguardia de Ayoub. Sorprendía verle en el once por segunda vez consecutiva dado lo poco que había participado esta temporada, nada menos que en detrimento de Martín Calderón. Sin embargo, su derroche de fuerza, entrega y generosidad en la presión ha sido tan espectacular como beneficioso para los nuestros.

Con el gol, si algo cambió, es que el dominio y el juego del Castilla fueron a más.

En el 26’, el Castilla roba la pelota muy arriba. La pelota le llega a Marc Gual, que decide resolver su uno contra uno contra el central del Rayo con un disparo directo que se marchó fuera por muy poco.

En el 28’, llegaba uno de los golazos más bonitos del Castilla de este año. El jugadón es digno de verdadero análisis: el balón llega al cerebro más inteligente de este equipo, al supercomputador de Fidalgo. En ese momento, tiene nada menos que cuatro compañeros por delante suyo: Fran haciendo una diagonal de dentro a fuera; Ayoub de espaldas, incrustado entre un central y el lateral derecho, con pocas opciones de recibir; Marc Gual, otro superprocesador, saliendo de la posición de ariete a la de entrelíneas y arrastrando consigo a uno de los centrales; y por último, Marvin, tapado por el lateral izquierdo e iniciando desmarque. Observará el lector que no hemos hablado de Miguel Baeza, que por la otra zona del campo, partía a la altura o por detrás del jugador asturiano. Todos los algoritmos de los microprocesadores apostaban por una combinación de apoyo en corto y desmarque, probablemente hacia Marc Gual, pero el de Fidalgo resolvió que era menester poner una pausa mágica en esa zona del campo donde a los ordenadores del resto de los jugadores se les hace de noche  y les arde la pelota en los pies. En ese momento, su macrocomputador intuyó el desfiladero que el movimiento de Marc Gual había generado entre el central y el lateral izquierdo al haber arrastrado a uno de sus compañeros. Sin su pausa, la carrera de Baeza, que llegaba con más alma de explorador que el Doctor Livingston a ser el primero en pisar el nuevo e incógnito territorio, habría sido estéril. Sin su técnica, el servicio no habría llegado al sitio preciso con la velocidad adecuada. Pero Fidalgo reunió todas esas cualidades y con lo mejor de sí mismo,  que es mucho, hizo un pase fantástico merecedor de esta parrafada de homenaje, que recogió la zurda de Baeza de primeras, para mandar la pelota a la red en un golazo que fue un verdadero prodigio del fútbol. 0-2.

Apenas pudo sobreponerse al golpe el Rayo y el partido continuó con más aspecto de 0-3 que de recorte de distancias. Sin embargo, en el 41’, llegó el clásico error imperdonable del Castilla, el típico regalo que siempre cuesta un gol en contra: Fran se confía demasiado y pierde una pelota peligrosísima ante la presión alta del riva. El balón sirve para que Moyita, el mejor de los locales, ponga desde la derecha de su ataque un inmejorable balón al goleador Rubén Mesa, que solo ante Altube y en el área pequeña, envía incomprensiblemente la pelota por encima del larguero. Créanme cuando les digo que era mucho más difícil eso que meterla.

El descanso sirvió para que el cuerpo técnico del Rayo recompusiera la estrategia y la moral de los suyos. No olvidemos que este es un equipo que militaba en Segunda la temporada pasada y que iba cuarto de nuestro grupo. Salieron los majariegos con todo y, a falta de mayor calidad técnica, confiaron la porfía al despliegue físico y a la presión adelantada. A todo ello se sumó el nerviosismo del Castilla cuando saca bajo presión la pelota desde la defensa y el excelente juego a balón parado que comenzaron a exhibir los de casa. Fruto de todo ello, lo que en el primer tiempo había sido disciplina táctica terminó en un desbarajuste en el que los locales  supieron sacar a sus rivales de las trincheras para llevarlos al cuerpo a cuerpo, donde los más jóvenes sucumbieron a la mayor experiencia con la bayoneta (figurativamente hablando, puesto que el partido fue limpio) de los veteranos. Una pena que el Castilla no supiera parar esta propuesta manteniendo más la pelota y demostrando más firmeza a la hora de defender, en especial en la medular.

