Luis Molowny, “El mangas”

Un articulo de: Marcos Jesús Barroso

molownyNo es la década de los 40 uno de los periplos más gloriosos de nuestro club. Una temporada en la que casi se baja a Segunda, carencia de jugadores creativos en la plantilla… Casi la totalidad del dinero que ingresaba el club se destinaba a la construcción de un proyecto faraónico que culminaría en la inauguración del templo madridista un 14 de diciembre de 1947. Estas obras supusieron un destierro que llevó durante una temporada y cinco partidos más a compartir el Metropolitano con el Atlético Aviación.

Y en esas andaba Don Santiago Bernabéu, que entre obras y números se fijó en un joven chicharrero de ascendencia irlandesa, jugador del Marino de Las Palmas. No de la Unión Deportiva Las Palmas como se lee por ahí, que fue fruto de la unión del propio Marino, Real Club Victoria, Club Deportivo Gran Canaria, Arenas Club y Atlético Club años más tarde.

Carecía el equipo de un diestro con desborde y talento y Luis Molowny reunía esas características, pero no sólo el Real Madrid se había fijado en el canario. En uno de los viajes de Bernabéu para ver al equipo en Barcelona, el tren hace una parada en la estación de Reus. Ahí, Don Santiago adquiere un ejemplar de la Vanguardia, hecho a la vista simple pero que cambiaría el futuro más inmediato y la historia de nuestro club. En el periódico se encuentra con la noticia de que el F.C. Barcelona ha enviado a un representante a Canarias en barco para fichar a Molowny. El viaje en barco, que se eternizaba en esa época, dio margen de reacción a Bernabéu.

Inmediatamente el presidente busca un teléfono para ponerse en contacto con el que fuera secretario técnico del equipo, y también leyenda del madridismo, Jacinto Quincoces. Le dice “Jacinto, coge un maletín, mete 100.000 pesetas en billetes nuevos, coge el primer avión que salga para Las Palmas y ficha a Luis Molowny”. Quincoces se queda a cuadros, y poco menos le dice que si estaba loco. “Tú fíchale y déjate de hostias que ya hablaremos” fue la respuesta.

En estas que llega Jacinto a Las Palmas y le da tiempo incluso a ver un partido de Molowny, en el que el canario juega un partido para olvidar. Quincoces telefonea a Madrid y le pregunta al presidente que si no se estarían precipitando. “Que le fiches y te dejes de hostias” vuelve a insistir Don Santiago. Cuando el enviado del F.C. Barcelona por fin llega a Las Palmas se encuentra en los periódicos con el fichaje de Molowny dos días antes por el equipo blanco. Ironías del destino, debuta en liga contra el Barcelona en el destierro del Metropolitano ganando 1-0. Creo que sobra decir quién fue el autor del gol.

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Como el que suscribe esto, Luis Molowny no estaba acostumbrado a la meteorología de la capital, por lo que en partidos de lluvia o frío se agarraba las mangas dándolas de sí, viniéndole de ahí el cariñoso sobrenombre con el que la parroquia madridista le bautizó.

Estamos ante uno de los iconos madridistas previos a Don Alfredo Di Stéfano, con el que le dio tiempo a conseguir la primera Copa de Europa, un canario universal que siempre estuvo ahí cuando el club le necesitó, tanto como jugador como entrenador, que sentía un profundo respeto y admiración por su principal valedor y máximo mandatario madridista. “Era un hombre de carácter. Pocas veces bajó al vestuario, pero cuando se enfadaba lo sabías al instante porque le salía un tic en la nariz. En una de esas le vi el tic y me metí debajo de un banco”.

Ya retirado y viviendo en Las Palmas, el Madrid fue a la isla a jugar un partido de Liga. Aprovechando la estancia, Molowny acompañó a Bernabéu y Miguel Muñoz a hacer turismo por la isla. Al día siguiente, Don Santiago envió un ramo de flores a su madre y Luis fue a darle las gracias al hotel, momento en el que el mandatario blanco le dijo que tenía que irse a Madrid con ellos, que contaba con el beneplácito de Muñoz y que no aceptaba un no por respuesta. Y es que decirle no al presidente era muy difícil.

Para la posteridad quedará la frase de Don Santiago cada vez que le preguntaban por el fichaje: ”Si aquel día no me bajo en Reus, la cagamos”.

 

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