CRÓNICA | El aprendiz incesante: Atlético de Madrid 1 – 3 Real Madrid

Una crónica de: @MiedoEscenico2

En el programa “Campo de Estrellas” que protagonizaba Casemiro, uno de los entrenadores de equipos brasileños en que jugó, relataba de él que llegaba dos horas antes al partido de la categoría superior. A veces, le invitaban a jugar y él jugaba contra tipos dos años mayores que él, sin miedo alguno. Si no le dejaban jugar, observaba desde fuera el partido. Y también, después del suyo, se quedaba a ver otro. Observaba. Observaba y aprendía. Sin cesar.

Algo de aquello sigue estando presente en el medio centro brasileño, que fue uno de los mejores del partido contra el Atlético de Madrid. Especialmente, porque mantiene una capacidad que pocos jugadores tienen sobre un campo de fútbol: aprende sobre la marcha. Le robaron dos veces la cartera por detrás en la primera media hora, y eso generó situaciones de peligro en contra del Madrid. A partir de ahí, jugó fácil, rápido, sin complicarse la vida, cuando tenía el balón. Pero le generó un enorme problema al Atlético de Madrid cuando lo tenía el equipo rojiblanco. Con las bandas taponadas por el trabajo incesante de Carvajal y Lucas, y el brutal desgaste de Reguilón ayudado por Kroos, al Atlético sólo le quedaba intentarlo por el medio. Y ahí apareció Casemiro con sus tijeras de podar, recortando cada balón suelto, cada intento de juego atlético en esa zona. Es, sin duda, uno de los mejores centrocampistas, en términos tácticos, del mundo. Se ubica siempre en el lugar donde más probablemente pase el balón. Y, ahí, le echa el lazo, desplegando su descomunal potencia física.

Casemiro fue el vórtice alrededor del que Solari dispuso a su once de gala para enfrentar al Atlético en el partido de Liga en que el equipo blanco se estrenaba en el Wanda Metropolitano. Dio igual que muchos de ellos vinieran de un partido difícil en Barcelona el pasado miércoles. Prácticamente todos estuvieron a un nivel sobresaliente. Desde la defensa, con Carvajal, Varane, Ramos y Reguilón, que mantuvieron una línea regular, constante, de solidez y oficio. Los dos interiores, Kroos y especialmente Modric, que trabajaron mucho y se asomaron puntualmente al ataque. Y los delanteros, con Lucas en un constante estado de ebullición, Benzema agitando a la defensa atlética a un lado y a otro, adelante y atrás, y como destacado Vinicius Junior, por lo que hace y por el temor a lo que pueda hacer que genera en los rivales. Courtois no anduvo demasiado afortunado en el gol atlético, pero se redimió después desviando a una mano un peligroso remate de Giménez.

Los primeros diez minutos de partido fueron complicados para el Real Madrid. El Atlético presionaba muy arriba y ahogaba la salida de balón del equipo blanco, que tenía que defenderse a base de sacar el balón en largo, con menos precisión de la deseable. Pero pasados esos diez minutos, el Madrid se estiró, y Modric remató un balón de cabeza que salió algo desviado, pero ya avisó al Atlético de que, si el Madrid salía, haría daño. Cinco minutos después, Kroos botaba un córner, Ramos tocaba el balón de cabeza contra 4 defensores atléticos y lo dejaba botando en el área para que Casemiro, fantásticamente colocado, rematara de media chilena a las redes de Oblak.

El 0-1 tranquilizó al Madrid, que fue haciéndose con el control del partido muy lentamente, y obligó al Atlético a tomar más iniciativa para jugar el balón, no con mucho acierto. Vinicius, lanzado al contraataque, puso un balón impresionante con el exterior para que lo rematara Lucas, que entraba en carrera, pero el gallego lo mandó a las nubes. Poco después, una penetración del brasileño, tras una combinación con Benzema, estuvo a punto de convertirse en el segundo gol. Arias soñará con Vinicius esta noche, porque se convirtió en una pesadilla para él y para Giménez. Sin embargo, en el minuto 25, un balón disputado por Vinicius y Correa, con posible falta del rojiblanco, acabó con un pase en profundidad del argentino a Griezmann, que se plantó ante Courtois y le batió por bajo, llevando el empate al marcador. El VAR revisó la jugada, y no consideró ni falta de Correa, ni fuera de juego de Griezmann, en esta moda de las jugadas grises que permiten que cada cual interprete lo que quiera. El 1-1 tuvo un efecto reactivador en ambos equipos, que comenzaron a disputar el balón con más interés, aunque el Madrid iba ganando terreno por momentos. Benzema comenzaba a moverse entre líneas, Reguilón y Vinicius se asociaban en la izquierda, y se generaban situaciones que, si bien no llevaban un peligro evidente, sí que obligaban al Atlético a vivir más pendiente de su retaguardia que de atacar. Un pase de Lucas para Kroos fue rematado por éste desde la frontal con un efecto y colocación muy buenos, pero con poca potencia y Oblak lo detuvo. Y, en el minuto 42, Vinicius, una vez más, desbordó por su banda y se aproximó al área. Giménez le entró por detrás, tocándole primero con el pie y después trabándole con la rodilla, ya dentro del área. Estrada Fernández señaló penalti, que fue corroborado por el VAR, y Sergio Ramos estableció el 1-2 con un remate duro y seco, pegado al poste a la derecha de Oblak.

