CRÓNICA | Disociaciones: Real Madrid 4 – 2 Granada

Una crónica de: @MiedoEscenico2

Tras el susto y el disgusto del pasado martes en la competición europea, volvía la Liga al Estadio Santiago Bernabéu. Sábado a las 4 de la tarde, un horario que suele atraer a más público que, pongamos, el domingo a las 9. Y, efectivamente, casi 70.000 aficionados se congregaron en el campo para ver a un recién ascendido como el Granada, que, no obstante, llegaba en la segunda plaza de la clasificación, gracias a un buen comienzo de Liga, habiendo ganado a equipos como el Barcelona y en plazas como Balaídos o Cornellá.

Zidane presentó una alineación formada por Areola bajo palos, y Carvajal como lateral izquierdo en una defensa completada por Varane y Ramos como centrales, y Álvaro Odriozola como lateral derecho. Un centro del campo robusto, con Casemiro, Kroos y Valverde y, en la parte de arriba, la tripleta que, a día de hoy, es lo más parecido a un tridente titular: Gareth Bale, Karim Benzema y Eden Hazard.

El partido comenzó a todo trapo. Tras el saque inicial, el Granada aprovechó una pérdida de Odriozola para hilar una jugada con un centro al área madridista, que Ramos despejó (y que el equipo granadino reclamó como penalti, sin éxito) y el Madrid sacó un ataque que llevó el balón a Gareth Bale en la posición de extremo derecho, cerca del vértice del área. El galés oteó el horizonte, dudó si darle el esférico al caddie Odriozola, que entraba como un tiro por la banda, y optó por transformar su pierna izquierda en un hierro-5, mandando el balón con el exterior a un punto concreto, cerca del segundo palo de la portería granadina. Benzema, que sabe de golf tanto como de fútbol, llegó al punto de recogida y usó su pierna izquierda como putter para embocar la pelota entre el portero y el poste, consiguiendo así el 1-0 en el minuto 2.

Que un tipo como Bale haya decidido no disociar el golf -su pasión- del fútbol -su trabajo-, como dijo en aquella rueda de prensa, es una delicia en momentos como ése. Nada más futbolero que impactar a un objeto esférico con la potencia, la colocación y el efecto exacto para que alcance con precisión un punto determinado del espacio y del tiempo. Y que el bueno de Karim Benzema entienda el golf galés como lo entiende, es otra delicia, a añadir a su conocimiento de la samba brasileña, la artillería portuguesa (cosa de un pasado glorioso), o la física cuántica en alemán.

El caso es que el gol tempranero animó al equipo blanco (a los jugadores también les animan los goles precoces), y el primer cuarto de hora fue un espectáculo digno de ver. El cuadro madridista dibujaba líneas al primer toque, se movía, se asociaba, jugaba fácil y rápido, y el público disfrutaba como hacía tiempo que no lo hacía. El Granada trataba de colgar balones y, mientras tanto, el Madrid sacudía una vez tras otra al conjunto rojiblanco, con llegadas al remate de Carvajal, Varane y Valverde, estos dos últimos de cabeza. Benzema intentaba enganchar una volea que se le iba arriba tras otra jugada coral del equipo, y aquello era una catarata de ocasiones, dejando puntualmente que el Granada se estirase para poder aprovechar los espacios que dejaba. En este contexto, el pajarito Valverde se convertía en un cóndor, desplegando sus alas para rebañar balones y jugar sencillo, pero con criterio casi constantemente, un nivel que mantuvo durante todo el partido, salvo algunas fases de desaparición (la continuidad es su aspecto a mejorar).

En el minuto 26, Dani Carvajal robaba un balón que llegaba a Benzema, éste conducía la contra y abría a la izquierda para Toni Kroos que, a su vez, devolvía al primer toque el balón al punto de penalti, donde entraba como un tren… el propio Carvajal. Es probable que no se esperara a sí mismo en ese lugar, con ese balón, después de haber trazado una diagonal a toda velocidad, con el portero delante y los defensas neutralizados por el genial pase del alemán. El caso es que remató como un lateral derecho que juega de lateral izquierdo y aparece en la posición de ariete, y el portero la sacó, como un portero, y con muchos apuros, a córner.