En el 48’, un balón corto de Altube bajo presión estuvo a punto de acabar en gol, pero pudo ser despejado a saque de esquina. En un córner de manual, el Rayo sacó perfectamente al primer palo para peinar al segundo, donde la pelota no encontró rematador de milagro con Altube batido.

En el 49’, otro robo muy arriba del Rayo resultó en un disparo desde la frontal de Rubén Mesa, pero el ariete no tenía hoy su día y la pelota rebotó en su pie de apoyo.

En el 51’, en medio del sufrimiento del Castilla, Marc Gual recoge con un control perfecto un balón que bajaba con nieve despejado por nuestra defensa. El badalonés abrió para Fidalgo, que le devuelve con su clase habitual. Marc gana la línea de fondo y saca un pase precioso al punto de penalti al que casi llega Marvin para poner el 0-3. Fue un oasis en medio de la tormenta de arena de los de  Julián Calero, que no sirvió para frenar la determinación de los de casa.

Prácticamente en la siguiente jugada, el saque de Jagoba coge a tres jugadores del Rayo contra tres del Castilla. Imperdonables estas alegrías con 0-2. El control de Moyita es fantástico y en el festival de desorden del filial madridista, pilla a Fran y a Guillem con las bandas intercambiadas. Moyita hace lo que quiere de Fran y tras superarlo, pone una pelota buenísima para Tamayo que, tan sólo estorbado nada menos que por Fidalgo, se dé la vuelta y suelte un derechazo al palo. Y las gracias porque sólo la punta de la bota del capitán evitó que la pelota entrara. En el saque de esquina, perfectamente botado, el central Adrián Jiménez, libre de marca, remata desde el área pequeña un testarazo a puerta que logra desviar Altube gracias a sus reflejos y q que por fortuna, sale muy centrado.

La oleada de malos presagios hacía imprescindible una parada del partido, una pausa que sirviera para recomponer a los nuestros. El cambio es una de las herramientas más socorridas de un entrenador para hacerlo, más cuando su equipo da muestras de necesidad de oxígeno complementario. Sin embargo, Raúl cedió la iniciativa en la estrategia a su colega y no movió su banquillo siquiera para frenar el acoso por unos minutos.

Parecía que superados los veinte primeros minutos de segundo tiempo sin encajar gol, los nuestros tenían muchas papeletas para llevarse los tres puntos, pero el acierto en la dirección de partido de Julián Calero permitió al Rayo sostener, aunque con ocasiones más intermitentes, el empuje inicial. Una buena jugada en el área, en uno contra uno de Tamayo con Guillem pudo costar el gol, pero el local abusó de recorte cuando esperaba más agresividad del lateral madridista ante su amago inicial.

La primera reacción de Raúl llegó en el 66’, quitando a Marvin y metiendo a Martín Calderón. El cambio perseguía contener la autopista que Moyita y compañía tenían por la izquierda ofensiva visitante, donde Guillem y Marvin siempre parecían estar en inferioridad y perdiendo sus duelos. No obstante, Raúl recolocó el equipo de forma no muy ortodoxa y para más inri, Martín cuajó una actuación francamente gris. Ayoub se fue a tratar de embalsar el torrente de juego que entraba por nuestra derecha pero el Rayo seguía creando y, sofocada su izquierda, comenzó a explorar la derecha por donde halló otro filón. En el 68’, tras una jugada por el nuevo territorio, una buena cesión de Rubén Mesa a un compañero en el área es rematada a puerta un poco alta.

En el 71’, llegó la segunda jugada de ataque del Castilla en la segunda mitad. El Castilla rompe por una vez la presión adelantada local. Blanco, muy mal en la segunda mitad, realiza un gran cambio de juego a Baeza. El cordobés penetra hacia la línea de fondo, recorta, se va de su par y se perfila para el disparo, pero probablemente ya agotado por el esfuerzo su chut sale muy blando a las manos del meta local.

