Un año épico

Un articulo de: @Javiervive

Toca a su fin un año épico para el madridismo. Aquellos que sentimos este color inmaculado no podemos por menos que felicitarnos. Eso es algo incuestionable.

La llegada de Zidane al banquillo del club más importante del mundo fue controvertida. Un jugador imperial, pero un entrenador novato, sin experiencia alguna en primera división. Para colmo, la dirección del vestuario blanco no era precisamente el escenario ideal en el que iniciar esa andadura. Sin embargo Zinedine tomó el mando con mano suave, pero firme. No tardó en encandilar a jugadores, aficionados y prensa. Sus maneras elegantes, diplomáticas, sutiles, caballerosas y sencillas, serenaron y dulcificaron el ambiente, eternamente tenso, de nuestro club. A un ritmo pausado los resultados, que no el fútbol, fueron llegando. En la competición doméstica las distancias con un líder lejanísimo disminuían a ojos vista, gota a gota, punto a punto. En Champions se avanzaba también, con titubeos, sí, con apelaciones a épocas casi olvidadas o, tal vez, mitificadas por la selectiva memoria… pero se avanzaba.

Y hete aquí que se nos muestra el mes de mayo, esplendoroso, desnudando la belleza de un universo primaveral. Y nuestros ojos incrédulos observan cómo un equipo, hundido en su desdicha cuatro meses antes, aúlla como lobo hambriento en la mismísima nuca de su presa. El terror en los ojos de ésta aún se reflejaba cuando, en el último momento, era puesta a salvo por oscuras manos, con los colmillos del depredador ya perforándole la piel. El olor del lobo aún en sus ropas, la sangre a punto de brotarle, el miedo infinito asomado a su rostro… Así celebró la aterrorizada presa una liga de la que era adjudicataria desde su mismo nacimiento, 9 meses antes. Pero nos quedaba un objetivo, el más glorioso, el que hace languidecer cualquier otra cosa en este mundo.

Un 28 de Mayo en Milán. Aquel 28 de Mayo… El insondable sufrimiento, los dedos cruzados, las lágrimas ansiando su viaje, la respiración entrecortada, el miedo, la fé… la cita con la épica y, finalmente… el éxtasis. La Copa de Europa al fin sonreía al cielo milanés, feliz por su pronto encuentro con sus diez hermanas. Su hogar la esperaba. Campeones de Europa por undécima vez. Locura y llanto, la diosa Cibeles, felicidad sin límite, madridismo hecho jirones de sufrir y gozar. Aquel 28 de Mayo…

Y tras un verano desconcertante por la inacción de un club que no fue consciente de las carencias de una plantilla desequilibrada, logramos la Supercopa europea de forma angustiosa, épica, una vez más. El drama, el milagro, lo imposible… Segundo título del año.

Comienza una nueva temporada y, numéricamente, lo hace de forma esplendorosa, intachable, irreprochable. El equipo alcanza el liderato e incluso lo afianza poniendo tierra de por medio. No se atisba buen fútbol por ningún lado, no conseguimos encontrar solidez defensiva ni regularidad. Somos un equipo incierto, desbordable, frágil hasta lo inimaginable… pero los puntos van cayendo en el zurrón de manera cruel para el antimadridismo.

El Mundial de clubes se convierte en el tercer título del año. Por supuesto, la épica también nos esperaba en Japón. Una vez más, el sudor frío daba paso al ardor de la victoria. Sin un ápice de buen fútbol, pero con alma de ganador.

Zinedine Zidane. Ese principiante, ese novato que tomó las riendas cuando el año veía las primeras luces, nos ha regalado tres de los cuatro títulos que ha disputado. El aprendiz de entrenador ha batido el récord histórico de partidos consecutivos sin conocer la derrota. El hombre de la flor en el trasero ha perdido dos partidos en un año. ¡Dos derrotas en un año! ¿Hay algún madridista incapaz de agradecer algo como esto? ¿Existirán seguidores de nuestro equipo que no se sientan felices ante una hazaña semejante?. Sé que hay personas que tienden a pensar en una respuesta positiva y, con toda humildad, les diría que abandonen esa alucinación de inmediato. Todo el madridismo ha celebrado, celebra, y celebrará los títulos de nuestro club, desde el vello de la piel hasta el tuétano mismo de sus huesos. Todo el madridismo.