Con este resultado de 1-2 se llegó al descanso, y la salida en la segunda parte de ambos equipos hizo pensar que fuera el inverso. El Madrid salió a imponer su juego, a dominar el ritmo y crear oportunidades, mientras que el cuadro colchonero se limitaba a intentar jugar en largo, sin crear apenas peligro. En una de esas jugadas, el balón llegó a Morata, que superó por alto a Courtois, pero el gol quedó anulado por fuera de juego. Más pronto de lo acostumbrado, en el minuto 57, Solari decidió introducir un cambio, que sorprendió a propios y extraños: Gareth Bale entró al campo en sustitución de Vinicius. Y, de ahí al final, el Real Madrid confirmó lo que venía apuntando en partidos anteriores: presentó solidez atrás, dinamismo y control en el medio, y movimiento y peligro arriba. Pero se topó con un inconveniente: la “intensidad”.

En apenas 14 minutos, entre el 58 y el 72, el Atlético de Madrid vio 4 tarjetas amarillas, y alguna de ellas bien pudo ser roja. La impotencia del equipo rojiblanco para controlar el juego se tradujo en una violencia inusitada (nada de “intensidad”), porque era la única forma aparente de frenar el juego madridista. A pesar de la dureza empleada por los atléticos, el equipo blanco siguió buscando la portería de Oblak y, en el minuto 72, Benzema remataba flojo de cabeza un centro de Dani Carvajal, en lo que sería la antesala del tercer gol.

Reguilón jugó un balón en vertical que atravesó el campo de minas montado por el Atlético de Madrid y llegó a Benzema. Sonó música clásica, y Benzema se giró hacia su izquierda, desactivando a un central y enviando el cuero a Modric, que entraba por el centro como una locomotora, con Lucas y Bale lanzados por los flancos. El pequeño croata calculó en su procesador ángulos y distancias en plena carrera, y puso el balón con la fuerza y la precisión justas para que Bale, algo escorado, lo recibiera, ya dentro del área atlética. Con su habitual frialdad, el galés cruzó al palo contrario un zurdazo inapelable que Oblak tuvo la suerte de ver pasar de cerca, y el 1-3 subió al marcador. Y, acto seguido, el Expreso de Cardiff se expresó, valga la redundancia. En un idioma universal, dijo a los que le critican que pueden irse a pastar.

Era el minuto 73 y, de ahí al final, el equipo atlético bajó los brazos, más aún cuando Thomas vio la segunda tarjeta amarilla y tomó el camino del vestuario, mientras que el Madrid siguió generando ocasiones de peligro, aunque no ampliara la ventaja. Entraron Ceballos y Mariano para dar descanso a Kroos y Benzema, y el partido fue acabándose, con parte de la afición rojiblanca ya subida en el metro, camino de casa.

No sólo es la victoria 600 de un equipo fuera de casa en la Liga española, record que ostenta el Real Madrid. No es sólo que Bale, con el de hoy, haya alcanzado su gol 100 con el equipo blanco. No es sólo que, con esta victoria, el Madrid haya superado al Atlético en la clasificación y se haya acercado a la cabeza, poniéndose segundo. Es que Solari ha conseguido dotar al madridismo de orgullo y confianza en sus jugadores, con un juego quizá poco vistoso, pero compacto y sacrificado. Las primeras dificultades de este mes de febrero han sido superadas con una solidez destacable, y lo que viene por delante, el inicio de las eliminatorias de Champions League en Ámsterdam, invita a ser optimistas. Cada vez promete más este conjunto que danza alrededor de aquel pequeño brasileño que observaba y observaba, aprendiendo algo nuevo a cada momento, y que tiene como estilete a otro pequeño brasileño, juguetón y escurridizo. Sólo esperamos que esa buena sensación se siga convirtiendo en realidad a cada partido.


Imagenes: realmadrid.com

 

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