Lo de Carvajal en el lateral izquierdo en el partido de hoy ha sido una cosa sorprendente, aunque parece ser que ya jugó algún partido en el Castilla ahí. El caso es que ha estado más entonado que en toda la temporada, y es que es difícil, a veces, disociar a un jugador de una posición. Con él como lateral derecho –lesiones aparte- se han ganado cuatro Copas de Europa, y un partido como el de hoy puede tener consecuencias de futuro inesperadas. Desde que pueda asumir ese nuevo rol más veces, en caso de necesidad, hasta que Zidane haya revolucionado el fútbol futuro, y los laterales también empiecen a jugar a pierna cambiada. Que es de lo poquito que nos falta por ver ya.

El caso es que, pasada la primera media hora de toque, movimiento y llegadas, el Madrid empezó a acusar algo de cansancio y bajó un poco el ritmo. Kroos, omnipresente en la presión desde muy arriba, parecía tener molestias, y era reemplazado por Modric faltando diez minutos para el descanso. En esa fase del partido, el Granada comenzó a estirarse y tratar de llegar, mientras el Madrid pisaba el área rival de manera más discontinua. En una de ésas, Benzema puso un balón raso al otro palo para el remate de Bale, y éste cayó, forcejeando con un defensa rival, y pidiendo penalti, a lo que el colegiado hizo caso omiso.

Ya en el descuento del primer tiempo, Federico Valverde demostró una de sus principales cualidades: la perseverancia. Trató de avanzar con un balón suelto y hasta en tres ocasiones consiguió llevárselo, a base de rebotes y de no rendirse en ningún momento. Su último toque fue un pase para Hazard que entró en el área y batió con una vaselina rebosante de clase a Rui Silva, aguantando los empellones de los defensas granadinos y llevando el 2-0 al marcador.

El descanso permitió a ambos equipos recuperar algo de energía y salir a la segunda parte cada uno con su plan, para uno el ampliar la ventaja y, para el otro, remontar. El asunto es que hay diferentes caminos para recortar distancias y muchos jugadores del Granada decidieron utilizar el del aizkolari. Cada balón que recibía Hazard de espaldas era automáticamente asociado a un hachazo por detrás. Cada pelota dividida implicaba un golpe del jugador del Granada y uno del Real Madrid rodando por el suelo. Esto no hubiera sido un problema si el árbitro no hubiera mirado para otro lado constantemente, dejando libertad a un equipo para un comportamiento absolutamente sucio y, por el contrario, penalizando al otro con faltas, cuando menos, dudosas. El público empezó a hastiarse y cantó con ímpetu “Qué malo eres, árbitro, qué malo eres”… pero la sensación era más de un arbitraje sesgado y poco imparcial, que de incompetencia per se.

Estábamos en esas, cuando Valverde recuperó, de nuevo por insistencia, otro balón en la banda izquierda del ataque madridista y se lo sirvió a Hazard. El belga encaró, salió hacia la frontal del área, y vio a Modric esperando al otro lado. Le dio el balón raso y el pequeño croata, tras un toque para orientarla, envió la pelota, con un cañonazo seco, a la escuadra de Rui Silva. El Madrid ganaba 3-0 y estaba haciendo méritos para ganar el partido así de claramente o más. Bale era cazado en una penetración por banda derecha, mientras árbitro y linieres parecían llevar el cachirulo delante de los ojos.

