CRÓNICA | El Madrid se vuelve intermitente: Real Madrid 3 – 0 SD Eibar

Una crónica de: Manuel Pérez Abascal

Jornadas como la superada hoy noche existen muchas a lo largo de un campeonato. “Jornada puente”, “partido de trámite” lo definen los entendidos en la materia. Partidos en los que el teóricamente equipo fuerte, poderoso debe superar y sumar así de tres en tres. Jornada en donde el Madrid tenia muy poco que ganar y mucho que perder. Y el Madrid lo superó como antaño, con su famosa pegada como gran adalid. Curiosamente aquel día en el que menos tiró y más goleó. Ante tanta tempestad sufrida en el Bernabéu, bien valía un partido como el de hoy, de resultado cómodo, a pesar de las sombras dejadas por ese juego protocolario tan de otros años.

Y como en tantas otras batallas ligueras, Zidane optó como no podía ser de otra manera de las fundamentales rotaciones. Y hasta siete jugadores diferentes en una alineación novedosa respecto a la ofrecida en Getafe. Novedades fundamentales en cada línea del terreno de juego. Pero una por encima de todas ellas: Ceballos por Kroos, cuando uno duda de la valía del germano y el término “imprescindible” sólo tiene que verse el partido de anoche para ver el punto de intensidad que dota al equipo el alemán. Ceballos lo intentó, quiso sentirse protagonista pero se encontró des ubicado e incómodo, con Modric e Isco en versión irregular, era Casemiro en el que se encontraba sólo en todas las batallas; las defensivas y las creativas. Demasiado trabajo para el brasileño.

Los laterales, piezas fundamentales en el aspecto ofensivo, eran intrascendentes. Nacho que sustituía a Achraf carecía de profundidad y Theo que lo hacía por Marcelo, se asomaba pero fallaba a la hora del pase ( en su juventud tiene una enorme ventaja que debe aprovechar para mejorar este aspecto importantísimo en su juego. Debe combinar esa potencia descomunal que muestra con la templanza necesaria cuando se llega a la línea de fondo. Cuando controle eso, marcará una época).

Un Madrid que se dejaba dominar, como si no le importara que él Éibar llevara el peso del partido porque para entonces ya había encontrado el gol en dos ocasiones; la 1a en una jugada de fortuna y en la 2a, por una conexión llena de talento llevada por Isco y culminada por Asensio en un remate de dificultad máxima. Y así, sin gran cosa, el Madrid se marchaba al descanso con una ventaja que aliviaba todos los males que sometían a los de Zidane en el Bernabéu. Ya no había rastro de ansiedad… tan sólo la que se generaba a sí mismo Cristiano, desasistido y ausente.

Tras el intermedio, el Madrid apretó el acelerador y dotó al partido de una marcha más. Pero como viene siendo habitual, al equipo le cuesta horrores hacer un partido coral de inicio a fin. Lleva grabado a fuego lo de “economizar esfuerzos” y eso sumado a lo poco exigido por el equipo armero, hizo el resto. El partido estaba para lo que aportaran los hombres de refresco. Benzema y Marcelo a escena. El brasileño como interior, sin exigencias defensivas, un caramelo para sí mismo. Precisamente de la conexión de ellos dos, nació la mejor jugada del partido y a la postre, el 3er gol que cerraba el encuentro. Taconazo de Karim hacia el espacio y prolongación donde caía Theo que se apoya en Marcelo, balón a la frontal del área donde el francés y brasileño trazan una jugada magnífica digna de grandísimos futbolistas, de elegidos.

Con ese pase Karim engaña a todos excepto a Marcelo, que lo deja sólo con un pase interior para que este lo cruce dando sentido al fútbol de nivel, al fútbol de calidad como ya hiciera el miércoles ante el Tottenham en el pase a Kroos que supuso el penalti. Decisivo no por sus goles pero sí por sus asistencias, el Madrid es más con Karim en el campo. Quizás aquellos que se pregunten por la valía de Benzema deban visionar este gol, una verdadera Oda al fútbol. Todo lo que Karim es, lo muestra en esta jugada, un jugador diferente. Un delantero vanguardista.


De ahí al final, poca cosa salvo ser testigos y partícipes de la ansiedad mostrada por Cristiano, peleado con el gol en liga. No pasa nada, la seguridad que a todo madridista transmite el simple hecho de que esté ahí, conforta a pesar de que por ahora, la suerte del gol le sea esquiva. El gol es su don natural y volverá.

El Madrid en un día plomizo, gris e intermitente, sacó más con menos. Dominó su área con un Varane impecable, cimentó su victoria de atrás a delante y a la espera de días y rivales mejores pecó de conformismo sabiéndose mejor sumando los tres puntos. A la espera de tiempos de vino y rosas, venció como lo hacía no hace demasiado, con su magnífica e inigualable pegada.

 

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