Ahora bien, en la tranquilidad del descanso, en la pausa tras los combates, a la espera de nuevas batallas, yo me pregunto, ¿Es suficiente? ¿Esto es todo?. Echo de menos el fútbol. Lo digo con sinceridad, sin pretender engañarme a mí mismo ni a quienes me honráis con vuestra lectura. Yo necesito algo más que victorias. Necesito llegar a mi destino disfrutando del viaje. Me gustaría que los títulos se vistieran de buen fútbol. La sensación, no solo de ganar, no sólo de campeonar, sino de epatar al mundo con un fútbol para la historia, sería algo inigualable. La experiencia de disfrutar de tu equipo sin sufrimientos extremos, sin milagros ni épicas constantes, os aseguro que nos encantaría a todos. Es ahí donde no hallaríamos controversias, ni confrontaciones. Donde el madridismo dejaría de enfrentarse a sí mismo. Como madridista he de decir que no suelo pasar hambre de títulos, seguro que me comprendéis. A mis 50 años estoy más que saciado. Permitidme, sin embargo, pedir a mi club, suplicarle, unas migajas de fútbol. Os confieso que de eso sí me siento hambriento.

Y no hay más. No le demos más vueltas. No nos enfrentemos unos a otros por algo tan nimio como esto. Estoy convencido de que el madridismo entero disfruta con las victorias, y celebra y enloquece con los títulos… Y estoy convencido también de que al madridismo entero le encantaría que el equipo jugara mejor al fútbol, tuviera un mayor control de los partidos, fuera más consistente y rocoso en defensa, y practicara un juego colectivo brillante, constante y armonioso. Todo eso no es fácil de alcanzar, claro que no, pero es la búsqueda de la perfección lo que lleva siempre a la evolución, mientras que la autocomplacencia suele conducir al estancamiento y, posteriormente, la frustración.

En cada discurso, nuestro presidente apela al inconformismo, a la exigencia, a la búsqueda de la excelencia. Y nosotros, los aficionados, los que tenemos que preservar los valores y la esencia del madridismo ¿nos vamos a convertir ahora en complacientes? ¿Nos vamos a traicionar a nosotros mismos? Yo creo que no… Yo espero que no. Porque cuando hagamos eso, nos convertiremos en un club más. Sólo uno más.

Los números son impertinentes, burlones, irrespetuosos y torturadores para todos los que nos odian. Los números nos ofrecen victorias y títulos. Pero cuando los números no van acompañados de buen juego, de solvencia, de solidez; cuando los números son el único sustento del que vivir, y la épica se convierte en compañera de viaje, el miedo a que ambos, épica y números, nos traicionen y dejen tirados en mitad del camino, se hace insoportable. Por tanto, sigamos disfrutando de los triunfos, claro que sí, pero no demos la espalda al principio fundamental del madridismo… la exigencia.

Quiero terminar esta breve reflexión, suplicando al madridismo que abandone esa actitud hostil que mantiene consigo mismo. Tengo la sensación de que nos vemos aquejados por algún tipo de enfermedad, de la que no conseguimos liberarnos. El enemigo está al otro lado del muro. No deberíamos gastar energía alguna en descalificar, insultar, despreciar o humillar a otros de los nuestros. Mientras hacemos eso, el antimadridismo, siempre al acecho, disfruta del espectáculo desde su mugrienta atalaya.

Todos buscamos lo mismo, queremos lo mismo. Podremos discrepar en la manera en que a cada uno nos gustaría alcanzar esos objetivos. Pero eso es una nimiedad, discutible en todo caso, siempre que se haga con respeto. Vamos a unirnos en torno a un escudo, a una idea, a unos valores. No lo hagamos en torno a un jugador, un entrenador, un presidente, una adulación infantil o un momentáneo delirio. Al final todo es arrastrado por el tiempo y, en mayor o menor medida, formará parte de la centenaria historia de este club. Con los años, nuestras actuales tribulaciones nos parecerán ridículas e insignificantes. Ojalá abandonemos estas actitudes canijas, estos enfrentamientos ridículos que tanto daño nos hacen… y tanto complacen a nuestros rivales.

Somos los más grandes. La grandeza de una afición debe ir pareja a la grandeza de su club. Hagamos honor a ello.

Te deseo unas felices y BLANCAS Navidades, y que el próximo año te conceda todo lo que sueñas. No olvides que en primavera tenemos una cita… Nos vemos en Cibeles.

¡¡¡Hala Madrid!!!  ¡¡¡Siempre!!!

 

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