En el 73’, el Castilla pierde la pelota en una desastrosa salida muy cerca de su área. La jugada coge a todo el equipo a contrapié y muy desordenado. La penetración por la derecha y hacia la línea de fondo del Rayo culmina con un pase muy peligroso hacia el área pequeña. Guillem, nada menos que bajo el palo izquierdo de Altube, llega forzadísimo a despejar y envía mansamente la pelota al punto de penalti, desde donde Moyita fusila de empeine. 1-2.

En el 75’, en plena desgracia del Castilla, uno de sus mejores hombres hoy, Ayoub, tiene que dejar el campo por lesión. El cambio coge a Raúl con su equipo ganando a quince del final, es decir, de mano con treinta y una. Pero mete a De la Fuente, o sea, se da mus tirándose hasta de los reyes y, como ocurre frecuentemente cuando la excentricidad se impone en la decisiones, le entran las de perete.  Tenía calentando en la banda a Jordi, que podía haber jugado esos minutos perfectamente por la derecha, pero prefirió introducir un tercer central para desplazar a Javi Hernández a una zona del campo imposible de explicar, en la que ni fue medio centro, ni tercer central, ni nada de nada. El caos y la inferioridad física se vieron agravados por esta decisión táctica que ponía a caballeros medievales en combate contra armas de fuego. Todo ello sazonado con la a participación de Dela, cuya temporada está siendo verdaderamente aciaga.

 En el 81’, una gran combinación de Baeza y Fidalgo termina de nuevo en el cordobés, que sirve un gran balón con su izquierda hacia Marc Gual. Adrián Jiménez, atentísimo, con la concentración, disciplina y habilidad en los balones desde las bandas que echamos en falta en los nuestros atrás, llega a despejar y conjurar el peligro.

En el 85’, llegó el empate definitivo: un gran pase al segundo palo desde la derecha es rematado por sorpresa, libre de oposición y con un Dela, una vez más esta campaña, a verlas venir, por Charlie Dean que se había incorporado desde el centro de la defensa al ataque a la desesperada al más puro estilo de Sergio Ramos. Dela llega muy tarde a la acción y vuelve a demostrar falta de concentración y demasiado sufrimiento a la hora de despejar pases laterales en una acción en la que, a pesar de lo preciso del servicio, no hubo desborde hacia la línea de fondo sino un pase lateral. 2-2.

De ahí al final del partido no hubo sino más sufrimiento aunque sin ocasiones claras, con un Castilla que daba evidentes muestras de estar absolutamente extenuado.

Más allá de la decepción tras el brillante primer tiempo, hay que reconocerle al equipo su cuarto partido consecutivo puntuando. Hoy lo ha hecho en uno de los campos más difíciles de su grupo, exhibiendo un gran juego en la primera mitad. Una lástima que no haya sabido mantener la pelota durante la segunda, con un Blanco sin presencia y desaparecido, muy mal auxiliado por Martín Calderón cuando ha entrado a participar y demasiado estáticos ambos a la hora de auxiliar a sus compañeros en las bandas. Quizás no dan físicamente más de sí, pero aun si así fuera, de haber impuesto su personalidad en algunas fases de la segunda parte, manteniendo algo más la pelota, estamos convencidos de que habría llegado el tercer gol visitante, ya que el Rayo asumió muchísimos riesgos en la segunda parte.

Mal la dirección de partido de Raúl hoy. El cambio de Martín Calderón fue lógico, en especial si tenemos en cuenta que Marvin tenía tarjeta. Y es que el árbitro, “Next”, aunque no nos perjudicó manifiesta y descaradamente, se cebó con los nuestros a la hora de mostrar tarjetas. Y para quienes no sepan quién es Next, por favor lean la previa arbitral en el Diario de Mou de @cubelas13 ya que repite esta misma noche nada menos que en el Santiago Bernabéu.

Siguiendo con Raúl, el segundo cambio no hay quién lo comprenda y resultó muy perjudicial. Cierto es que el equipo tiene muchas bajas, pero lo desordenó y le envió un mensaje de conformismo y contención a su escuadra incomprensible, puesto que dirige un equipo que no sabe ponerlo en práctica. En su haber, la progresión del filial, cada vez más cerca de los puestos de ascenso, que ha de revalidarse sin falta en el Di Stefano frente al  San Sebastián de los Reyes el próximo domingo.


Imagenes: realmadrid.com