De pronto, en una jugada de las muchas en que la defensa madridista jugaba con el portero Areola, éste se confió y tardó en mandar el balón a Ramos. Tanto tardó, que se adelantó Carlos Fernández al tocar el balón y, con ello, se llevó la patada del cancerbero francés. Un penalti tonto, justo y que, al ser transformado por Machís, hacía albergar esperanzas al Granada, y generaba cierto nerviosismo en el Madrid. A esas alturas de partido, Hazard estaba cada vez más lento (más pensando que jugando), y Zidane decidió que entrara Isco. Vamos a dejarlo ahí, solamente como concepto: un jugador da muestras de cansancio y lentitud, y el entrenador mete a Isco en su lugar.

El equipo blanco empezaba a sentirse incómodo, como cada vez que le meten un gol, y se empezaron a cometer fallos que implicaban despejes precipitados y pases erróneos, y sólo Valverde y Casemiro sobrevivían en el naufragio. En uno de esos errores, el conjunto granadino sacaba un córner, tocaba Germán en el primer palo, y Duarte remachaba a gol, poniendo el 3-2. Lo mismo que dijimos de Courtois en su día, lo decimos hoy de Areola: un balón por alto no puede circular con tanta facilidad por el área blanca con un portero de casi dos metros ahí. Al anterior portero se le sacudía por su poco dominio del espacio aéreo, pero estos dos tienen momentos en que parecen clones de Torrebruno (los más jovencitos podéis buscarlo en Wikipedia).

El caso es que el partido empezaba a peligrar para el Madrid, y Zidane decidió relevar a un Bale exhausto por un James renacido. Bale, aparte del peligro que llevó en jugadas aisladas, bajó constantemente a ayudar a Odriozola en defensa, desmintiendo ciertos mantras sobre su actitud que quedan en evidencia en la mayoría de los partidos. Otras dos ideas que conviene disociar, Bale y molicie. El caso es que entró James al césped, y su entrada no tuvo nada que ver con la anterior de Isco. El colombiano se movió, la pidió, trabajó, y se zafó en los diez minutos que tuvo, con lo que, desde ya, conviene disociar también esa pareja de jugadores, al menos en cuanto a su actitud. El constructo “Isco y James” ha sido algo coyuntural, y el señor Rodríguez está haciendo méritos para entrar con frecuencia al once titular. Ahí lo dejo.

En los minutos finales, el Madrid comenzó a robar y montar contraataques muy peligrosos, como el del minuto 85, en que Odriozola llegó al área y puso un balón al otro lado, donde Benzema remató en carrera y Rui Silva despejó a córner con bastantes apuros. Otra penetración posterior de Benzema, por la línea de fondo, fue despejada por la defensa y, cuando el partido fenecía, la enésima recuperación en defensa llegó a Isco, que lanzó a Odriozola por la derecha. El joven lateral vasco llegó casi hasta línea de fondo y puso el balón atrás, Isco se pasó de frenada y James, con la derecha, para acabar de rematar una jugada bizarra, cruzó raso a la red granadina, estableciendo el 4-2 final. Se va el Madrid al parón de selecciones como líder en solitario, invicto y con cada vez mejor aspecto en la competición liguera. Sólo falta que, a la vuelta de los partidos de los combinados nacionales, sea capaz de mantener esa imagen y la traslade a Europa. Queremos un Madrid que no aparezca disociado de la buena actitud, del buen juego y de la ambición de hoy.

 

RESULTADO FINAL: REAL MADRID, 4 – GRANADA, 2 

1-0: 2′ Karim Benzema (asistencia: Bale)

2-0: 45′ Eden Hazard (asistencia: Valverde)

3-0: 61’ Luka Modric (asistencia: Hazard)

3-1: 69′ Machís, de penalti.

3-2: 77′. Duarte.

4-2: 92’ James Rodríguez (asistencia: Odriozola)

 

REAL MADRID: Areola; Odriozola, Varane, Ramos, Carvajal; Casemiro, Kroos (Modric, min. 34), Valverde; Bale (James, min. 83), Benzema y Hazard (Isco, 69).

ÁRBITRO: Jaime Latre (Comité Aragonés). Tarjetas amarillas a Casemiro (m.43), Areola (m.68) y James (m. 93).


Imagenes: realmadrid.com
 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.